Entre las extrañas costumbres que tiene el urbanita está la de reconvertir a las mascotas en seres “humanizados”. Cientos de clínicas veterinarias exhiben en sus escaparates todo tipo de complementos para nuestro can, incluso hay abrigos de plumas con funda rosa para las perritas más sexys del barrio, y de aquí a que fabriquen zapatos de tacón nos quedan diez minutos. Todo esto es parte de la gilipollez suma en la que podemos caer a poco que nos dejen vestir a nuestra mascota, (teniendo en cuenta que ella se “dejará” en función de la obediencia debida).
El urbanita en muchas ocasiones trata a sus perros como si fueran sus hijos, error de cálculo que lleva a espectáculos tan lamentables como ver caniches con calcetines y lacitos en el cuello. Consecuencia de este proceso de degradación de la condición animal ha sido una pasarela de moda canina en la que un perro se ha ahorcado con un abrigo. Atroz resultado de combinar nuestra mala cabeza con un mal entendido “amor” a los animales. En este caso tenemos dos responsabilidades, la primera sobre los organizadores de la pasarela y la segunda recae sobre los dueños de la marca de ropa canina.
Supongo que les haría gracia verles desfilar como top-models llevadas por una correa, todo presuntamente muy divertido y apto para todos los públicos. Tamaña estupidez lleva a estos desencuentros, y al soponcio de los que vieron agonizar a ese perro de orfanato.
Los perros venían cedidos por la protectora ALBA que deberá, en adelante, tener mayor cuidado con los animales que custodia y no prestarlos a sátiras acerca de la condición animal. De momento está por ver que los abrigos para perros sean necesarios y que les sirvan para algo más que para matarlos.
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