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Atocha 24-E: cuando quisieron asesinar la libertad

jueves 24 de enero de 2019, 08:31h

Es enero un mes frío, literal y metafórico cuando miramos por el retrovisor de la memoria viva y, para tantos, también vivida. Acabamos de recordar el centenario del asesinato por la policía alemana de una mujer con una mente privilegiada, empeñada en impedir la Primera Guerra Mundial porque los proletarios del mundo tenían que estar unidos… Rosa Luxemburg se enfrentó al sistema por la libertad y la paz.

En nuestro país, cincuenta años después, cuando obreros y estudiantes alentaban la lucha antifranquista era asesinado por la policía de la dictadura el joven Enrique Ruano. Repartir pasquines en la calle, le llevó a torturas, un disparo asesino y a ser lanzado desde un séptimo piso al vacío para simular un suicidio…

Ocho años después, el 24 de enero de 1977 se nos congelaba el corazón. Aquella noche maldita en la que el fascismo tiñó de sangre el número 55 de la calle de Atocha, convulsionó a Madrid y aterrorizó a España. Esa España que se movilizaba en las calles, en los barrios, en la Universidad o en los centros de trabajo. Esa España que conquistó la libertad y acabó con un franquismo que sobrevivió a Franco. Todavía era clandestino el PCE y eran clandestinas las Comisiones Obreras, indiscutibles abanderados de una lucha en la que sus militantes se lo jugaban todo. Hasta la vida.

Hoy se cumplen, pues, 42 años de aquella terrible jornada. No sabemos dónde podrían estar en estos días cada uno de los asesinados, pero sí tenemos la certeza de que cuando el franquismo, ya con Franco muerto, los asesinó, luchaban por la libertad y la democracia. Incluso por algo que puede sonar menos edulcorado. Luchaban contra la opresión y la explotacion capitalista.

Una lucha sin dogmatismos, como relatan, con una alegría algo inocente, en unidad, sin mirar la minuta porque todos cobraban igual: desde la señora que limpiaba el despacho a los abogados y abogadas. Trabajaban, trabajaban y trabajaban para la clase obrera, para los barrios nacientes que eran barrizales. Trabajaban y peleaban contra el fascismo, bajo una dictadura de facto que no les iba a otorgar ningún premio, ningún puesto, si acaso… tortura, cárcel y muerte.

Eso era el antifranquismo y eso fue la Transición. Movilización poliédrica, persecución y miedo. Que nadie le ponga las gafas de la distorsión porque la Transición tuvo muertes. Muertes, que por otra parte evitaron un nuevo baño de sangre, porque las armas las tenían los otros… Una fuerza que siguieron mostrando. En pocos días, el 1 de febrero hará 39 años que la policía franquista y sus cómplices civiles secuestraban y asesinaban a Yolanda González.

Pero aquella noche del 24 de enero, la bestia del franquismo asestó cornadas de animal herido y traicionero. Su objetivo inicial era acabar con la vida del sindicalista de CCOO, Joaquín Navarro, que no se encontraba en el despacho. Pero a los fascistas poco les importó y asesinaron a sangre fría a los abogados Enrique Valdelvira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz y Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco; el estudiante de derecho Serafín Holgado; y el administrativo Ángel Rodríguez Leal. Resultaron gravemente heridos Miguel Sarabia Gil, Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, Luis Ramos Pardo y Dolores González Ruiz, casada con Sauquillo, tras su noviazgo con Enrique Ruano.

Sus nombres los repetimos para que no se pierdan en la memoria, para insistir en que practicaban la tolerancia, no como un concepto buenista o de postureo, sino como antídoto contra la radicalización política y religiosa.

Hoy, 24 de enero, es fecha tanto de acompañamiento, como de homenaje, recuerdo y reivindicación. Homenaje y recuerdo extensivo a todos los luchadores, a todas las luchadoras que sacrificaron lo indecible para traer la libertad, para arrancar una Constitución que fue más progresista, en muchos términos que la de 1931 aunque hoy, por la coyuntura del momento en que fue redactada, está pidiendo a gritos una reforma.

Nadie puede negar que el 24 de enero de 1977 supuso un punto de inflexión en la historia de España. Más de cien mil personas se dieron cita en la calle para homenajear, en tensa calma, a los asesinados. El Partido Comunista de España, lo que entonces era “el Partido”, organizó y garantizó desde la ilegalidad, la seguridad de la gran manifestación luctuosa que empujó la caída del franquismo.

Como cada año y -“porque si el eco de su voz se debilita, pereceremos”- volveremos a vernos en la plazuela de Antón Martín el día 24, junto al simbólico “Abrazo” creado por otro gran humilde: Juan Genovés. Después tendrá lugar el tradicional acto conmemorativo en el Auditorio Marcelino Camacho de las Comisiones Obreras de Madrid, en el que la Fundación Abogados de Atocha hará entrega del reconocimiento a personas y entidades que han llevado en su trabajo el espíritu de los de Atocha.

En esta ocasión, el Patronato de la Fundación ha decidido premiar, por unanimidad, al Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) de México, entidad constituida por 49 organizaciones de derechos humanos y de mujeres en 21 estados de la República mexicana. Su objetivo central es monitorear y exigir rendición de cuentas a las instituciones a cargo de prevenir y sancionar la violencia contra las mujeres y el feminicidio.

Igualmente este año, el Patronato de la Fundación ha decidido homenajear y reconocer a los cantautores que lucharon por la libertad en la dictadura franquista y en la Transición española, porque su canto nos dio alas, nos impulsaba en cada movilización, porque, “si se calla el cantor, calla la vida”.

Jaime Cedrún
Secretario general de CCOO de Madrid

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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