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Dehesa de Navalvillar en Colmenar Viejo
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Dehesa de Navalvillar en Colmenar Viejo (Foto: Dehesa de Navalvillar Colmenar Vie)

Caminar entre películas: las rutas de Alfredo Merino por el Hollywood madrileño

Por Susana Pérez
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sperezmadridiarioes/6/6/18
domingo 13 de julio de 2025, 09:00h
Actualizado: 20/07/2025 09:10h

¿Y si la próxima vez que salga a caminar por la sierra madrileña se topara, sin darse cuenta, con los ecos de Clint Eastwood, Ava Gardner o Sofía Loren? ¿Y si en su paseo por los senderos de Colmenar Viejo sintiera que acaba de cruzarse con los pasos de Frank Sinatra o que se encuentra justo donde cayó el Imperio Romano? Eso es exactamente lo que propone el periodista y guía de montaña Alfredo Merino en su nuevo libro Rutas de cine, una publicación que mezcla pasión, conocimiento y un sentido profundo del paisaje como testigo silencioso del arte cinematográfico.

Rutas de cine no es solo una guía de senderismo. Es, en palabras de su autor, “una historia desde el punto de vista del cine y su influencia en la historia de España de los últimos 100 años”. Desde la primera gran producción rodada al aire libre en 1924 —la francesa Le vert galant, ambientada en la vida de Enrique II de Francia y rodada en los jardines del Escorial y sus alrededores— hasta series contemporáneas como Cuéntame, La Fortuna o El secreto de Puente Viejo, Merino traza un mapa que es tanto cultural como natural. “En 1924 se produce la primera gran producción internacional en Madrid, una película francesa sobre Enrique II”, recuerda Merino. “La rodaron en El Escorial, en los jardines, el bosque de La Herrería… El paisaje suplía perfectamente a Versalles”.

La Sierra de Guadarrama, dice el autor, “es un plató infinito”. Desde la Dehesa de Navalvillar de Colmenar Viejo, donde se rodaron muchos de los míticos espagueti westerns, hasta Las Matas, donde el productor Samuel Bronston levantó el plató más grande del mundo para recrear desde Pekín hasta el Imperio Romano. Cada ruta es una puerta abierta a la memoria del cine.

Pocos saben que el norte de Madrid fue, durante décadas, la sucursal europea del cine internacional. Entre encinas, riscos y caminos polvorientos se rodaron películas como La caída del Imperio romano, 55 días en Pekín o Por un puñado de dólares.

Escenarios para caminar

Camino Pesquerías, en Valsaín (Foto: Alfredo Merino)

Con una estructura accesible y pensada para todo tipo de excursionistas, el libro propone 15 rutas cortas y sencillas, muchas cercanas a carreteras por exigencias del rodaje original. “El atrezo era pesado, y los actores, muy mimados. No se podía filmar en lugares de difícil acceso”, explica Merino, que ha buscado un equilibrio geográfico para representar toda la región. “De este a oeste y de norte a sur”, añade, “cada ruta es una postal del cine universal enmarcada en nuestros paisajes”.

“Estas películas permitieron a muchos ver lo que había más allá de las fronteras. Nos enseñaron otra manera de vivir”

Cada excursión viene acompañada de mapas, puntos de interés, contexto histórico del rodaje y anécdotas curiosas. Entre ellas destaca el caso de Orgullo y pasión, rodada en 1956 con Sophia Loren y Frank Sinatra, que empleó a más de 16.000 extras en la sierra madrileña. O Espartaco, en 1959, que movilizó a más de 14.000 personas en Colmenar y Manzanares el Real.

Merino no es un autor ocasional. Periodista especializado en naturaleza y montaña, lleva décadas de experiencia como reportero en medios como El Mundo, y también trabaja como guía profesional de alta montaña. En Rutas de cine vuelca sus dos grandes pasiones: la naturaleza y el cine. “No es un libro lineal”, aclara, “es una lectura con múltiples capas: primero descubres el paisaje, luego el rodaje, y finalmente la historia cultural que lo envuelve”.

El lector podrá revivir escenas de otras películas como Conan el Bárbaro, Campanadas a medianoche y El Cid, entre muchas otras. Pero también encontrará algo más: la constatación de que el cine fue una ventana al mundo para una España cerrada, una chispa de modernidad y libertad durante los años del franquismo. “Estas películas permitieron a muchos ver lo que había más allá de las fronteras. Nos enseñaron otra manera de vivir”, reflexiona Merino.

El legado olvidado de Samuel Bronston

Portada del libro de Alfredo MerinoUno de los recorridos más emotivos del libro lleva al lector a Las Rozas, donde Samuel Bronston, legendario productor de origen ruso, construyó en los años 60 un plató de 100 hectáreas. Desde allí rodó títulos colosales como La caída del Imperio romano o Rey de Reyes. “Era tan grande, que cada día los figurantes cambiaban de época: un día se vestían de romanos, y al siguiente de chinos para 55 días en Pekín”, recuerda Merino.

