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La señora de Bardem y el clima

sábado 07 de diciembre de 2019, 11:45h

En estos días en que se celebra la Cumbre contra el Cambio Climático, en Madrid ha subido la contaminación. Nada de importancia; cosas del fuego amigo o de los efectos colaterales, porque la lógica dice que, si en estos días cientos de personas llegadas desde todos los lugares del mundo se reúnen para frenar la toxicidad que sufre el Planeta, han utilizado para llegar aquí medios más o menos contaminantes, y también para desplazarse por la ciudad, además de los vehículos propios de las policías que dan cobertura a la seguridad de los participantes, que dentro del recinto de IFEMA, a Dios ruegan por la salud de la Tierra mientras y golpean con el mazo de sus contaminantes medios de transporte en los que se han desplazado; con el usos de jabones, geles y champús en sus respectivos hoteles, así como los vasos de plástico para tomarse el cafelito.

Y a todo esto, la estrella de la cumbre es esa niña sueca, permanentemente enfadada con el mundo y todos sus habitantes, con cara de haberse bebido un litro de vinagre con limón, que es la salsa de este guiso que cada uno se cocina a su antojo. Ella es la mártir ecológica que ha tenido que abandonar sus estudios para pregonar, no por el desierto, sino en el asfalto de las grandes urbes de aire envenenado, y además, sus padres ha tenido que dejar sus respectivos trabajos para dedicarse a viajar con su hija. Y la familia se ha visto obligada a cambiar de vida y de sustento, que parece no faltarles, por que el cambio climático da para mucho.

En el escenario de la Cumbre aparece Javier Bardem, que siempre se ha caracterizado por caminar apoyando de forma ostensible el pie izquierdo, porque le viene de familia… Bueno, en honor a la verdad, hay que decir que cuando camina por Nueva York u otras ostentosas ciudades del capitalismo, se apoya sobre todo en su pierna derecha para entrar a los hospitales más caros del mundo y a las boutiques más lujosas.

En la Cumbre, Bardem cogió el micrófono para derrochar demagogia, insultar al alcalde de Madrid, que para eso es del PP, y poner a caer de un burro a todo lo que, por estar a su derecha, contribuye a envenenar la naturaleza. Tuvo un pequeño lapsus, un olvido sin importancia. Se le olvidó comentar que todos los medios de transporte son contaminantes, entre ellos el avión, del que es frecuente usuario; también esos imponentes barcos que surcan mares y océanos, dejando la estela de contaminación que producen los carburantes que utilizan sus motores. Fue un lapsus sin importancia. La señora de Bardem, Penélope Cruz, anuncia cruceros en televisión, y, que se sepa, no son a vela. Pero, la pela, es la pela.

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