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Nuestra España

miércoles 20 de mayo de 2020, 11:37h

Lo mejor de nuestra nación está en el interior de sus universidades públicas, a cargo de los quirófanos y plantas de nuestros hospitales y en las escuelas. También en servidores públicos esenciales, de una valía vital, como bomberos, policías y profesionales de la UME.

En transportistas que mantienen en funcionamiento líneas de distribución básicas de suministros. En la legión precaria que se hace cargo de nuestra alimentación en comercios y supermercados, o de la limpieza de calles y edificios.

En aquellas y aquellos que se parten el lomo en nuestros campos, pese a ser eternamente olvidados, como sucede en las ciudades con quienes se ocupan de nuestra basura, que es mucha, para que no se coma nuestros espacios de convivencia.

Nuestra España son los servicios sociales de nuestras ciudades y pueblos, o las cuidadoras de residencias y ayuda a domicilio, que hoy multiplican sus esfuerzos, pese a la escasez de medios, para afrontar gravísimas situaciones de vulnerabilidad en miles de hogares. A todas ellas y todos ellos, nuestro mayor abrazo y reconocimiento. Sois la primera línea en defensa de la vida.

Las trabajadoras y trabajadores son la rueda que mueve el mundo, la mayoría social que se ha echado España a sus espaldas y no solo su bandera, que pesa mucho menos.

Estos meses han nacido desde abajo hermosas herramientas de la sociedad civil para arrimar el hombro. En Móstoles, al poco de declarado el estado de alarma, nació “Móstoles Cuida”, donde decenas de personas voluntarias conectaron a vecinos con servicios de urgencia, facilitaron la compra a personas mayores, informaron de recursos públicos y organizaron repartos de mascarillas.

Puedo decir lo mismo de otros colectivos ciudadanos como los “Coronamakers”, que han distribuido más de ochenta mil pantallas protectoras en centros de salud, hospitales, residencias y comercios, con los que ahora colaboran preparando mamparas.

Patriotismo pata negra, si me permiten la expresión, de la que cuida, protege, ayuda y salva, sin necesidad de estridencias.

La España que se está barruntando será mejor cuando las generaciones jóvenes, a quienes solo hemos sido capaces de ofrecer una crisis encadenada amargamente a otra, tomen la primera línea de mando y escriban una nueva página en la historia de nuestra querida España, camisa blanca de nuestra esperanza y bata blanca de las trabajadoras y trabajadores de Sanidad, como la mejor de sus banderas. El modelo productivo de nuestra patria no está a la altura de su juventud y tampoco aquellas leyes que parecen escritas en piedra para impedir la refundación, desde abajo y desde adentro, de nuestro país.

Veníamos diciendo, antes de la llegada explosiva del COVID-19, que inauguramos una década decisiva, llena de enormes desafíos, tal como recogen los Objetivos del Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030.

Una década que podríamos resumir, sin ambages, en ecofeminismo socialista o barbarie.

El desafío del cambio climático y la insostenibilidad ecológica del actual modelo socio-económico, con el agotamiento energético producido por su voracidad, viene a sumarse a la emergencia sanitaria y a la crisis social y económica que deviene de la misma.

Se nos acumulan las urgencias pese a que el reloj corre en nuestra contra.

Los muchos saberes aportados por el feminismo necesitan traducción política concreta, activando e impulsando una red pública de los cuidados, que ponga la vida de las personas en el centro, como sujetos de derechos -y deberes-. El ecofeminismo es una brújula, en el mejor camino posible, para la articulación de una alternativa emancipadora al neoliberalismo, que permita construir proyectos vitales con certidumbre y garantías, sin que recaiga, como siempre, de forma invisibilizada, sobre los hombros de las mujeres.

Ecosocialismo traducido en “make Europe green again”.

Una gran transformación modernizadora, que requiere de una movilización histórica de recursos a nivel continental, se presenta como el único horizonte posible para una salida con luces largas al actual escenario.

Una operación asentada sobre consensos del alcance de los pactos de postguerra de 1945, que propiciaron planes de redistribución de riqueza y el nacimiento del Estado del Bienestar, que dio lugar a la mayor etapa de estabilidad y prosperidad de Europa, tras una primera mitad del siglo veinte convertida en un baño de sangre.

Solo una firme alianza del sur de Europa puede hacerlo posible.

Para lograrlo hace falta audacia, valentía y un rearme ofensivo de posiciones en el bloque nacional-democrático de España.

La alternativa, hoy como ayer, es la barbarie.

El 'sálvese quien pueda', con el que sueñan en la Calle Núñez de Balboa los vecinos del torero Cayetano Rivera.

La España progresista y trabajadora somos más y somos mejores. Hagamos que se note.

Gabriel Ortega

Portavoz y concejal de Más Madrid-Ganar Móstoles

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