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Uno de os cerebros donados al banco de tejido cerebral de la Fundación Cien.
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Uno de os cerebros donados al banco de tejido cerebral de la Fundación Cien. (Foto: Chema Barroso)

Un almacén de cerebros en Madrid: su donación, clave para la investigación médica

Donar el cerebro para el futuro investigador de Madrid

sábado 20 de marzo de 2021, 08:49h

Se trata de un tema incómodo entre amigos y familiares, casi tabú en algunas ocasiones. Sin embargo, quienes tienen claro que quieren donar su cuerpo a la ciencia, no lo dudan ni un segundo. Miguel Ángel Salado tiene 78 años y se encuentra en perfectas condiciones físicas y mentales. Hace años que tomó una decisión que, reconoce, debería haber valorado antes, pero nunca es tarde. Se hizo donante de cerebro: "Y eso que tengo solo dos neuronas pero las tengo bien conectadas", bromea cuando habla sobre el motivo que le llevó a optar por esta alternativa.

Miguel Ángel recuerda el día y la razón que le animó a que su cerebro formase parte del futuro investigador de Madrid: "Si total ya no voy a estar en este mundo cuando se haga efectiva la donación". Cuando se jubiló, asistió con su mujer a un estudio sobre Alzheimer en el hospital Carlos III. Se interesó tanto por esta enfermedad que de manera espontánea se fue introduciendo en el tema. Para este donante de la materia gris, su decisión debía ir mucho más allá, así que también se incorporó al Proyecto Vallecas.

Este proyecto se desarrolla en la Unidad de Investigación del Centro Alzheimer de la Fundación Reina Sofía por investigadores de la Fundación Cien. Su principal objetivo consiste en determinar un algoritmo probabilístico para la identificación de individuos en riesgo de presentar demencia tipo enfermedad de Alzheimer en el transcurso de unos años. Dicho algoritmo se basa en la conjunción de datos sociodemográficos, clínicos, neurológicos, neuropsicológicos, biológicos (procedentes de determinaciones en sangre) y de neuroimagen.

La neuroimagen es clave para el proyecto Vallecas. Se ha podido identificar a individuos con un estado de pre-demencia llamado deterioro cognitivo leve y examinar retrospectivamente su estructura cerebral. Y se ha determinado que la corteza entorrinal, el área afectada inicialmente en la formación de agregados de la proteína tau, muestra una densidad reducida de la materia gris en individuos cognitivamente sanos un año antes de que tengan síntomas de pérdida de memoria.

Bryan Strange, director del departamento de Neuroimagen, señala que a partir de estos datos han podido “construir una ecuación predictiva para identificar a los individuos dentro del proyecto Vallecas que con mayor probabilidad desarrollarán dicho deterioro". Esta ecuación, basada en datos de los primeros años del proyecto, funciona con notable precisión”.



La fase de reclutamiento de los participantes del Proyecto Vallecas se extendió desde octubre de 2011 hasta diciembre de 2013. Finalmente, un total de 1.213 voluntarios, con edades comprendidas entre 70 y 85 años, y de ambos sexos fueron inicialmente evaluados. Una vez incluidos en el estudio, se realiza un seguimiento anual durante cinco años con objeto de valorar el perfil evolutivo de todos los participantes, identificando específicamente a aquellos que desarrollen deterioro cognitivo y/o demencia.

"Cuando el daño ya es mayor, no se pude contraatacar la enfermedad"

Estos tejidos cerebrales permiten "estudiar marcadores que de otra forma sería complicado conocer", explica Miguel Calero, director científico de la Fundación Cien. El daño se va acumulando con el tiempo, explica, y el cerebro es un órgano especialmente sensible: "Cuando el daño es ya mayor, no se pude contraatacar la enfermedad". Aquí radica la importancia de estar en disposición de la información privilegiada que se consigue estudiando los cerebros de las personas en vida, como el caso de Miguel Ángel, cuyo tejido no presenta ningún problema, excepto el degenerativo propiciado por la edad. "Es muy interesante la población con edades superiores a los 80 años y que gozan de unas buenas capacidades congnitivas que corresponde a personas con 50 años", subraya Calero. De este segmento poblacional se "aprende mucho" y permiten comparar sus cerebros, una vez fallecidas las personas, con los de otras que han sufrido algún tipo de enfermedad neurológica.

Para el director científico la edad es un factor clave: “La mayor parte de los casos de enfermedad de Alzheimer son de inicio tardío (después de los 65 años) y presentan un componente genético mucho poco definido”. Para Calero, “la identificación de marcadores plasmáticos para el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer, especialmente en fases precoces, representa un reto considerable”.

