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Jardín del Museo Sorolla
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Jardín del Museo Sorolla (Foto: Mila Checarelli)

Los jardines del universal Sorolla, un paraíso en el centro de Madrid

Por Concepción Carazo / José Brías
lunes 09 de mayo de 2022, 18:56h

En pleno centro de Madrid, situado en el distrito de Chamberí, cercado de asfalto y altos edificios, se puede disfrutar de una auténtica joya verde: el jardín del Museo Sorolla o, mejor dicho, de los tres jardines que envuelven la casa del pintor valenciano y que él mismo proyectó.

Este vergel al gusto del pintor es el resultado del empeño, el tesón y la imaginación del artista, que en los últimos años de su vida se propuso como objetivo diseñarlo, plantarlo y dibujarlo cuando estuviera en su máximo esplendor cromático. Visitando el Museo Sorolla conoceremos al Sorolla pintor y al Sorolla paisajista y jardinero. El artista pretendió rodear su casa y sus estudios de pintura de un espacio donde todos los sentidos pudieran recrearse. El gusto, el olfato, el oído, el tacto y la vista se amplifican en este recinto de arte total y vivo. Su cultivado e innato sentido estético buscó un espacio para su deleite y el de su familia.

En 1908 Joaquín Sorolla y Bastida viajó a Sevilla, por encargo de Alfonso XII, para realizar diversos retratos reales visitando el Alcázar y quedó enamorado de sus jardines de inspiración hispanoárabe, seducido por la luz y las distintas atmósferas del palacio. Al volver quiso reproducir en su parcela del paseo del General Martínez Campos de Madrid algunos hitos de la jardinería andaluza, aunque también los motivos italianos renacentistas están presentes en todo el conjunto.

En el número 37 del paseo del General Martínez Campos se levanta un edificio rodeado de 800 metros cuadrados de jardín. Es la casa que el pintor valenciano mandó construir en 1910 y que hoy aloja su obra completa, en la que incluir el espacio verde que rodea la finca, porque puede considerarse una sala más del museo. Sorolla, además de pintor era un apasionado por los paisajes naturales y acometió la concienzuda empresa de diseñar el mismo y con exquisito cuidado sus jardines. El proyecto incluyó la creación de tres espacios a diferentes niveles, separados por escalones y con inspiraciones distintas. Los elementos decorativos, como las columnas, las esculturas, las fuentes o la pérgola fueron adquiridas en distintos momentos por el propio Sorolla y en diferentes lugares de España.

Como la casa del pintor se convirtió en casa-museo hemos podido atesorar no sólo los luminosos óleos del artista sino mantener el diseño del jardín que fue restaurado entre 1987 y 1990. Aunque hoy rodeado de edificios este maravilloso proyecto verde no tenga la luz adecuada que el pintor desearía para los tres espacios en que se divide.

Sorolla bosquejó el primer jardín inspirándose en el Jardín de Troya del Laberinto de los Reales Alcázares de Sevilla, del que tomó el diseño para habilitar la parte inferior de la fachada porticada de la casa y el de la fuente central. Fachada principal de la casa que tiene dos arcos de medio punto peraltados con óculos entre ellos sujetos por columnas de piedra y que forman una galería con ventanas enrejadas que el artista había pintado en 1908 y 1910 y donde podemos disfrutar de la escultura ‘Mujer sentada’ realizada por su hija Helena Sorolla.

A la derecha colocó, en el muro oeste, el Banco de Triana, diseñado por el artista con el Plus Ultra como tema decorativo dominante y adornado con cerámica andaluza de Mesaque, sobre el que aparecen tres escudos heráldicos de los siglos XV y XVI. Destaca también el pavimento ‘olambrilla’ que recuerda el del Alcázar y la grácil y liviana fuente de mármol blanco, de base rectangular conectada con la alberca del segundo jardín, que el pintor sustituyó en 1914, rodeada por seis parterres de boj que forman una disposición cruciforme y que proporciona un sonido apacible al jardín.

El interés botánico de este primer espacio que destila serenidad, armonía y delicadeza, destaca la presencia de especies mediterráneas. Sorolla utilizó como símbolo floral el boj (Buxus sempervirens) especie empleada con frecuencia en jardinería ornamental para formar setos y diseñar espacios. Perseguía que con su hoja perenne se mantuviera una tonalidad verde durante todo el año, además de impregnar el recinto con un peculiar olor que aparece en otros jardines históricos. Como complemento cromático y olfativo añadió diversos rosales entre ellos que formaron una singular paleta de colores Así recreaba al mismo tiempo la vista, el olfato y el sonido que recogía de la fuente.

En la actualidad encontramos diversas enredaderas trepadoras como la hiedra (Hedera canariensis) o el jazmín azul (Plumbago auriculata) que tapizan el muro perimetral. Y adornando este primer jardín una enorme adelfa (Nerium oleander) en el rincón cercano a la casa junto a un ciprés (Cupressus) y a un naranjo (Citrus). En el otro lado de la escalera que conduce al interior de la casa-museo encontramos una palmera excelsa (Trachycarpus fortunei) de tronco peludo tapizada por un jazmín estrellado (Trachelospermum jasminoides) y un almendro (Prunus dulcis); enfrente destaca una podada morera (Morus) acompañada de varias vasijas con camelias (Camellia). Muchas de estas especies fueron elegidas por el pintor.

