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2019, Madrid en formación continua

viernes 28 de diciembre de 2018, 12:56h

El año 2019 viene con toda la pinta de convertirse en un año apasionante. Las citas electorales que se avecinan pueden cambiar el panorama político español y europeo. Las alianzas políticas posteriores a las elecciones municipales y autonómicas, tras el panorama político que se ha generado tras las elecciones andaluzas, pueden dar lugar a formas irreconocibles de gobierno, desde antes de la Transición.

Confluencias de intereses que podrían conjugar contradictorios elementos populistas, neoconservadores, ultraliberales y posfranquistas. Situaciones que conseguirían, tal vez, desencadenar unas elecciones generales anticipadas y que, en Europa, permitirían asentar un espacio de cuestionamiento del ejercicio y respeto de los propios derechos humanos.

Son fenómenos que iremos viendo cómo se desencadenan y que seguro que los analistas políticos y avezados tertulianos irán explicándonos de forma detallada y entretenida, con profusión de imágenes y profecías, entre corte publicitario y corte publicitario. Por el momento prefiero centrarme en Madrid y en un tema, aparentemente menor, como el de la Formación Profesional. Muchos considerarán que, con la que está cayendo, no es un gran tema inaugural del año. Y, sin embargo, a mí sí me lo parece.

Uno de los factores que está permitiendo el auge de los populismos es el miedo a los acelerados cambios a los que nos someten la globalización de los mercados y la revolución tecnológica. Cambios que aterrorizan nuestra existencia en un mundo desconocido, que se nos llena de problemas como el cambio climático; la precariedad de nuestros empleos; la incapacidad de formarnos y adaptarnos a esas rápidas transformaciones; la congelación, cuando no disminución de nuestras rentas; la falta de horizontes de futuro aceptables, ilusionantes y creíbles para nuestra juventud; la desaparición del Estado del Bienestar, con sus pensiones, su protección por desempleo, su sanidad púbica, su educación universal.

Tanta inseguridad se amontona ante nosotros. Nos llena de miedo. Nos incita a aferrarnos a soluciones simples, que terminan produciendo aún más miedo e inseguridad, como si nuestra única expectativa consistiera en vivir en el horizonte de sucesos de un agujero negro que amenaza continuamente con tragarnos.

En un escenario así, amueblar las cabezas para ser capaces de interpretar los cambios y afrontar las nuevas situaciones, con voluntad de participar en su gobierno y no sentirse abocados a ser arrastrados por ellas, parece una tarea prioritaria. La ignorancia permite alimentar los miedos y los miedos producen monstruos. Una pescadilla que se muerde la cola.

Acabo de leer que mi sindicato denuncia que 4 de cada 10 estudiantes se quedan sin plaza para estudiar Formación Profesional en la Comunidad de Madrid. Los 137 centros públicos existentes no dan abasto y muchos alumnos y alumnas se ven obligados a encaminarse hacia la oferta privada, que cuenta con 193 centros en nuestra Comunidad. Madrid lleva un retraso considerable en la tarea de situar la Formación Profesional en un nivel de prestigio que la sociedad y las empresas demandan cada día más intensamente.

La revolución tecnológica, el cambio de nuestro modelo especulativo y poco eficiente de producir bienes y servicios, la calidad y cantidad de nuestro empleo, pasan inevitablemente por una apuesta decidida por la Formación Profesional. Hay que romper definitivamente las fronteras entre educación general, formación profesional y educación universitaria, al tiempo que hay que acabar con el concepto de Formación Profesional Inicial y Formación Permanente.

Dicho de otra manera, Universidades, centros públicos y privados, centros de educación de adultos, Institutos, deben jugar en el mismo equipo. Sindicatos, empresarios, gobiernos municipales, autonómicos y el propio gobierno central, tienen que aprender que sólo mediante el acuerdo, la negociación, pegándose al terreno y a las necesidades concretas, incorporando aprendizaje en prácticas, evitando el abuso actual de obtener ayudas para no formar y explotar laboralmente a los aprendices, podemos garantizar calidad del empleo y cohesión de la sociedad.

Estas cosas, no se van a solucionar a base de banderas en las ventanas, ni expulsando inmigrantes, ni aplicando el 155 en cada rincón de España, ni con más o menos corridas de toros. Ni siquiera cambiando el nombre del Régimen político, la resurrección del Caudillo, o la demolición del Valle de los Caídos. Me arriesgo a pronosticar que dará igual quien gane la Liga, la Copa, o la Champions.

Para solucionar estas cosas hay que afrontar de cara el debate, ponerse en el lugar de quienes necesitan empleo y formación, impulsar nuevas experiencias flexibles y adaptadas a cada situación, fomentar el intercambio de las mismas, reconocer y premiar las buenas prácticas. Acostumbrarse a evaluar, para introducir mejoras, no sólo resultados cuantitativos, cantidad de logros conseguidos, sino también el nivel de satisfacción real, la transparencia de los procesos y la implicación y participación de las personas en los mismos.

Ya sé que, entre tanto debate político descalificador, facilón, sectario y crispante, entre tanta política de la mediocridad, la propaganda, el mantra adormecedor y las ideas escasas, no hay mucho margen para el diálogo, para pensar en la gente, para trabajar un poco en la solución de los problemas reales. Pero merece la pena, seguro que merece la pena y hay personas dispuestas a intentarlo.

Francisco Javier López Martín
Patrono de las Fundaciones Abogados de Atocha y de la Sindical Ateneo 1º de Mayo

Javier López

Patrono de las Fundaciones Abogados de Atocha y de la Sindical Ateneo 1º de Mayo

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