Hoy apenas queda rastro de aquel imperio de cartón piedra. Solo un parque natural, la Dehesa de Navalcarbón, y un área poco conocida, el Área Natural de Los Aros (Área Natural del Lazarejo), permiten imaginar lo que fue. Incluso la tumba de Bronston, que pidió ser enterrado en Las Rozas por el amor que sentía por el país, pasa casi desapercibida. “Está en un nicho modesto, sin apenas indicaciones”, lamenta el autor. El escaso cuidado del patrimonio cinematográfico se ha dejado notar en producciones como Un puñado de dólares, considerada una de las 10 películas más influyentes de la historia del cine. Se rodó sobre todo en la Comunidad de Madrid, con Hoyo de Manzanares como escenario principal para el poblado de San Miguel y la Casa de Campo para otros escenarios como la casa de los Rojo. Aldea del Fresno también se utilizó para la escena de la masacre de los soldados. Y poco queda de esos platos que recuerden que esas ubicaciones acogieron importantes rodajes. El libro de Merino intenta "que no se olviden".

Sus páginas también se convierten en una puerta de entrada para quienes se inician en el senderismo o en el cine. Merino recomienda dejarse llevar por la curiosidad: elegir una ruta por el título de la película o por cercanía, sin miedo. “Todas son accesibles, sencillas, y te permiten descubrir no solo la naturaleza, sino las historias que allí se contaron”.

Localizaciones míticas hoy desaparecidas

Durante tres décadas, la Sierra de Madrid fue uno de los grandes platós naturales del cine internacional. Sin embargo, gran parte de aquellos escenarios han desaparecido sin dejar apenas rastro. Lo que un día fueron templos romanos, fortalezas medievales o ciudades chinas, hoy son urbanizaciones, campos vacíos o parques industriales. El paso del tiempo, la falta de protección patrimonial y el olvido institucional han hecho que el Hollywood madrileño se difumine casi por completo en el paisaje.

“Samuel Bronston levantó aquí el mayor plató del mundo”

En Las Rozas, junto a Las Matas, se levantaron los majestuosos Estudios Bronston, un complejo que llegó a ser el más grande de Europa. Allí se rodaron superproducciones como 55 días en Pekín, para la que se construyó una recreación a escala de la Ciudad Prohibida. Hoy, en ese lugar solo quedan calles con nombres anodinos, un centro comercial y algún parque que recuerda vagamente a Samuel Bronston. Los decorados se desmantelaron o ardieron tras el cierre de la productora y, durante décadas, nadie pensó en conservar aquel patrimonio de cartón piedra.

Colmenar Viejo, por su parte, fue el epicentro de los rodajes de exteriores. Su Dehesa de Navalvillar fue escenario de batallas, desiertos, fortalezas y campamentos. Allí cabalgaron las legiones romanas, se libraron cruzadas y se firmaron tratados de paz entre emperadores ficticios. Aunque los decorados fueron desmontados tras los rodajes, el paisaje se conserva casi intacto y el Ayuntamiento ha instalado rutas de cine con paneles explicativos que permiten imaginar lo que allí ocurrió. Aún hoy, algunos vecinos recuerdan haber sido extras o haber llevado a caballo a Charlton Heston entre tomas.

La Pedriza (Foto: Miguel Merino)

Más al norte, en El Boalo, Becerril o Manzanares el Real, se rodaron escenas de corte medieval. El castillo de Manzanares el Real fue un decorado natural y aún se conserva en buen estado, aunque los sets que lo rodeaban han desaparecido. También existió una calle del oeste en las afueras de Colmenar Viejo, con su salón, su banco y su oficina del sheriff, que sirvió para múltiples spaghetti westerns. Esa calle fue desmontada en los años 70 y hoy solo queda campo abierto donde antes retumbaban los disparos de Lee Van Cleef.

Lo que fue uno de los principales polos cinematográficos de Europa acabó perdiéndose por varias razones. Cuando Samuel Bronston quebró a mediados de los años 70, muchos decorados quedaron abandonados. Algunos fueron quemados de manera intencionada por motivos de seguridad. Otros desaparecieron devorados por la expansión urbana del Madrid metropolitano. Y muchos fueron desmontados sin que nadie pensara en su valor cultural o turístico. Eran solo estructuras de escayola y madera, construidas para durar lo que durase un rodaje.

Hoy, lo que queda es poco pero significativo. Pero queda el paisaje, que a veces basta con observar para que la imaginación reconstruya lo que el cartón piedra ya no puede mostrar.


Impacto económico del cine en la Sierra de Madrid

Entre los años 50 y 70, los rodajes internacionales convirtieron los pueblos de la Sierra de Madrid en un foco económico y cultural. Las superproducciones necesitaron miles de extras, animales, carpinteros, herreros, modistas, transportistas, cocineros, intérpretes… El cine se convirtió, aunque fuese de mnera temporal, en la industria más rentable de muchas localidades.

- Un extra podía cobrar en los años 60 entre 100 y 300 pesetas por jornada, en una época en la que el salario medio mensual no superaba las 2.000 pesetas.

- Se construyeron más de 200.000 metros cuadrados de decorados en Las Rozas, Colmenar Viejo o Las Matas. Esto implicó decenas de oficios locales: carpinteros, albañiles, electricistas, modistas...

- Los ganaderos alquilaban caballos, mulas, ovejas y carros para escenas de batalla o mercado. Algunos llegaron a duplicar sus ingresos mensuales por este alquiler.

- El hospedaje y restauración vivieron un boom: hoteles, casas de comidas y bares hacían caja diaria con el personal técnico y artístico.

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