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Casado se divorcia de la normalidad

lunes 14 de enero de 2019, 17:04h

La normalidad define no la bondad o maldad de una situación, es lo habitual u ordinario y lo que sirve de norma o regla. Hace 50 años era normal el maltrato a las mujeres porque el hombre consideraba que el amo es el dueño y el que impone las normas. Hace muchos años era normal denigrar y castigar a los integrantes del colectivo LGTB porque el hombre es un macho y todo lo demás, desviaciones a perseguir. Hace también muchos años, cualquier persona con alguna discapacidad y con problemas de movilidad para, por ejemplo, subir y bajar de los autobuses y acceder a sitios no accesibles para ellos, no contemplaba exigir acceder a los sitios como el resto porque era normal no ser tenido en cuenta más que como un ciudadano de segunda y sin los mismos derechos que los demás.

Hace muchos años, cuando la conquista de libertades y derechos era una meta a lograr, todo lo que iba contra la dictadura de Francisco Franco era castigado con la aplicación de la Ley de Vagos y Maleantes, conocida como ‘La Gandula’ en la calle.

En los últimos años, la normalidad ha ido cambiando para adecuarse a las necesidades y demandas de los habitantes del siglo XXI. Ahora es un delito recurrir a ’la pegué porque era mía’ o denigrar, insultar o amenazar a personas con una sexualidad diferente a la ‘normal’. También se persigue a los que no respetan los derechos de las personas con discapacidad de cualquier tipo. Todavía queda mucho tramo por recorrer en favor de los derechos de las personas y los colectivos.

De pronto, se intuye un parón en los avances y una vuelta atrás que puede terminar con la aplicación de La Gandula. La llegada de Pablo Casado a la Presidencia Nacional del PP ha supuesto un giro a la derecha de esta formación, esperado por los discursos y declaraciones realizadas durante la campaña de las primarias populares. Pero lo que no estaba en el guion era pasarse de frenada y salirse de la carretera de la normalidad construida en las últimas décadas. Dirigirse a los votantes de la nueva formación de extrema derecha, después de su entrada con fuerza en el Parlamento andaluz, supone asumir parte del ideario de los que quieren acabar con las leyes contra la violencia de género y con los derechos del colectivo LGTBI y acabar con la ley de memoria histórica para acabar considerando una fase más de la historia de España lo que fue una dura y sangrienta dictadura que redujo la libertad a ir a misa y dar vivas al asesino.

Casado en sus meses de mandamás de la derecha ha lanzado guiños a aquellos que están más a su derecha y son descaradamente populistas y también ha decidido qué equipo de candidatos quiere para Madrid. El actual presidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido, quería ser el aspirante a renovar en el cargo pero la designada ha sido Isabel Díaz Ayuso. Seguro que Casado no ha tenido en cuenta que la primera declaración de Garrido sobre Vox fue rotunda: “No tenemos que intentar parecernos a Vox en nada”. Tampoco que la nueva candidata del PP a la Presidencia de la Comunidad de Madrid ha prestado en los últimos días su voz para dulcificar lo que dice Vox. Todas estas actuaciones dejan claro que Casado se divorcia de la actual normalidad para enrollarse no sabemos con quién.

Esperemos que tras las mujeres, los gays y los inmigrantes, no sean las personas discapacitadas los próximos objetivos del nuevo populismo nacionalista que quiere cambiar la normalidad para regresar al pasado.

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