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"Me sorprende el ambiente festivo que se le ha dado a esta tragedia"

miércoles 06 de mayo de 2020, 17:31h

Creo que el dolor y el sufrimiento están acallados, sin cauce para su profunda expresión. Además se percibe un mecanismo de huida, de negación, un mecanismo defensivo. Muchas imágenes de sanitarios aplaudiendo, pero ¿dónde se refleja el miedo, la soledad, el llanto, la muerte individual, única, irrepetible, no la de un contador estadístico?

Pareciera escucharse un silenciado pensamiento de indefensión aprendida “¿qué le vamos a hacer?, la vida sigue”, y un posicionamiento equívocamente darwinista, “acaba con los más vulnerables”, siendo que algunos se dicen a sí mismos, “yo no pertenezco a ese grupo de riesgo”.

Hemos de preguntarnos por nuestra solidaridad y egoísmo, por el “yo” y “los otros”. ¿Nos llevó al confinamiento el civismo o el miedo?

Este es un tema para hablarlo con uno mismo, pues ante los demás la deseabilidad social, sesga la respuesta, por lo que la credibilidad queda en entredicho. Ahondemos en nuestra intimidad intentando sernos fiables.

La muerte siempre oculta, ha tocado en nuestras puertas y no hemos sabido o querido convivir con ella, algunos se han abismado al episodio maniaco con un estado de ánimo anormalmente elevado y expansivo, forzando la risa paradójica.

Naturalmente que son muchos los que sufren sin consuelo, los que han aceptado la insondable tristeza con tintes de depresión, propia de una situación que no debe eludirse sino afrontarse desde una análisis de realidad.

La negación es muy humana, negamos la evidencia, ya sea en la China, o en la vecina Italia, el mismo proceso mental que utilizamos en nuestro caso personal y particular para minimizar los riesgos inherentes a la conducción en las carreteras.

A mí me sorprende que el ser humano se sorprenda del ser humano.

Veremos egoístas y generosos, habrá muchos más de los que se sientan concernidos y se muestren altruistas. Si el ser humano no hubiera cooperado no habría llegado hasta donde lo ha hecho.

Poseemos mecanismos defensivos sorprendentes incluido el optimismo autoinducido e ilusorio, al tiempo muchos quedan paralizados por el miedo y no pocos, como en la historia ha sido, aceptan sin cuestionamiento crítico el triste papel de obediente autómata.

Hemos vivido una situación anómala que ha conducido a comportamientos irracionales, a veces próximos a una histeria colectiva. Lo fue con el asalto a los supermercados y lo hay en algunos grupos cuando vuelven a retomar la calle, además pareciera que no pasase nada, bueno pareciera que hay una división entre los que hemos sufrido pérdidas y los que se han tomado el confinamiento como una imposición.

Pero buscando explicaciones vemos que somos humanos, por supuesto inconscientes, deseamos, anhelamos ser felices y además no se nos olvide, hemos educado a algunas generaciones jóvenes para ser así.

Únase a lo antedicho la corrección política, por cierto equivocada y la autocensura de algunos medios de comunicación desde los miedos a ser llamados morbosos. Todo ello está escondiendo a la sociedad, a la Historia lo que generaciones futuras nos preguntarán. Pero abuelo en la pandemia del 2020 ¿murió gente?

La información es “tamizada” para que en esta realidad surrealista que supera a cualquier película de terror, solo percibamos lo emotivamente alegre. También es verdad que desde la escapatoria del dolor, de la huida a lo desconocido no estamos dispuestos a seguir oyendo malas noticias. Así hay mucha gente que no se ha dado cuenta de lo que realmente ha pasado, solo de que están encerrados.

Al fin, todos héroes, sanitarios, cajeros, reponedores, camioneros, agricultores, ganaderos, pescadores, miembros de las Fuerzas de Seguridad y del Ejercito… y quienes nos quedamos en casa. Un solo culpable el cabronavirus ¿Nos lo creemos, es lo que deseamos creer?, ¿nada se pudo prever, nada se pudo y debió hacer? La verdad, las canciones, la solidaridad tan necesarias, son más gustosas y menos comprometidas.

Creo necesario repensar ese sentido festivo e infantil en medio de tan inmensa tragedia.

Claro que los aplausos son justos, necesarios, catárticos, si bien esta sociedad lo mismo critica de forma cáustica y despiadada, que aplaude sin límite, seamos conscientes de los excesos.

Sabedores de que la sociedad funciona por generosidad, por vínculo, por apego, por compromiso, no por individualismos ojalá mostremos adaptación, no por necesidad, sino por convicción, para reconducir nuestra vida personal, social y material.

Esta sociedad tiene una asignatura pendiente con la muerte, incapaz de mirarla de frente y debiera tener sobre su conciencia la cobardía de no soportar ver los miles, y miles, y miles de féretros de sus seres queridos de los que no pudieron, no pudimos despedirnos.

Sí, sorpresivo ese ambiente festivo cuando hay tantas víctimas directas e indirectas que se ocultan ¿para no importunar a la mayoría? Quizás la explicación a esta conducta patológica sea que hemos sufrido un shock monumental.

Hay que llevar a efecto un duelo individual, familiar, de amigos del finado, pero también un duelo colectivo, un duelo nacional, un duelo mundial.

Habremos de afrontar la crisis económica, salir a luchar por la vida, pero sin olvidar, sin ocultar a nuestros muertos, son nuestros muertos, primordialmente padres y abuelos. No pudimos estar junto a ellos en los momentos finales, reconciliémonos con nosotros mismos, llorando.

Todo el dolor, el silencio, el sufrimiento saldrá “hacia fuera”, quizás un escenario posible sea el de la violencia sobrevenida, razonada y aún justificada por millones de parados y empobrecidos.

La mayoría de las personas creen, o desean creer que de esta impensable experiencia vamos a aprender mucho, vamos a mejorar. Alabo el deseo, pero la verdad, no creo que veamos una mejora individual, ni estructural del mundo, lo cual no es óbice para afirmar que la especie humana sigue evolucionando, confiemos que aplique su mayor capacidad a autorregularse y limitarse, para no poner en riesgo irreversible la vida del planeta que le acoge.

Queda para el estudio dos temas esenciales: el miedo y la incertidumbre, como percibimos y elaboramos, como convivimos con ellos.

Javier Urra

Primer Defensor del Menor

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