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Migrantes llegados a Canarias
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Migrantes llegados a Canarias (Foto: Europa Press)

Madrid, tierra de acogida: así viven los migrantes africanos que llegan a la región

Por Fernando Rodríguez
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frodriguezmadridiarioes/10/10/22
jueves 28 de diciembre de 2023, 07:36h
Actualizado: 02/01/2024 12:03h

El pasado lunes, mientras millones de españoles se reunían con sus seres queridos para celebrar todos juntos la Navidad, cerca de 300 migrantes desembarcaban en distintos puntos de la costa canaria, como Arguineguín o El Hierro, en busca de un futuro mejor para sí y sus familias. Es solo una de las tantas oledas que, de manera periódica, se suceden desde años atrás fruto de la proximidad insular al continente africano, lo que permite paliar, al menos en parte, la peligrosidad de una travesía tantas veces mortal, consagrando así al archipiélago como destino preferente para la llegada masiva de cayucos, pateras y otras embarcaciones similares.

Sin los medios humanos y materiales necesarios para dar cobijo a todos los migrantes en las mismas Islas Canarias, el Gobierno de España opta por hacer frente a estos episodios de crisis migratoria a gran escala repartiendo a los recién llegados por todo el país. Tal modelo permite reducir la presión asistencial derivada de estas oleadas y ofrece asimismo a las oenegés la posibilidad de brindar un mejor servicio. Así, diversas ciudades de nuestra geografía, como Madrid, Alcalá de Henares, Pozuelo de Alarcón o Humanes, terminan por convertirse en tierra de acogida para estas personas. Un nuevo hogar y, sobre todo, una nueva oportunidad para empezar de cero y mejorar sus condiciones de vida.

Desde finales del mes de noviembre, punto álgido de la última crisis migratoria en Canarias, en torno a 2.500 migrantes, en su mayoría hombres jóvenes -”los únicos que puedes superar un viaje tan duro”- procedentes de países al sur del Sáhara como Senegal, Gambia, Mali o Mauritania, han pasado por nuestra región. Los centros de acogida, emergencia y derivación ubicados en el cuartel Primo de Rivera, en Alcalá de Henares, y en el acuartelamiento General Arteaga, en el distrito madrileño de Carabanchel, se han convertido desde entonces en su residencia temporal. Allí comen, duermen y reciben manutención y cuidados, además de disfrutar de atención sanitaria y la posibilidad de realizar todo tipo de actividades deportivas y de ocio.

Acuertelamiento Primo de Rivera en Alcalá de Henares

En los campamentos también se desarrollan talleres encaminados a una integración satisfactoria, tales como charlas sobre la ubicación geográfica en la que se encuentran, su estatus jurídico en el país, cómo solicitar asilo, aspectos relacionados con la protección internacional o los derechos con los que cuentan las personas migrantes. Otro de los aspectos fundamentales es el aprendizaje del idioma, motivo que lleva a estos espacios a brindar clases básicas para que los internos adquieran, al menos, algunas nociones de español.

Los centros disponen además de instalaciones deportivas y el régimen de entrada y salida es abierto, respetando en todo momento unas “sencillas normas de convivencia” que permitan mantener el orden y los horarios articulados por la organización, por ejemplo, para las comidas. Todo ello, explican los responsables de Accem y Cruz Roja, entidades encargadas de la gestión del día a día en las instalaciones, persigue un mismo fin: “mejorar su calidad de vida y favorecer su integración social”.

"Se trata de mejorar su vida y favorecer su integración social"

Ambos campamentos, de titularidad pública y dependientes del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, cuentan con cerca de 1.300 plazas cada uno, aunque la media de residentes rara vez supera los 700 al mismo tiempo. Esto viene motivado por el límite legal de permanencia en las instalaciones, de un mes, aunque suele prorrogarse hasta un máximo de tres meses en aquellos casos considerados de “especial vulnerabilidad”. Un margen prudente a la espera de que los migrantes logren por fin contactar con sus “redes de apoyo”, por lo general familiares, amigos o conocidos que ya residan en Madrid. También es habitual que sean los propios internos quienes decidan partir, retomando de esta forma su viaje hacia otros puntos de España o de Europa. “Por lo general, llegan, se asientan, se recuperan un poquito del cansancio que puedan traer consigo, establecen contacto con sus redes de apoyo y se marchan de manera voluntaria. La estancia aquí es solo un paso más dentro de su proceso migratorio”, señala el responsable de Accem en la región, Arturo Sánchez.

Para llevar a buen puerto la acogida, ambas entidades cuentan con amplios equipos profesionales y de carácter multidisciplinar -114 en el caso de Alcalá de Henares y 125 en el de Carabanchel-, con personal sanitario, psicólogos, profesores, mediadores y dinamizadores socioculturales o abogados, además del refuerzo en tareas de logística y acompañamiento que brindan los más de 200 voluntarios que colaboran con Cruz Roja en la capital.

Manifestación en favor de los derechos humanos en Callao (Foto: Chema Barrroso)

Pese a lo complejo de acoger a un volumen de personas tan elevado, sin conocimiento de la lengua y procedentes de una cultura tan diferente, lo que se suma a la “alarma social y mediática” generada, los titulares de Accem y Cruz Roja ponen el foco en la gran acogida que han recibido por parte de la vecindad. En el caso concreto de cuartel del General de Arteaga, los profesionales mantienen incluso contacto con la Asociación Vecinal de Carabanchel Alto, con la que ya se han reunido en varias ocasiones para explicar la labor que realizan en el centro. “Nos han recibido maravillosamente bien y la convivencia es muy buena. Hasta la fecha no se ha registrado ningún tipo de incidente”, argumenta el director de Inclusión Social y Empleo de Cruz Roja en la Comunidad, David de Miguel.

"La convivencia es muy buena"

Las tensiones existentes entre los diferentes niveles de la administración -Gobierno central, regional y municipal- en relación al volumen de migrantes que están siendo derivados, con acusaciones cruzadas en torno a la falta de comunicación, la desorganización y la ausencia de transparencia, garantizan desde las propias oenegés, son cuestiones que tampoco se trasladan a la realidad cotidiana que se vive en los centros: “Son cosas en las que nosotros no entramos. Estamos allá donde se nos reclama, donde tenemos presencia y, por supuesto, nos coordinamos con las autoridades. Los problemas que puedan surgir entre administraciones no son de nuestra competencia”.

Incluso la presidenta autonómica, Isabel Díaz Ayuso, se ha servido de la última comparecencia del curso para manifestar su preocupación y exigir al Ejecutivo central más información: “No tenemos ninguna información más allá del trabajo que realiza la prensa. Van llegando noticias sobre la llegada inmigrantes y, por supuesto, nos sentaremos a hablar con el Gobierno porque son personas. Tratamos de dotarles con los mejores recursos posibles, pero no sabemos cuántos llegrán ni cuánto durará esta situación. Queremos que nos digan a cuantas personas están abandonando a su suerte en todo el territorio nacional. Traerlos es fácil, pero luego hay que trabajar”.

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