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Vallekas por la kara contra los abusos

martes 29 de septiembre de 2020, 11:26h

La semana pasada se produjeron cargas impresentables contra una manifestación de jóvenes, mayores, hombres y mujeres de Vallekas que protestaban delante de la Asamblea de Madrid contra las medidas de confinamiento del Gobierno presidido por Isabel Díaz Ayuso, de una parte de esta barriada en la que nací para intentar detener la propagación de la pandemia del Covid-19.

Nunca hemos pedido permiso para denunciar lo que nos ahoga y comprime la garganta, siempre hemos actuado por la cara sin la autorización de los criticados y siempre nos han jodido los golpes de porras en la espalda o las piernas. Los abusos siempre nos han obligado a protestar, antes en la etapa de la Dictadura de un golpista y un asesino como Franco y ahora en Democracia.

Se levantaron los vecinos de esta popular barriada golpeada por la pandemia y por las decisiones de un Gobierno que cree que ser pobre es una profesión y un destino, y para qué darles los mismos derechos y servicios que a los de otras zonas nobles si nunca saldrán de ese suburbio que lucha por dejar de serlo. Gritaban ‘Ayuso dimisión” y ‘vete por incompetente’ y de pronto todo se volvió un infierno de golpes y hostias por todos los lados, sin tener en cuenta la edad o estado del agredido.

Dirán que antes hubo alguna agresión a la policía, si fue así para eso está la profesionalidad de los agentes bien formados para aislar a algún violento si existiera. No para castigar a los que ejercen su derecho a manifestarse ‘por la kara contra los abusos’. ¿Se imaginan a un psiquiatra dando con el fonendoscopio al paciente alterado, y todo el equipo sanitario agitando sus batas contra el psiquiatrizado?

Yo no estuve en esa manifestación, pero sí dos grandes amigos: Ricardo (profesor de Derecho y vecino de barrio) y Perico (dedicado al mundo de la cultura y amante del flamenco y colegas desde hace tantos años que olvidé la fecha, cuando coincidimos en un grupo lúdico-subversivo llamado ‘Los Tupacaros’). No estuve en la manifestación, ellos me la contaron y fueron mis ojos delante de la puerta de la Asamblea de Madrid, a veces también han sido mis piernas. Ahora soy su voz.

Me contaron que estaban consternados con lo sucedido cerca de la Asamblea y de sus domicilios. Me cuentan cómo la policía disolvió golpeando de manera brutal e indiscriminada a jóvenes, sin ninguna agresión previa. Me añaden descripciones que me resultan amargas repetir.

Al día siguiente, se produjo en Vallekas una manifestación espontánea contra las cargas del día anterior en la Asamblea de Madrid. Cientos de jóvenes estuvieron más de tres horas recorriendo el barrio, indignados pero responsables. Defendiendo la sanidad pública y la dignidad del barrio. Perico y Ricardo destacan que “ni un disturbio, ni un papel en el suelo, disolución pacífica. Única diferencia: no estuvo la policía”.

Pidieron libertad sin cargos para los detenidos e investigación y actuación contra los responsables de las cargas policiales. Me recuerdan que “nuestros barrios no son guetos”. Hoy pongo mi ordenador y sus palabras las hago mías. Y ya saben todos que “Vallekas por la kara contra los abusos”, y sin pedir permiso a los que no se merecen nuestro respeto.

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