www.madridiario.es

OPINIÓN

Milei: un cambio de rumbo para evitar la debacle

Por Joaquín Galván Vallina
jueves 21 de diciembre de 2023, 12:03h
Actualizado: 26/12/2023 13:54h

Rompiendo los pronósticos que se elaboraron con los resultados de las elecciones de octubre, el pasado 19 de noviembre Javier Milei venció contundentemente en las elecciones a la presidencia de la República Argentina. Tras ser superado su contrincante peronista -Sergio Massa- con una ventaja de más de 10 puntos, la situación resulta novedosa, por haber llegado al poder un candidato con ideas manifiestamente liberales.

La derrota del peronismo supone el descalabro de un movimiento que ha sido el denominador común del hundimiento de la República Argentina durante casi ocho décadas. En efecto, Argentina comenzó el siglo XX como una de las economías más boyantes del mundo: en 1895 y 1896 Argentina tenía el PIB per cápita mayor del mundo (Maddison Historial Statistics); y aún en 1934, el historiador Edgar Sanderson afirmaba que “La República Argentina es una de las naciones más prósperas de América y parece estar llamada a rivalizar en su día con los Estados Unidos del Norte”. El germen de todo este crecimiento se encuentra en la Constitución de 1853, de corte claramente liberal. No obstante, durante la posguerra mundial, en Latinoamérica “… unos movimientos autoritarios y semifascistas pero populares entre las masas llevaron al poder a una nueva clase de hombre fuerte. El argentino Perón fue el más famoso…” (J.M. Roberts, 1976).

Así, Juan Domingo Perón, tras ser secretario de Trabajo y Previsión en la dictadura que luego se dio a llamar Revolución del 43, llegó a ganar las elecciones presidenciales en 1946. Implantó entonces un régimen dictatorial nacionalista con sustento sindical, destrucción de las instituciones liberales preexistentes, control de la Economía, industrialización dirigida, autarquía y represión de las fuerzas opositoras. Después de ser derrocado por un golpe militar en 1955, volvió a ganar las elecciones presidenciales en 1973, y falleció en 1974. Sin embargo, el movimiento peronista, con la denominación alternativa de “justicialismo” (por la importancia dada a la justicia social) después de fallecer Perón -y del golpe militar de 1976-, ganó desde 1989 y hasta 2019 seis elecciones presidenciales.

El resultado de este período es que Argentina, de estar entre los diez países con mayor PIB per cápita del mundo, se situó en 2022 en el número 62 del ranking mundial (según datos del FMI). El movimiento peronista se presenta como actor principal de esta monumental decadencia. Con esta situación, es normal que la ciudadanía argentina apoye un golpe de timón hacia la vuelta a sistema liberal.

Ha sorprendido la repercusión de la victoria electoral de Milei. Principalmente por la pretensión de la izquierda de encasillar a Milei en la extrema derecha. A ello contribuye el carácter excesivo del nuevo presidente, con una escenificación exagerada de sus intenciones -con exacerbaciones como la de la motosierra- que, por otro lado, puede considerarse como necesaria para expresar su determinación e intenciones inequívocas de cambio de rumbo hacia una liberalización de la economía. En Argentina resulta crucial escenificar unas convicciones firmes y, frente a tanto gatopardismo, enfatizar que no se va a “cambiar para seguir igual”. En todo caso, ni su programa ni sus primeras medidas se pueden considerar extremistas, habida cuenta de la debacle económica del país.

El liberalismo es un sistema contrapuesto al extremismo, y los planteamientos de Milei, que se presenta como economista liberal-libertario no son desproporcionados. Su concepto declarado de liberalismo -que repitió en su discurso de investidura- es el de Alberto Benegas Lynch: “El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión, en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad, cuyas instituciones fundamentales son la propiedad privada, los mercados libres de intervención estatal, la libre competencia, la división del trabajo y la cooperación social (creo que cualquiera suscribiría esto). Se puede recordar además que, para Max Weber, el capitalismo moderno se corresponde con la racionalización de la vida económica.

En su discurso de investidura, el flamante presidente comenzó repasando el deterioro que supuso el abandono histórico de las políticas liberales a cambio de las ideas empobrecedoras del colectivismo, y el desolador panorama posterior al kirchnerismo, que ha dejado importantes déficits interno y externo: “déficits gemelos por 17% del PBI. A su vez, de esos 17 puntos del PBI, 15 corresponden al déficit consolidado entre el Tesoro y el Banco Central. Por lo tanto, no existe solución viable en la que se evite atacar al déficit fiscal”.

Propone un plan de ajuste para la reconstrucción del país, reconociendo que la situación a corto plazo empeorará, pero sentará las bases de la reconstrucción de la nación. Este plan de ajuste considera que debe ser drástico y no gradual porque no tienen margen para financiarse en el ínterin: “No hay plata”.