Bryan Strange, director del Laboratorio de Neurociencia Clínica del CTB-UPM e investigador de la Fundación Cien, preparando a una paciente para una resonancia que forma parte del estudio del Proyecto Vallecas

Alrededor de 47,5 millones de personas en el mundo padecen demencia, y cada año se registran 7,7 millones de nuevos casos. De ellos, casi el 70 por ciento sufren Alzheimer. El Parkinson, con más de 160.000 enfermos en España, y otras patologías degenerativas del sistema nervioso suponen un reto para los expertos en salud pública. Con estos datos, se pone de manifesto la importancia del estudio de la materia gris y de las secuelas que pueden alterar la vida de las personas.

Alberto Rábano es el director del banco de tejidos cerebrales de la Fundación Cien. Suele desplazarse por el sótano donde reposan los cerebros con absoluta normalidad. Pero es cierto, que para quien no esté acostumbrado a ello, puede resultar hasta de guión de película. Laminados, enteros o troceados, los cerebros descansan en formol o congelados. "Hay algunos que llevan décadas en estos botes", asegura el experto.

En hileras y dentro de botes transparentes, ofrecen una segunda vida para un órgano enfermo o sano cuya información puede ser vital para avanzar en la cura de algunas enfermedades o retrasar los efectos de dolencias como el Alzheimer o el Parkinson. "En este momento tenemos unos 800 cerebros donados", detalla Rábano, y de este total, "casi 200 pertenecen a la cohorte de la residencia, de pacientes con demencia que han sido seguidos en el centro, algunos con más de 10 años con estudios detallados". Uno de esas pruebas determinantes es la resonancia, más profunda que la que se realiza en los hospitales, lo que permite conocer las áreas del cerebro que se activan según la tarea que esté realizando el paciente.

Alberto Rábano, en el Banco de Tejidos Cerebrales

Los cerebros se extraen lo antes posible del donante, en las cuatro o cinco horas posteriores al fallecimiento, y tras la firma del certificado de defunción. De ello depende la calidad del tejido. Una vez que llega al banco, se separan los dos hemisferios. El izquierdo se conserva en formol, para elaborar los diagnósticos neuropatológicos y la otra mitad, el derecho, se congela a unos 80 grados bajo cero para realizar investigaciones: "Este binomio es fundamental para poder utilizar de manera adecuada el tejido".

Los cerebros descansan en formol o congelados

En España hay 15 bancos de tejido cerebral y en Europa existe una gran tradición, como en Reino Unido. Muchos de ellos están ubicados en hospitales y otros, como este banco, perteneciente a la Fundación Cien, funciona de manera independiente y viene a incrementar esa red de biobancos, un concepto cada vez más instaurado en la sociedad, y el que se nutren los médicos para sus investigaciones.

Cualquier persona puede ser donante. Solo deben ponerse en contacto con el banco de su Comunidad Autónoma, algunos de los cuales gestionan también extracciones en territorios limítrofes si estos no disponen de uno: "La cuestión territorial es importante porque el procedimiento nos exige rapidez para extirpar el cerebro en las primeras horas tras el fallecimiento".

¿Cómo cuidar el cerebro?

Uno de los cerebros donados en manos de Alberto Rábano

Los científicos e investigadores han podido averiguar, en las últimas décadas, las claves para proteger al cerebro, lo que se denomna la reserva cognitiva. "Dos cerebros con el mismo nivel de lesiones y la misma carga patológica, al final uno de ellos estaba demenciado en vida y otro no". ¿Por qué? Rábano lo tiene claro: "Uno es más resistente que el otro y eso es lo que llamamos reserva cerebral".

En este sentido, los expertos afirman que diversos factores contribuyen a salvaguardar la materia gris y mantenerla más intacta, a pesar de ese deterioro: "Sabemos que la alfabetización es muy importante, los años de educación reglada, el dominio de más de un idioma, el manejo de instrumentos musicales, la actividad física y las relaciones sociales. "Una persona analfabeta con una carga lesional muy baja se demencia antes que una persona con más nivel educativo", confirma el experto.

La música, los idiomas y las relaciones sociales fortalecen el cerebro

Las enfermedades neurológicas son tremendamente complejas: "No es como una enfermedad infecciosa que tiene una causa, son muchas las causas genéticas y ambientales que actúan conjuntamente". No son pocos los casos diagnosticados de Alzheimer que finalmente no fueron acertados: "Esta enfemedad es un conjunto de otras. Cuando estudiamos esos cerebros nos damos cuenta que la mayoría tienen cuatro o cinco dolencias". La "buena noticia" es que todas ellas comparten factores de riesgo y por ello, los expertos abogan por abordarlas en conjunto. "Algunos ensayos clínicos no han funcionado porque no se ha tenido en cuenta esa complejidad interna. Y es algo que no podemos detectar en vida, solo post mortem", detalla Rábano.

