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La falta de educación

lunes 25 de noviembre de 2019, 15:26h

Lo de la ministra de educación, el pasado 16 de noviembre en el congreso de Escuelas Católicas, tiene tela marinera. Tanta, que durante los tres días transcurridos desde su estrepitosa declaración, se han desbordado las reacciones de los que, sencillamente, quieren que se respete y cumpla eso tan importante de "poder elegir la educación de sus hijos y, con ello, el colegio donde se escolaricen"...

Tiempo tendremos para seguir analizando, con mesura y objetividad, el trasfondo político de las palabras de la señora Celaá. Por ahora, sean bienvenidas las innumerables reacciones publicadas en todo tipo de medios y suscritas por todo tipo de ciudadanos, reivindicando con energía y con fundamento que el derecho a elegir la educación y la escuela para sus hijos es un derecho constitucional... o incluso más que constitucional, ya que encuentra reconocimiento en las declaraciones universales de derechos humanos.

Pero como digo, el tema exigirá tiempo y, quizá, medios más exhaustivos y contundentes, y menos desenfadados que este humilde blog. Lo que, a mi entender no puede esperar, es mostrar y hacerme eco de la indignación de más de dos mil personas allí presentes, cuando la excelentísima señora ministra, con gesto y actitud de haberse tragado el palo de una escoba, espetó al público anfitrión allí congregado, con una provocación que, en mi idioma, venía a decir algo parecido a -existís porque al político de turno le da la gana, ya que carecéis de derecho a hacerlo...- .

Salvando las obvias distancias, es como si los miembros de una familia invitaran a la presidenta de la comunidad de vecinos a compartir un humilde almuerzo en su sencilla vivienda de protección oficial obtenida honradamente, y la señora en cuestión, con compostura altiva y distante, se dedicara a denostar la decoración, a criticar la calidad de los alimentos, a discutir la oportunidad de la invitación, y finalmente a avisar de que, el día menos pensado, la comunidad les va a quitar la casa, una casa que disfrutan gracias a su generosa intermediación...

En fin, que como he dicho, no entro en si la elección de colegio es o no un derecho constitucional, que sí lo es. No entro en que los conciertos sean o dejen de ser una expresión de dicho derecho, que por supuesto lo son. No entro en si sólo pueden elegir colegio los ricos, o si debemos extender ese derecho a todos los ciudadanos, con independencia de su situación económica, que por supuesto, debemos extenderlo. Pero hoy por hoy, lo que no puedo dejar al margen, porque no lo aguanto, es la falta de educación... y esta señora Ministra de Educación es, antes de todo y sobre todo, una mal educada. ¡Y por ahí no paso!

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