Se plantea un recorte severo del gasto público: “… la solución implica, por un lado, un ajuste fiscal en el sector público nacional de 5 puntos del PBI que, a diferencia del pasado, caerá casi totalmente sobre el Estado y no sobre el sector privado”.

También se propone luchar contra la hiperinflación limpiando, en principio, la enorme bolsa de deuda remunerada del banco central. “De esta manera, se pondría fin a la emisión de dinero. Y con ello, a la única causa de la inflación empíricamente cierta y válida en términos teóricos.”

Asimismo, terminar con el cepo cambiario, que es la restricción a la compra de dólares por los argentinos. Este cepo cambiario se produce al imponer un cambio oficial de dólares mucho más barato que el de mercado, lo que lleva a la escasez de dólares en el mercado oficial -nadie quiere cambiarlos tan baratos-; las medidas, por tanto, estarían encaminadas a igualar el tipo oficial y el de mercado.

Milei pretende también acabar con la intervención de precios y luchar contra la pobreza: “La única forma de salir de la pobreza es con más libertad”.

Además, anuncia unas duras decisiones que se habrán de tomar en las próximas semanas. En este sentido, el recientemente nombrado ministro de Economía, Luis Caputo, anunció el día 12 de diciembre cuál va a ser el primer paquete de medidas.

- No renovar los contratos laborales del Estado que no tengan más de un año de vigencia (para evitar el amiguismo en los nombramientos durante los últimos meses del último mandato).

- Suspensión del gasto en publicidad del Gobierno durante un año.

- Reducción a la mitad de ministerios y secretarías. Reducción de un 34% de los cargos políticos totales del Estado.

- Recortar al máximo las transferencias del Estado central a las provincias.

- El Estado nacional no realizará obra pública nueva y cancelará las que no hayan comenzado. Serán realizadas por el sector privado.

- Eliminación de subsidios a la energía y el transporte público.

- Aumento de las subvenciones a quienes las necesitan: aumento del 100% de la asignación universal por hijo y del 50% de la tarjeta Alimentar.

- Devaluación del peso del 50% (de 400 a 800 pesos por dólar). Subir el impuesto PAÍS a las importaciones.

- Liberalización de las importaciones, que no requerirán autorización estatal.

- Mantener los planes sociales Potenciar Trabajo con arreglo al presupuesto de 2023.

El ministro recalcó que el “déficit fiscal” es la causa de los problemas financieros de Argentina “todos los años” del último siglo, al financiarse con una impresión ilimitada de dinero que ha provocado una inflación permanente.

Estas primeras medidas no se han quedado ahí, y el Gobierno ha continuado a un ritmo frenético con otras nuevas disposiciones en materia de recorte de gasto político, liberalización económica, reforma del Estado o contra la violencia sindical. En la misma línea, se han derogado 300 leyes y regulaciones de corte peronista.

De momento, la medida estrella de Milei, que es la dolarización de la Economía, parece que ha quedado aparcada hasta equilibrar el presupuesto público; cosa necesaria para que se pueda realizar de forma efectiva, en el caso de que siga adelante.

El Gobierno argentino, si quiere implantar el ajuste fiscal anunciado, es consciente de que debe tomar las medidas desde el principio y drásticamente, atenuando la reacción de los todopoderosos sindicatos y preparándose a sufrir a corto plazo un empeoramiento de la situación y una subida inicial de la inflación; en espera de crear unas bases sólidas de crecimiento.

Independientemente de lo pintoresco de la figura del presidente Milei, el cambio de rumbo de la economía argentina viene avalado por un éxito histórico de las políticas liberales -aunque nadie de los que puedan recordarlo siga vivo-, y un fracaso continuado de las políticas colectivistas de una clase política extractiva y cleptocrática que se había enquistado en el poder.

Las medidas aplicadas por el Gobierno Milei, en términos generales, son bastante homologables con las que se recomiendan, por ejemplo, en la Unión Europea (y que nuestro Gobierno se salta habitualmente) o el Fondo Monetario Internacional (cuyo personal técnico ha respaldado las medidas anunciadas por el nuevo ministro de Economía de Argentina).

El emprendedor argentino Juan Manuel Silva dice que “viene del futuro” porque ve la trayectoria actual de España como la de la Argentina de hace décadas. Sin embargo, los argentinos han desterrado el “esto no hay quien lo arregle” y han optado por tomar un nuevo rumbo.

No es de extrañar que, en nuestro país, la Comunidad de Madrid con políticas liberales se haya ido situando a la cabeza de España; y otras, con medidas colectivistas, se sitúen a la cola. La realidad es tozuda, aunque el recurso de negar la evidencia se impone cada vez más.

Joaquín Galván Vallina

Doctor en CC. Económicas y Empresariales

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
3 comentarios