viernes 13 de noviembre de 2009, 00:00h
Actualizado: 20/11/2009 13:49h
La noticia saltaba a las pocas horas de iniciarse el juicio por agresión a su pareja del hombre que, presuntamente, pegó a Jesús Neira. Y reproduce el caso tan fielmente, que ha sido imposible no recordarlo. Sólo que en esta ocasión, el defensor ha sido acuchillado. Vivimos en una sociedad en la que lo normal es, si vemos a alguien en apuros, hacernos los locos. Insolidarios, egoistas o cada vez más deshumanizados, tendemos a mirar para otro lado ante cualquier situación que nos pueda suponer un problema o, simplemente, una molestia. Tendemos a desconfiar del que parece enfermo en la calle o en el Metro; lo mismo, pensamos, es un truco, o está drogado o borracho. Y así se han dado casos, y no uno ni dos, de personas que han tenido problemas graves, o incluso que han perdido la vida, ante la aparente indiferencia de quienes pasábamos a su lado sin mancharnos.
Pero mira por donde, siempre hay alguien capaz de sorprendernos. Y ese alguien ha sido un chaval de 25 años que vio una bronca en la calle, y a un chico que pegaba a una chica, y no lo dudó ni un momento: se acercó, impidió la agresión, y de propina por su buena acción se llevó una cuchillada. Muchos pensarán que habría sido mejor no meterse, que el joven héroe podía haberse buscado un problema grave -afortunadamente, la puñalada no lo ha sido-. Pero estoy segura de que su familia, sus amigos, sus vecinos, sus profesores del colegio... quienes le conocen tienen que sentirse muy orgullosos por su acción.
Yo, que no le conozco, le admiro y respeto; gestos como el de este muchacho son los que nos reconcilian con el género humano. Y más aún tras saber las dificultades que está poniendo para salir en los papeles; no quiere hacer declaraciones, hacerse famoso, ser protagonista de la historia. Seguro que sabe que esta es una vía para hacer dinero fácil; no sería el primero ni el último en utilizarla. Pero él ha demostrado, también ahí, dignidad: lo hizo en un arranque de hombre de bien, y no quiere ser parte de un circo. Pues eso, con doble motivo, bravo por él.