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Comienza el curso; lloran los padres

viernes 06 de septiembre de 2019, 12:13h
La vuelta al cole nos ofrece imágenes, momentos, situaciones que se han hecho virales, como se dice ahora. En el primer día de curso, algunos parvulitos, gimotean; bastante de los de primer y segundo curso, lloran desconsolados, y muchos de los más mayorcitos, se tragan las lágrimas producidas por la melancolía por unas vacaciones que se fueron y que tardarán en volver, al menos tres meses, hasta Navidades.

Pero lo más llorones, casi inconsolables, son los padres, y no porque tengan que prescindir durante unas horas de la compañía de sus hijos, a la que ya se habían habituado, tras casi tres meses de continua convivencia. Los padres lloran por otra cosa, que no se aloja en el corazón, sino en el bolsillo; que no les toca la fibra del sentimentalismo, sino la cartera: el desembolso, el palo a la economía familiar, que supone la vuelta a las aulas de sus hijos: libros, material escolar, uniformes y otros imprevistos. En estos días se les ve deambulando, angustiados, quejosos, llorosos, por los pasillos de las grandes superficies comerciales, tirando del carrito que se va llenando de libros, pinturas, lapiceros, cuadernos, artículos de papelería, mochilas, zapatos y prendas de vestir para ir el cole. Y esos sufridos padres se dan golpes de pecho y claman desesperados: “Pero, ¿por qué tantos libros, tantas zarandajas, tanto material? ¿Por qué a la cuesta de enero le ha superado en desnivel la de septiembre? ¿Por qué nos meten este palo a la cartera? Habrá que pedir un crédito para financiar el principio de curso. ¡Dios mío, que desesperación!”.

Comprendo, y me hago partícipe de su desasosiego; lo comparto, pero lo que no acabo de entender es, como teniendo ese desapego, esa amargura por los gastos que representa la vuelta cole, luego, cuando dentro de pocos meses lleguen Papá Noel, los Reyes Magos o Santa Claus, esos carritos de supermercado no se llenarán de libros, sino de juguetes y regalos, y a los sufridos padres de les cambiará el rictus serio por un semblante de satisfacción inmensa. La compra de libros produce fuertes dolores de cabeza; la compra de juguetes y similares, es una especie de relajante que reporta estados de buen humor.

Los uniformes escolares son caros, no lo dudo, pero tanto o más son las deportivas de marca, el chándal de diseño o la ropa de última moda, pero eso se asume como algo necesario y satisfactorio. Los libros son caros, pero no lo parecen tanto los regalos caprichosos que se les obequia a los chavales: tablet, móvil de última generación y otros soportes electrónicos, que se les hace “necesario” tener, porque los tienen los amiguitos o compañeros de pupitre.

Como cada inicio de curso, los pequeños, gimotean o lloriquean, pero los padres también lloran, porque se les pellizca el bolsillo. ¡Y eso duele!.
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