Otra de las investigaciones en las que se encuentran inmersos en este centro se centra en concretar si la Covid-19 puede provocar daños neurológicos en sus pacientes. "Saber si esta infección predispone a que se desarrollen enfermedades neurológicas en el futuro. Sabemos que el virus afecta al sistema nervioso, como la anosmia y otros efectos como el ictus", explica Miguel Calero. La pregunta que se hacen ahora los expertos es si tras haber pasado el virus, se puede iniciar un proceso degenerativo y dejar secuelas. "Esos efectos están todavía por descubrir y nuestro objetivo es conocerlos".

Algunas enfermedades neurológicas:


Alzheimer
El Alzheimer es una enfermedad mental incurable que va degenerando las células nerviosas del cerebro y disminuyendo la masa cerebral, de forma que los pacientes muestran un deterioro cognitivo importante que se manifiesta en dificultades en el lenguaje, pérdida del sentido de la orientación y dificultades para la resolución de problemas sencillos de la vida cotidiana.

Se sabe que las primeras lesiones pueden aparecer unos 15 o 20 años antes de que se muestre algún síntoma, y aparecen en la región del cerebro llamada hipocampo, que se encarga, entre otras cosas, del aprendizaje y la formación de nuevas memorias. De ahí, la patología se extiende a otras partes del cerebro, apareciendo el deterioro cognitivo, que finalmente desemboca en demencia. En España hay 800.000 personas afectadas por la enfermedad (según la Sociedad Española de Neurología) y más de 5.000.000 de personas entre quienes la padecen y sus familiares cuidadores. Se estima que hay 47 millones de personas en todo el mundo, según la OMS, que actualmente padecen la enfermedad.

Parkinson
El Parkinson es un trastorno neurodegenerativo que afecta al sistema nervioso central de manera crónica, progresiva e invalidante, y es la segunda enfermedad de este tipo más frecuente en personas mayores de 65 años, después del Alzheimer.

En España, el Parkinson afecta a unas 120.000-150.000 personas y se suelen detectar unos 10.000 nuevos casos anualmente, según la Sociedad Española de Neurología (SEN), que estima que el número de afectados se duplicará en 20 años y llegará a triplicarse para el 2050. El 70 por ciento de los pacientes tiene más de 65 años, pero el Parkinson también es frecuente en adultos que no superan los 50 años, e incluso puede llegar a aparecer en la adolescencia e infancia.

Los pacientes de Parkinson suelen presentar una serie de síntomas motores: temblor mientras se encuentran en reposo, rigidez, trastornos posturales, pérdida en la rapidez o habilidad para realizar funciones motoras y/o trastorno de la marcha. Antes de la aparición de esta sintomatología se manifiestan otros trastornos, incluyendo ansiedad, pérdida del olfato, depresión, estreñimiento o trastorno de la conducta del sueño REM, todos los cuales son marcadores precoces de la enfermedad, y pueden aparecer entre 5 y 10 años antes que los síntomas motores.

Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA)
La Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) es la patología neuromuscular más frecuente y la tercera enfermedad neurodegenerativa más común, después de la demencia y el Parkinson. Cada año se diagnostican 900 nuevos casos en España. Actualmente, afecta a 3.000 personas y es una de las principales causas de discapacidad, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

Con estos datos, bien podría parecer que el número de pacientes no es demasiado elevado. Sin embargo, la cifra de fallecimientos anuales de pacientes de la enfermedad es casi idéntica al número de diagnósticos. Por ello, es importante resaltar que aún no existe cura para la ELA, y que quienes la padecen tienen una esperanza media de vida de tres años. Apenas el 20 por ciento de los pacientes tiene un índice de supervivencia de cinco años.

La pérdida de fuerza progresiva, torpeza o la disminución de la masa muscular y calambres, acompañado de debilidad en las extremidades, son algunos de los síntomas característicos de la ELA, que suelen aparecen en torno a los 60 años y tiene mayor incidencia en hombres. De hecho, los únicos factores de riesgo que se conocen se vinculan al género y a la edad.

La ELA suele aparecer sin un origen concreto y de forma esporádica, tan solo entre el 5 y el 10 por ciento de los casos tienen antecedentes familiares, lo cual indica que la etiología de la enfermedad se vincula a una combinación de diferentes factores. Su diagnóstico suele llevar entre 17 y 20 meses desde la aparición de los primeros síntomas, y actualmente tan solo existe un tratamiento probado para la ELA, cuyos efectos son muy leves. Por ello, es de vital importancia dedicar los suficientes recursos al desarrollo e implantación de terapias dirigidas a la prevención y control de esta patología.

Los interesados en participar como voluntarios en la investigación del Proyecto Vallecas, y que cumplan con los requisitos solicitados, podrán inscribirse en el programa, llamando al teléfono 91 385 22 00 o acercándose a la Unidad de Investigación del Proyecto Alzheimer (UIPA) de la Fundación Cien en la calle Valderrebollo, 5.



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