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Desde marzo, autoridad

Desde marzo, autoridad

jueves 26 de noviembre de 2009, 00:00h
Actualizado: 29/11/2009 18:35h
El Ejecutivo autonómico acaba de dar luz verde a la Ley de Autoridad del Profesor, una nueva norma que servirá de paraguas a más de 65.000 docentes de centros sostenidos con fondos públicos. Lo que incluye también, como marca la lógica, a los profesores de colegios concertados. Todos son maestros: todos deben tener reconocida esa condición de autoridad que, al menos sobre el papel, les eleva en la consideración de sus alumnos.

Las palabras, a veces, sólo son eso: se las lleva el viento o caen en saco roto. Pero es igualmente cierto que existe eso que los que entienden llaman "la magia de la letra impresa", esa misma que nos hace creer a pies juntillas lo que hemos visto en un libro o en un periódico, aunque sea una sandez. En este caso, aún con más motivo, ya que las palabras están sostenidas nada menos que por una ley regional. Ley que entrará en funcionamiento aproximadamente en el mes de marzo del año próximo, y que puede ser el revulsivo que necesita el sector educativo para recuperar el prestigio y el respeto social que tuvo en otros tiempos.

Incluso cuando se decía aquello de "pasar más hambre que un maestroescuela", el profesor era alguien a quien se llamaba de usted -tanto los chavales como sus padres-, alguien investido, de forma natural, de esa autoridad que ahora la ley les quiere devolver. El ser abiertos, amigables, "colegas" de sus alumnos puede ser un buen sistema, y no tiene que estar necesariamente reñido con que éstos les aprecien y valoren. De hecho, siempre he pensado que el respeto es algo que se gana uno, y no se puede imponer. Pero no está de más, dados los extremos a que se ha llegado en este punto, que la ley respalde a los profesores ante agresiones, abusos o presiones de aquellos que se atreven a discutirles sobre su idoneidad profesional, o cuestionar sus decisiones respecto a los vástagos. Los padres somos muchas veces los más ciegos ante los malos comportamientos de nuestros hijos. Y aunque nada evitará que haya profesores que hagan mal su trabajo, que se equivoquen, que abusen de su posición de fuerza o le "tomen manía" a algún chaval, por regla general esto no pasa de ser la excusa manida que algunos escolares utilizan para esconder sus propias faltas.
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