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La procesión va por dentro

viernes 10 de abril de 2020, 18:45h

Semana Santa de Madrid, cada vez más bella y menos desconocida. Cada año más visitada y seguida. Nada tienen que envidiar sus procesiones, sus pasos, sus imágenes, a las de Andalucía o las de ambas Castillas. La Semana Santa de Madrid reúne todos los requisitos para atraer a miles de madrileños y foráneos: religiosidad, fervor, belleza, arte, recogimiento y tradición.

Pero este año, por culpa del bichito de la muerte, nos hemos visto al Cristo de la Buena Muerte. llevamos la procesión por dentro, porque no ha podido salir a la calle. Los pasos, las imágenes, los cofrades, los devotos y los curiosos, estamos confinados. Llevamos la procesión por dentro: en el corazón, los creyentes; en la retina, los amantes de las tradiciones; en el alma, los costaleros, penitentes y cofrades. Seguimos las procesiones a través de la televisión y la radio, pero son imágenes y sonidos enlatados, en conserva, reproducciones de las celebradas otros años, cuando no estaba aquí el coronavirus y sólo nos herían las emociones, el coronaespinas sobre las sienes de los Cristos que procesionaban. Vivimos la Semana Santa del pasado, porque este año las procesiones no han pasado por las calles, no han salido, se han quedado en casa, en el silencio abacial de iglesias y parroquias, confinadas.

Nos hemos quedado sin ver el desfile de la Borriquita (algunos borricos sí hemos podido ver incumpliendo el Estado de Alarma), ni la de los Estudiantes (las aulas están vacías y los estudiantes haciendo penitencia en casa), ni la de Jesús Nazareno el Pobre (quizá consuelo en estas fechas para los pobres de espíritu), ni la del Divino Cautivo (todos estamos cautivos en nuestros hogares), ni la de Jesús del Gran Poder y María Macarena (réplicas de nostalgia y fervor para los andaluces de Madrid que saben que este año, el sur procesional no existe, porque es tierra sin procesiones, como el resto de España), ni la Jesús de Medinaceli (que en esta ocasión se ha quedado sin besapiés), ni la del Cristo de los Alabarderos (la Guardia Real no está en Palacio, sino prestando auxilio a las personas enfermas), ni la popular procesión del Silencio (esas calles estrechas, angostas, del viejo Madrid, están silenciosas como nunca, ni siquiera discurre por ellas el sonido seco y rítmico de los pasos de los penitentes, ni el del chisporroteo de cirios).

Este año, la Semana Santa va por dentro.

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