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El periodista y presentador de radio y televisión Curro Castillo ha estado más de 40 años en activo
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El periodista y presentador de radio y televisión Curro Castillo ha estado más de 40 años en activo (Foto: Blanca Bordas y Boceta)

Curro Castillo: “Lo que me impulsa a escribir no es mi enfermedad, es que estoy vivo”

Por Alejandra Suárez
viernes 02 de diciembre de 2022, 07:40h

“Esa fecha no se te olvida nunca”, reconoce. El 7 de junio de 1991, le dieron la fatal noticia: tenía esclerósis múltiple. Aún no había cumplido los 29 años. La carrera profesional del periodista y presentador Curro Castillo iba a “velocidad supersónica”. Pero esto lo cambió todo y tenía que asumirlo. Recibió un “golpetazo tremendo”. No lo entendía. Nadie sabía decirle qué hacer con esta enfermedad o cómo tratarla. Hace más de 30 años, los pacientes no contaban con las posibilidades que hay hoy. Este ha sido el capítulo más importante de su historia. Pero no es el eje sobre el que gira su nuevo libro, ‘Nada casi algo’. “Lo que me impulsa a escribir no es mi enfermedad, es que estoy vivo”, afirma. Su obra aspira a ser, en sí misma, una “provocación” que haga reflexionar al lector y le invite a explorar su vida.

Al principio, el libro era solo un “juego” en el que había trabajado durante un año y medio. “Déjame leerlo”, le dijo uno de sus muchos amigos escritores. Le envió el texto por correo electrónico. Le gustó tanto que, 48 horas después, ya le había buscado un editor.

Es el segundo poemario que publica -el primero es ‘Llevo tus orgasmos puestos’-. Está compuesto por 500 tercetos en los que ha tratado de expresar sus sentimientos. Si tuviese que describirlo, Castillo se referiría a su obra como “una impresión en clave de poesía” de muchas pequeñas grandes cosas en cuyo significado “no se repara por cotidianas”. Habla de cuestiones de lo más variopintas: desde el movimiento de las nubes, hasta cómo están colocados los vasos. Es una llamada al encuentro con la persona que hay dentro de cada uno. “Cuando somos conscientes del valor que tiene la humildad, somos capaces de darle importancia a las personas que nos rodean”, mantiene.

Ya lo decía el poeta Wystan Hugh Aude: “La poesía sirve para hacer que la nada suceda”. El periodista comparte esta opinión. Cree que el ser humano es la nada, y se dota de argumentos como la poesía para alcanzar la totalidad: “Somos muy poquita cosa y podemos revolucionar el mundo”, manifiesta. Quiere que cada lector viaje a su interior a través de ‘Nada casi algo’, y de las obras que vendrán en un futuro próximo: está escribiendo su cuarto poemario, intenta “sacar adelante” dos novelas, y es posible que el próximo año vea la luz su nuevo libro.

En 2021, la esclerósis múltiple “decidió” jubilarlo

Castillo ha pasado buena parte de su vida en la radio, que siempre ha ocupado el primer puesto en su vida profesional, “y diría que personal también”. “En ella he sido muy feliz, lo considero una forma de ser y vivir”, asegura. El 31 de agosto de 2020, fue la última vez que su voz se escuchó de forma profesional en los micrófonos. A partir de ahí, todo fue a peor. Hasta que, en 2021, la esclerósis múltiple “decidió” jubilarlo. “Te retiras del periodismo en activo, pero no de ser periodista, ni de escribir”, puntualiza.

Desde hace 30 años, padece esta enfermedad degenerativa del sistema nervioso central, a la que también llama la “enfermedad de las mil caras”, puesto que puede ser completamente distinta en cada paciente. Pero su situación no fue siempre tan compleja.

“Si nadie podía hacer nada, ¿para qué preocuparlos?”

Una vez que le trataron los primeros brotes, que fueron “muy agresivos”, la enfermedad se estabilizó, por lo que decidió no contarle a nadie que tenía esclerósis múltiple, ni siquiera a su familia. “Si nadie podía hacer nada, ¿para qué preocuparlos de manera innecesaria?”, reflexiona. Durante todo este tiempo, hasta que “pegó el acelerón”, ha tenido momentos duros, hospitalizaciones y crisis que ha podido ir salvando “sin bajar la guardia” y, sobre todo, ha continuado con su labor profesional y su vida personal con la “mayor normalidad posible”.

Mantuvo su secreto hasta que “no quedaba más remedio” y la enfermedad decidió “dispararse” y “encerrarlo” en casa. Su movilidad se ve muy reducida y el único espacio de seguridad en el que se encuentra con cierta tranquilidad es en su hogar. “Todos esos años decidió estar sin apretar el acelerador” pero, cuando lo hizo, perdió “muchas capacidades” que le impedían sacar adelante su trabajo con el “rigor, esfuerzo y dedicación que exige esta profesión”. En 2020 tuvo que pedir la baja. Al año, su caso pasó a manos de la Seguridad Social: fue calificado por el INSS de Gran Invalidez y por la C.A.M. con el 75 por ciento de discapacidad.

