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Madrid villa y corte

viernes 29 de noviembre de 2024, 08:58h

Ha hecho muchas cosas para ser tan joven, cuarenta años recién cumplidos. Juan Lobato, me refiero. Es muy joven, pero ya le ha dado tiempo a estudiar Derecho, Administración y Dirección de Empresas, obteniendo una plaza como Técnico de Hacienda.

Se estrenó en política como concejal de su pueblo, Soto del Real, el de la cárcel y con 30 años consiguió la alcaldía. El primer alcalde socialista desde que fuera fusilado Eugenio Candelas, durante la Guerra Civil. A las siguientes elecciones ya obtuvo la mayoría absoluta.

Al tiempo, se fue haciendo un hueco en la dirección regional del Partido Socialista de Madrid. Renunció a la alcaldía para ser diputado y pronto, en 2021, presentó su candidatura para liderar el partido, tras una experiencia anterior en la que perdió frente al aparato. Se alzó con un triunfo holgado, ocupó la Secretaría General y, poco después, la portavocía del Grupo Parlamentario Socialista en la Asamblea de Madrid.

Cuento todas estas cosas no porque sean desconocidas para cualquiera que quiera bucear un poco en la historia de este chico. Las cuento porque muchas de sus andanzas coinciden con lo vivido por otros tantos derrotados de la política madrileña.

Jóvenes sobradamente preparados, que entran en política por alguna locura momentánea que les hace concebir que pueden aportar algo en su entorno más cercano. Luego se ven embarcados en un camino que les puede llevar, en muchos casos, al adocenamiento de las ideas, a unos pocos, muy pocos, a la poltrona ministerial y a algunos a los márgenes de la política, a la dura, pero gratificante, vida real.

Jóvenes que, en otros lugares, pueden topar con el inmovilismo lapidario de cualquier institución pero que, en el caso de Madrid, deben bregar con unas estructuras centrales de las organizaciones españolas asentadas en la capital, aparatos que utilizar a las organizaciones madrileñas como mozos de cuerda, mayordomos y criadas.

Madrid sigue siendo, a su manera, la modernizada corte de los golillas, los jefes de gabinete y subsecretarios, que controlan los aparatos, junto a los militones, aristócratas de la política partidaria de las organizaciones. Por olvidar, o desconocer, esta realidad muchos buenos y jóvenes políticos han terminado decorados a la manera de Lobato.

Se trata, si quieres sobrevivir en Madrid, de abstenerse de cualquier objeción a las decisiones de la cúpula directiva, cuidarse de no meter la pata y esperar a que llegue tu momento. Da igual que te encuentres en un partido de derechas, o de izquierdas, en un sindicato, en una organización empresarial, en la Junta Directiva de un Club de Fútbol, o en el consejo de administración de cualquiera de esas grandes empresas que tienen sede en Madrid.

Leguina lo fue todo, pero a partir de su caída frente a Gallardón, con 54 años, comenzó a ser incómodo frente al aparato.

-Patriota es quien tiene derechos,

me explicó Leguina un buen día. Si no tienes derechos no eres ciudadano, eres extranjero, procedente de más allá del límex, la frontera de la barbarie.

Gallardón, por su parte, siempre pasó por ser la esperanza blanca de la derecha, una derecha democrática y respetuosa de las formas,

-Javier, las formas son muy importantes en política,

me recordó un buen día, en mis comienzos al frente de las CCOO de Madrid. Gallardón lo fue todo hasta que un ángel exterminador enviado por Rajoy le tentó con el ministerio de Justicia y le clavó el embolado de la contrarreforma del aborto, le dejó sólo en los pantanosos territorios del Consejo General del Poder Judicial, los inexplicables indultos y el entuerto de la ley del matrimonio homosexual.

Tomas Gómez, el alcalde más votado de España, pasó de Parla a la dirección del PSM, a la dirección parlamentaria del combate contra el aguirrismo y de allí a ser fulminado por el sanchismo triunfante.

Yo mismo pude sentir, en aquellos días y no pocas veces, la presión del aparato del que formaba parte. Como cuando concedí libertad a nuestros afiliados para participar, junto a UGT, en el paro general de 2003 contra la invasión de Irak, en contra de la decisión de mi confederación.

La Corte madrileña engulló a Leguina, a Gallardón, a Tomás Gómez, como ahora se recrea en el espectáculo de destruir, descuartizar y sembrar los campos capitalinos, con los restos de Juan Lobato. Tarde o temprano los aparatos siempre ganan, aunque les lleve su tiempo. Madrid se deleita en la caída de sus dirigentes, en los autos de fe, en las hogueras encendidas en la Plaza Mayor.

No entiendo la trayectoria posterior de Leguina, ni sus excelentes relaciones con la derechona que gobernó y gobierna aún Madrid. Creo que Madrid perdió un gran político con la marcha de Gallardón. Probablemente el último de los grandes políticos traídos por la Transición. Tomas Gómez vive alejado de la política mundana.

Tal vez Lobato no sea un político conocido, al menos hasta ahora. Su estilo no tiene la estridencia, los malos modos, la chulería de los políticos (y las políticas) de moda. Tiene pinta de ser un hombre que cuida las forma, educado, proclive al acuerdo. Algo imposible en esta España y aún más en el Madrid heredero directo del Tamayazo.

La derechona obtiene sus votos del egoísmo profundo. No necesita argumentos. La izquierda debe convencer, equilibrar lo personal con lo social. Probablemente Lobato no fuera el mejor candidato de futuro. Pero ya nadie podrá saberlo, ahora que la peor izquierda cainita ha decidido pasar a cuchillo, una vez más, a uno de los suyos. Algunas voces crecientes deberían hacer valer otras maneras y otras formas en política.

Javier López

Patrono de las Fundaciones Abogados de Atocha y de la Sindical Ateneo 1º de Mayo

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