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¿Y si las miramos?

Por Lidia López García
miércoles 09 de agosto de 2017, 10:17h

26 mEq/l de HCO3-, 128 mEq/l de Cl -, 24,1 mEq/l de K+, 145 mEq/l de Na+, 0,39 g/l de Albumina, agua, mucina, lisozimas, y un poco de lactoferrina, lipocalina, lacritina, y glucosa, rebosan sobre el borde palpebral y caen sobre la mejilla del paciente.

Todos los humanos somos capaces de verlas, aunque pocos hacemos uso del poder que nos otorga la naturaleza de poder mirarlas, comprenderlas y tratarlas. Hablo de las lágrimas.

La anatomía y la fisiología se encargan de contarnos que tenemos un sistema de drenaje lagrimal fabuloso: la gravedad, los músculos, la evaporación, la capilaridad, funcionan al unísono para hacer que no se nos escape ni una lágrima. Sin embargo, cuando son muchas las producidas este drenaje se vuelve insuficiente y acaban rebosando por nuestra mejilla o por nuestra nariz (poniéndonos técnicos gracias al conducto lacrimomuconasal).

Lo que nos han contado desde pequeños es que lubrican, limpian el ojo y les protegen frente a los agentes externos. Sin embargo, no sólo lloramos ante un poco de polvo y tierra, también lloramos por nacer y por ser felices, cuando el dolor psíquico o físico es insoportable, lloramos de risa, o cuando sufrimos, por frío, por hambre, o porque no queremos morir, ¿pero porque lo hacemos?

Cada vez hay más estudios que tratan de descubrir que hay detrás. Una de las explicaciones la propone el biólogo evolutivo Oren Hasson quien dice que las lágrimas son señales de comunicación con la que transmitimos vulnerabilidad. Cuando lloramos, al no ver con claridad, no podemos actuar con precisión frente a un acontecimiento medioambiental, y evolutivamente dice es una estrategia para acercarnos emocionalmente a otros ante una necesidad social o de ayuda, bien dirigido al agresor en señal de apaciguamiento, o a sus iguales como ayuda contra el agresor.

Siendo enfermera, una de las cosas que colecciono porque me enseñan y me ayudan a mejorar, son las lágrimas de los pacientes. Hoy he rescatado unas.

Las encontré debajo de un paño estéril y empapando la cara de un paciente al cual se le estaba realizando una traqueotomía. El dolor físico estaba concienzudamente tratado, pero a veces duele más que se olviden de ti, que nadie se presente ni te diga que te van a hacer y escuchar de fondo a tu enfermera diciendo que qué puñetero asco tener que limpiar los mocos que tienes en la cara, sintiendo como una gasa es pasada de mala gana por tu cara. Cuando ocurre esto, sólo te queda llorar por todos sitios, por los ojos y por la nariz. Si tienes suerte y encuentras a alguien humano que decide mirar tus lágrimas, puedes transmitir lo que Oren Hasson dice: ayuda y piedad.

¿Y si las miramos? ¿Y si nos atrevemos a tratarlas? ¿Y si hacemos uso de nuestra evolución y actuamos como humanos? Cuidaríamos mucho mejor.

Lidia López García,
enfermera.

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