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Entre la paz y la ternura

Por Lidia López García
domingo 28 de diciembre de 2025, 19:27h
Actualizado: 28/12/2025 19:51h
Angustias duerme arrugada, hecha un ovillito.

Me da cosa despertarla y, mientras tanto, me pregunto si yo, como ella y con el paso de los años, seguiré sin perder la flexibilidad para dormir así, como si nos faltara espacio.

Angustias significa estrechez, opresión, esa sensación que, sin ser física, genera ahogo: que, teniendo todo el espacio del mundo para echar a correr si queremos, no podamos hacerlo.

Resulta que el nombre viene heredado de la tradición cristiana y de esa costumbre de poner nombres relacionados con las advocaciones a la Virgen María. Se ponían estos nombres porque eran considerados honoríficos y protectores. También por tradición familiar porque tu abuela, tía o algún pariente cercano o lejano, así se llamaba. O porque el calendario decía que ese día era el de Nuestra Señora de… las Angustias.

Hoy nos suenan un poco tristes, porque todos ellos parecen ir cargando con una historia a cuestas y no se pronuncian sin más, creo que arrastran otras muchas cosas.

Me imagino haber crecido bajo el nombre de Soledad y darse cuenta, con los años, que lleva atado la conciencia de la ausencia. Llamarse igual que un espacio donde una se escucha más fuerte, donde a veces sobran o se buscan los silencios, o esa intemperie a veces elegida y otras veces impuesta. Llamarse Soledad en una vida rodeada de gente.

Cuando hablamos del dolor, inconscientemente se nos viene la idea de una sensación desagradable, de un daño. El dolor habla de heridas abiertas que, físicas o no, aún importan. Dicen que es crucial para protegernos y es cierto que nos enseña los límites, lo frágiles que podemos llegar a ser, pero con frecuencia convive con nosotros en la memoria y como decía Gloria Fuertes, el dolor envejece más que el tiempo. ¿Cuántas Dolores habrá que hayan convertido el sufrimiento en alivio?

Angustias se ha despertado y bebe su vaso de leche. Sin duda, de ella brotan la paz y la ternura. Y entonces una piensa cómo es posible habitar en un nombre tan lleno de nudos y deshacerlos con los hombros encogidos y los ojos medio cerrados.

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