Acompañados con macetas plantadas con pitósporo (Pittosporum) junto al muro oeste y una colección de rosales, en la escalera destacan plantados ejemplares de la rosa ‘Clotilde de Sorolla’, nueva especie de rosa, creada por la prestigiosa maestra de la hibridación, la valenciana Matilde Ferrer inspirada en el retrato que Sorolla realizó a su esposa Clotilde, que luce un delicado color té y una gran floración con follaje denso y abundante. La sinfonía de colores y olores se completa con macetas colocadas en el murete divisorio flanqueado por dos columnas de inspiración italiana que mantienen las esculturas ‘El gaitero’ de Mariano Benlliure y ‘Desnudo femenino’ de José Clará donde encontramos sobre todo geranios que flanquean el acceso al siguiente jardín mediante escalones.

El segundo jardín es el que más problemas le suscitó a Sorolla. Fue el último en plantarse y no estuvo terminado hasta 1917 porque quiso encajar una pérgola típica en la jardinería italiana que no cuadraba con la imitación granadina que el pintor diseñó para este espacio. Inspirado en el ‘Jardín de la Ría’ o ‘Patio de la Acequia’ del granadino Generalife. Su planta quedó definida por el canal de agua central. El protagonista es el agua y su sonido. Una fuente baja de mármol, que Sorolla compró en Granada durante el invierno de 1910, adornada con tres amorcillos en bronce recubierto por cerámica verde de Triana y un estrecho estanque rectangular rodeado de setos de boj, con sus inseparables rosales, arrayanes en los laterales y macetas de geranios. En el fondo del estanque se encuentra un banco de azulejería sevillana y destacando sobre la hiedra se sitúan a ambos lados dos columnas con capiteles califales de avispero, originales de Medina Azahara y en el centro, como remate compositivo de la fuente, una escultura de la Antigüedad romana de mármol, ‘El Togado’ regalo del Marqués de Viana en 1906 procedente de las ruinas de Cástulo, antigua ciudad romana de la provincia de Jaén, flanqueada por dos columnas, un blasón heráldico y todo el espacio revestido de vegetación.

Sobre los muros tapizados de hiedra junto a la estatua de ‘El Togado’, se encuentra un magnífico laurel (Laurus nobilis), también plantado por el pintor, que es un árbol notable relacionado con simbolismos, sus hojas trenzadas en corona representan el triunfo, la victoria y la gloria. Coronan las sienes de los ganadores en las olimpiadas y de los poetas laureados. De sus ramas se trenzó una corona que se depositó sobre su féretro.

En las especies vegetales que constituyen el segundo jardín elegidas por el pintor, destacan los mirtos (Mirtus communis) plantados por el mismo Sorolla en 1917 y traídos desde el Jardín de la Acequia’ de la Alhambra como esquejes y semillas. El mirto o arrayán es un arbusto perenne, muy aromático que se cultiva como planta ornamental en forma de setos en parques y jardines, está representado en la mayoría de los jardines históricos de Andalucía y fue muy utilizado en la jardinería nazarí en los siglos XIII Y XIV, es el símbolo del amor y la belleza.

En la parte derecha observamos un almendro, (Prunus dulcis) con incipientes frutos. Mención especial el árbol del amor (Cercis siliquastrum) que como árbol ornamental ilumina la primavera con sus flores moradas los parques y jardines y que así se le denomina por la forma acorazonada de sus hojas; también se le conoce como el árbol de Judas, porque una antigua leyenda cuenta que en este árbol se ahorcó Judas Iscariote después de traicionar a Jesús.

Para finalizar el recorrido por el segundo jardín, ilustrar que se reparten macetones de especies arbustivas como hortensias, (Hidrangea), aligustres (Ligustrum), pitósporos (Pittosporum), aspidistras (Aspidistras) y durillos (Viburnum). Y macetas de flores con alhelís, azaleas, azucenas, claveles, peonías.

Azaleas (Rhododendron)

Camelias (Camellia japonica)

En el lateral del segundo jardín, el más arqueológico y escenográfico, una bancada revestida de cerámica andaluza separa el segundo espacio del tercero, que Sorolla situó a un nivel más alto. Esta bancada consta de seis columnas unidas por una resistente barra de hierros que abrazan aromáticos jazmines trepadores y además destacan unos pedestales sobre los que se sitúan esculturas de bronce, que el artista se trajo desde Italia, que reproducen a Dionisos, dios del vino, qué en un simulado cortejo, es acompañado por un sátiro escanciador amante del vino y de los apetitos sexuales, y por un fauno danzante genio del bosque, copia de la antigua escultura romana de bronce que se encuentra en la Casa del Fauno, en Pompeya. Y un pilar granadino del siglo XVII adosado a la pared de la casa-museo adquirido por Sorolla en 1910 en Granada, formado por dos cuerpos, el conjunto nazarí está compuesto por una pila rectangular de perfil bulboso y ligeramente abombada, y una fuente decorada con un frontón partido rematado en volutas, entre las que se sustenta un escudo que culmina en un yelmo timbrado. Y en la zona frontal intermedia dos mascarones, con rostros humanos, enmarcados por pilastras de los que surgen dos caños.

Finalizamos nuestro paseo por este edén, remanso de paz y de buenas vibraciones, descansando junto a Dionisos, a un juguetón sátiro y a un esbelto danzante. Nos recoge la luz, la poesía, el sonido del agua y el perfume aromático de las plantas.

En breve mostraremos las bondades y beldades del tercer jardín y del patio andaluz de la casa-museo del pintor Joaquín Sorolla y su mujer Clotilde García del Castillo

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