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Estampas Madrileñas de Navidad

jueves 14 de diciembre de 2017, 08:35h

De repente, embozados y abrigados, agarrados al prójimo querido, acurrucados sobre lo que pervive de aquel niño que un día fuimos, nos sorprende la Navidad. A ciertas edades, consumidos ya demasiados episodios de la vida, el tiempo pasa muy rápido. La llegada de las fiestas navideñas certifica esta realidad incuestionable. Aunque no terminemos de aceptarlo, aunque nos parezca mentira, ha pasado un año más. !Ya está aquí la Navidad! Siempre se intuyen los festejos que se avecinan, pero en un momento concreto y apacible, atrapados aún en la rutina cotidiana, se repite el ensalmo anual que lo transforma todo.

Caída la tarde, todavía joven, la noche creciente nos enseña el mundo artificial que se ha creado para alegrarnos la existencia. Lucen encendidas las bombillas colgadas de los árboles y brillan en el aire; enganchadas en el horizonte, las pancartas luminosas que cruzan las calles y engalanan las fachadas de los grandes almacenes. En el decorado que nos rodea se mudan los telones de neón y se proyectan en el cielo ennegrecido las luminarias de colores. Los escaparates del barrio se adornan con guirnaldas, espumillón, estrellitas y copitos de algodón. Ha comenzado la fiesta mayor del consumo.

En los mercados municipales se descargan pavos y pulardas, lechones, corderos, besugos, lubinas y mucho marisco variado. Los precios suben y en pocas jornadas alcanzarán las nubes. A pesar de lo carísimo que se pondrá todo, siempre habrá comestibles más humildes y baratos que, bien cocinados y mejor servidos, ilustrarán la cena de Nochebuena en los hogares más modestos. Un año más, fiel a las costumbres aprendidas de mis mayores, el arriba firmante tiene la intención de viajar al corazón madrileño de la Navidad.

Recalaré, nuevamente, en el mercadillo de la Plaza Mayor, cuajado como siempre de casetas, cada vez más cómodas y modernas, repletas de figuritas del Belén, artículos de broma, máscaras tenebrosas, panderetas y trompetillas, matasuegras y colgantes ornamentales. Me acercaré a los vendedores de abetos, placas de corcho y parcelitas de musgo. Atravesaré después el lugar, sumergido en el bullicio de ruidos, gentes y olores, caminando muy despacio hasta la Puerta del Sol. Allí escucharé, encantado, las salmodías de las loteras y los reclamos comerciales de los restaurantes de la zona.

Con algo de guza en el estomago degustaré una gambas a la plancha en El Abuelo y un par de croquetas, acompañadas por un caldito reconfortante, en Lardy. Por último, compraré en Mira un surtido de turrones artesanales. De vuelta a casa, en la esquina, me llegará el tufillo incomparable de las castañas asadas. Espero que todos ustedes pasen unas buenas Navidades. ¡Felices Pascuas!.

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