Ataviado con un chaleco azul con la inscripción "prestación ambiantal sustitutoria", protección en las zapatillas, gorra, mascarilla y guantes, un joven empuña el rodillo frente a un muro del parque de la Bombilla, en el distrito de Moncloa-Aravaca. Junto a él, otras cinco personas (entre ellos un menor) cubren a brochazos las pintadas que ocupan la pared. Todos tienen algo en común, han sido sancionados por hacer grafitis y ahora cumplen su multa reparando el daño.
La escena forma parte del plan de acción antigrafiti impulsado por el Ayuntamiento de Madrid, cuyos primeros resultados reflejan una caída del 26 por ciento tanto en la superficie pintada como en el importe medio de las sanciones durante 2025. El programa, en virgor desde finales de 2024, permite sustituir las multas económicas por trabajos de limpieza, una medida con la que, según el propio Consistorio, no solo se borra la huella de las pintadas, sino que también se busca concienciar a quienes las realizan.
Durante una visita a estos trabajos, el delegado de Movilidad, Medio Ambiente y Urbanismo, Borja Carabante, ha querido destacar el carácter pedagógico de la iniciativa. "Lo importante no es solo limpiar estos espacios, sino la concienciación", ha explicado. Según Carabante, son los propios sancionados los que en muchas ocasiones "se convierten en verdaderos apóstoles de la limpieza" tras comprobar el esfuerzo que supone eliminar estas pintadas y el coste que implica para las arcas públicas, que asciende a unos 12 millones de euros anuales.
En el último año, 70 personas han optado por esta vía, conmutando sanciones por valor de 143.850 euros a cambio de 2.724 horas de trabajo, en las que han limpiado cerca de 6.000 metros cuadrados de pintadas, "una superficie equivalente a una de las fachadas de la Torre Picasso". En paralelo, el número de expedientes sancionadores también ha descendido un 8,3 por ciento.
Sin embargo, no todos son ventajas desde el punto de vista de los sancionados. Uno de los jóvenes que participa en la limpieza plantea una de las principales críticas al sistema entre los grafiteros: la imposibilidad de agrupar sanciones. "Sería lo suyo, porque si no solo te dan la opción de sustituir una multa con este trabajo. Si te llegan varias, tienes que pagar el resto", explicaba uno de los grafiteros a Carabante. En su caso, acumulaba sanciones por 1.600 euros.
Los grafiteros piden que las sanciones sean conjuntas
La queja apunta a que la multas derivadas de investigaciones (que analizan firmas y estilos entre los distintos grafiteros) llegan de forma escalonada, ya que esta prestación ambiantal sustituroria tan sólo se puede solicitar en una ocasión. Los infractores proponen que las sanciones se notifiquen una vez concluida toda la investigación, para poder elegir entre pagar o realizar el trabajo de una sola vez.
No obstante, desde el Ayuntamiento no consideran viable esta opción. Tal y como señala Borja Carabante, retrasar las sanciones podrían tener un efecto contrario al buscado y permitir que los grafiteros continúen pintando durante más tiempo sin asumir consecuncias inmediastas, debilitando así el efecto disuasorio del sistema. A parte de que si los infractores siguen cometiendo estos actos vandalicos nunca se podría cerrar la investigación.
Otra de las claves del programa para la reducción de estas pintadas es la organización de estos trabajos de limpieza. Carmen, coordinadora del servicio, asegura que intentan adaptarse a las circunstancias personales de cada participante, a pesar de ser "un encaje de bolillos" para la administración. Se ajustan a horarios, adaptandosé así a estudios o empleo de los infractores para evitar "posibles prejuicios".
Las jornadas pueden ser de hasta ocho horas, con u n máximo de 80 horas en total (lo que equivale a unos 3.000 euros de multa) y deben compltarse en un plazo máximo de dos meses. Sin embargo, esa flexibilidad no siempre evita conflictos. Uno de los grafiteros reconoce que, en su caso, sí ha tenido consecuencias: "He perdido tiempo de trabajo y estudio. Me han quitado dinero del trabajo, que lo necesito, y de clases".
Un impacto disuasorio
Pese a ello, tanto él como otros participantes coinciden en que la experiencia tiene un impacto directo en su percepción. "Te quita las ganas de volver a grafitear", admite otro joven sancionado con 2.500 euros, que ha preferido realizar 40 horas de trabajo antes de afrontar el pago.
En esa combinación entre trabajo, reparación del daño y concienciación reside el éxito del plan. En 2025, las patrullas antigrafiti realizaron más de 52.000 intervenciones (unas 180 al día) y limpiaron más de 363.000 metros cuadrados, mientras la presencia de pintadas y la gravedad de las infracciones continúan a la baja.
En cuando al régimen sancionador, el Ayuntamiento sostiene que las multas por grafiti oscilan entre los 300 y 6.000 euros en función del tamaño de la pintada y de la reincidencia del infractor, endurecidas tras la modificación de la ordenanza en el 2022. Así, una firma pequeña puede suponer unos 300 euros, mientras que intervenciones de mayor superficie o conductas reiteradas elevan considerablemente su cuantía.
Sin embargo, algunos de los infractores cuestionan este criterio y aseguran que, en la práctica, no siempre se ajusta a estos parámetros. Uno de los sancionados afirma que "depende de lo que quieran ellos", restando peso al tamaño del grafiti como factor determinante y señalando cierta discrecionalidad en la impsición de las multas.
¿Cuál es el perfil de los grafiteros?
Respecto al perfil de quienes se acogen a este plan, los datos del Ayuntamiento reflejan que se trata de forma mayoritaria de jóvenes, el 67 por ciento tiene entre 18 y 29 años, mientras que el 16 por ciento son menores de edad.
De los 70 sancionados, 56 eran hombre y 14 mujeres. Asimismo, el Consistorio también ha analizado el perfil de estos infractores por el nivel de estudios, el cual, es bastante heterogéneo, con un 26 por ciento con estudios universitarios y un 10 con posgrado, frente a otros con formación media o en curso, como estudiantes de la ESO (19 por ciento), formación profesional o bachillerato.
Con menos grafitis, sanciones más leves y una creciente implicación de quienes antes ensuciaban las paredes, el Consistorio considera que este plan avanza "en el buen camino". Mientras tanto, en el parque de la Bombilla (y otras zonas de Madrid), los rodillo siguen cubriendo firmas con pintura gris, en un gesto que mezcla sanción, aprendizaje y, para algunos, cambio de perspectiva.