Para que su vida pueda ser “normal”, son fundamentales las sesiones de neurofisiología, que le han devuelto cierto grado de movilidad y la ilusión por hacer cosas. “Te vuelves a sentir un poco más dueño de ti, vuelves a leer, a estudiar y te cambia tu forma de ver las cosas”, relata. Esto hace que su mujer y la gente de su entorno pueda vivir “más tranquila” y sin miedo a que “te caigas y te rompas la cadera”. Recibe a los fisioterapeutas en su casa una vez a la semana, gracias a la Asociación de Esclerosis Múltiple de Collado Villalba a la que pertenece. “Si no es por ellos, no podría pagarlo”, declara. A esta entidad va a donar los derechos de su libro, consciente de la labor tan importante que realizan y la ayuda que prestan a quienes se encuentran en su misma situación.

Tras su retirada en 2021, contó lo que le ocurría por si su caso podía servir de ayuda a otros enfermos. Además, sus padres ya habían fallecido, por lo que siente que les evitó el “sofocón” y “no tuvieron que cargar con el dolor de no poder hacer nada por tí”.

“Igual que salen capacidades por la puerta, si abres la ventana, entran otras nuevas y enriquecedoras”

Castillo pasó de vivir inmerso en una profesión que va a “300 kilómetros por hora”, a frenar en seco. “Es normal que te estrelles contra el parabrisas y te quedes un poco grogui”, cuenta. Esto le afectó a nivel emocional, pero supo sacar una lectura positiva. Se dedicó a reflexionar sobre lo que había sido su vida. Cuando superó la primera etapa, de confusión, empezó a buscar cuál era su lugar en el mundo. Volvió a escribir y se formó en cosas que antes le parecían “lejanísimas”: ha aprendido a manejar la tecnología, y estudia marketing digital y montaje audiovisual. “Igual que salen capacidades por la puerta, si abres la ventana de tu vida, entran otras nuevas y enriquecedoras”, garantiza. Si hay algo de lo que se ha dado cuenta en este tiempo es de que hay que valorar la vida, disfrutar de las personas que “nos quieren” y “no dejar de ver todas las cosas buenas que nos rodean”.

Una carrera vocacional, pero casual

Es uno de esos periodistas de vocación. Sin embargo, su irrupción en este mundo fue casual: “Llegué al periodismo por una casualidad, más que por una vocación”, explica. Cuando terminó el instituto, su objetivo era estudiar Medicina, pero le faltó una décima para entrar a la Facultad. Pese a que se matriculó en Biología, “se desinfló”. Fue entonces cuando se metió en Periodismo. Apenas cinco meses después y con tan solo 17 años, empezó a escribir y publicar “como un loco”.

Dio sus primeros pasos en prensa, en una agencia de información científica que había fundado él mismo, junto con otros compañeros que “también estaban como una cabra”. Periódicos de reconocido prestigio comenzaron a contratar sus servicios -escribió en las más destacadas cabeceras de prensa escrita nacional y local-. Pero, en aquel entonces, necesitaba realizar el servicio militar obligatorio para poder firmar el contrato laboral que le ofrecían; había pedido prórrogas por estudios, por lo que tuvo que solicitar su incorporación a la mili, “enfadado por la situación”.

“Tener la información al momento fue para todos un fenómeno personal y social”

Formaba parte del Ejército, aunque de forma provisional, cuando, el 23 de febrero de 1981, algunos mandos militares protagonizaron el intento fallido de Golpe de Estado. El único medio a través del cual podía recibir noticias era la radio. “Tener la información al momento y poder escuchar el discurso del Rey fue para todos un fenómeno personal y social”, recuerda. Fue así como descubrió el “poder tan maravilloso” de la radio, un universo en el que persiguió entrar. Poco después, en 1981, lo consiguió: de Radio Juventud de Madrid, dio el salto a La Voz de Madrid. Desde entonces, compatibilizó este medio al que dedicó toda su vida -estuvo en Radio Cadena Española, COPE, Radio España y Onda Madrid- con la televisión, donde trabajó más de diez años -TVE1, Antena 3, Telemadrid, Castilla y León TV-.

Durante más de cuatro décadas, ha vivido en primera persona la evolución del sector de la comunicación. Desde el punto de vista técnico, considera que el periodismo en España “tiene mucho nivel” debido, en parte, a unos avances tecnológicos que han cambiado las cosas “para bien”. No obstante, pese a estar convencido de que se hace “un gran periodismo” que sigue teniendo la misma importancia de siempre, piensa que la situación política ha provocado que ciertos medios se están dejando llevar por el “frentismo o espectáculo de trincheras”. De ahí el papel clave que, a su juicio, han de jugar los profesionales, que tienen que ser “de raza y de sentimiento profundo”.

Y es que Castillo es un periodista de convicción. Las historias que ha relatado en los micrófonos, y sus propias vivencias personales, le han dado muchas lecciones, pero si tuviese que quedarse con una, no lo duda: ha aprendido que el ser humano, por norma general, no da el valor que merece a las pequeñas cosas que le acompañan Y sin las que no podría vivir. Esto lo ha reflejado en ‘Nada casi algo’. Y lo tiene presente cada día desde hace más de 30 años. “Trabajo y ganas de hacer cosas, no me faltan”, concluye. Porque como dice, será siempre un periodista que todavía tiene mucho que contar.

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