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Miguel Ángel Blanco, desde luego, no olvido..., no sé si perdono

martes 14 de julio de 2020, 11:15h

Nunca un minutero fue tan agónico, pocas veces las manecillas de un reloj -que fue el de todos los españoles- fueron tan negras, turbias e inexorables. Jamás hubiéramos imaginado que los delirios de tres asesinos, de tres mal nacidos, se impusieran a los deseos de toda una nación.

Miguel Ángel, desde el día 10 de julio de 1997, te convertiste en el hijo que toda familia quería rescatar, en el hermano al que todos hubiéramos defendido y en el amigo, que cada uno de nosotros, hubiera querido buscar junto a la policía para anunciar la mejor noticia posible, tu localización con vida…, sin embargo, la más triste pesadilla recubierta de lenta guadaña cobro tu vida, en manos de tus secuestradores, de tus asesinos.

Qué macabra negociación, que triste desenlace, injusto y desolador… tanto que el clamor de todo un país modificó la silueta de nuestra península en una gigantesca mano blanca, una mano (la de todos nosotros) que gritaba con una lágrima en la cara: ¡BASTA YA!.

Junto a la escultura, que en Ermua recuerda a las víctimas del terrorismo, este pasado viernes, el Partido Popular te ha vuelto, una vez más, a recordar. En homenaje consecutivo, el alcalde de Ermua, lamentaba que aún persistieran quienes "reivindican" los actos violentos que cometió ETA, homenajeando como "héroes a quienes no lo son" y "pintan y ultrajan las tumbas" de las víctimas del terrorismo. Censurando, de igual modo, que todavía se mantuvieran quienes "califican de franquistas y antivascos" a los que defienden en Euskadi la "pluralidad y la diversidad".

Miguel Ángel, son las cuatro de la mañana, del domingo 12 de julio del 2020. Veintitrés años más tarde de tu vil asesinato, emprendo viaje desde Madrid a Ermua. Junto con unos cuantos ilustres compañeros del Partido Popular, nos trasladamos para estar al frente de los colegios electorales, en el municipio que asistió a tu peor pesadillaS.

Ermua nos recibe gris plomizo y con una lluvia demoledora que golpea el recuerdo de tu pérdida. Poco a poco abre el día y podemos descubrir tu monumento, no en la plaza central, no junto al epicentro de vida de la localidad, no en un lugar bien digno de su escultor; Agustín Ibarrola, sino en un apartado rincón donde tu recuerdo, en definitiva, forme parte del santo y seña de Ermua pero de forma, un tanto soslayada.

Tu escultura reza que es: “un símbolo de nuestra memoria”, “un símbolo de la falta de libertad” y a su vez “un símbolo de la esperanza”. “Un símbolo es un reflejo de algo que ha ocurrido. O de algo que sigue ocurriendo”. Miguel Ángel, sigues siendo premonitorio incluso en este triste obituario… por desgracia, cierta parte de la población de Ermua me constata que “sigue ocurriendo”. Tristemente, nuestro deambular por las calles de Ermua evidencian nuestras credenciales partidistas y un color, una leyenda en fondo azul que hace que se giren las cabezas de parte de algunos transeuentes. Los corrillos se agitan y los codos de éstos golpean los costados del otro para iniciar cuchicheos y gestos de desprecio. Rostros cariacontecidos. Risas nerviosas que siguen alarmando que la libertad aún lucha como el acero de tu monumento que produce su propio óxido para conservarse.

Nadie nos insulta pero resuenan mofas y es, más que evidente que, para ciertos grupos no somos bienvenidos. Tan sólo la aclamación, en toda el día del domingo, por parte de una señora mayor, nos muestra un rayo de luz, una esperanza de esas “figuras de pie pero amenazadas” de esos “pájaros vivos que vuelan libres” que reinan tu escultura.

Veintitrés años Miguel Ángel y otros veintitantos deseos dejo al aire para que en el futuro, de una vez, las figuras de pie no sean más amenazadas, para que los pájaros vuelen libres y para que los gestos de desprecio nunca más se lleguen a convertir en balas.

In memoriam.

Francisco Gallardo López

Concejal del Partido Popular de Rivas Vaciamadrid

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