El Gobierno va a despenalizar por fin la antidemocrática ley de ofensa a los sentimientos religiosos, como he ido pidiendo, en artículos y libros, desde hace 60 años; al principio, por supuesto, desde el extranjero. Pero no actuemos con espíritu de revancha, sino siempre con razones y respeto; lo contrario no conseguiría sino fomentar el fanatismo de algunos creyentes y seguir dificultando nuestra convivencia.
Martín Sagrera Capdevila