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El año fiscal del coche

jueves 20 de octubre de 2016, 16:38h
2017 va a ser el año fiscal del coche en Madrid. Casi todas las grandes modificaciones de las ordenanzas fiscales van a ir por la vía de los conductores, avanzada ya la progresividad en otros hechos impositivos. El problema es que, lo que a nivel económico y medioambiental cuadra cuentas, a nivel social, no lo hace tanto.

Me explicaré. Por un lado, el concejal de Hacienda, Carlos Sánchez Mato, presentaba la semana pasada las modificaciones de las tasas de vados (a la baja y por nivel de renta) y de vehículos (al alza, en el caso de los vehículos considerados de lujo) para 2017. No es mérito municipal bajar la tasa de vados porque es por imperativo judicial, ya que el exalcalde Ruiz-Gallardón había hecho una tasa de atraco que tuvo numerosos reveses judiciales. Independientemente de la autoría, establecer una diferencia por nivel de renta en este aspecto, aunque sean 20 euros de diferencia por recibo, como dice el concejal, tiene una cuestionable incidencia social. No es que, como dice el edil, los pobres se compren Lamborghini con ese dinero, pero las rebajas fiscales estimulan la economía, lo que implica la compra de nuevos vehículos o un incremento de su uso ¿Eso está bien? Sí, con el pero de que, al hacerlo, se aumentan más la polución y los atascos en los barrios de menor nivel de renta (principalmente, periféricos, que no tienen parquímetros). Los ricos, si quieren comprarse un coche se lo van a comprar igual, por lo que a ellos no les echa atrás que la bonificación, en su caso, sea menor. En el caso de los vehículos de lujo, no hay una relación causa-efecto por la que todos estos vehículos de gama alta correspondan a la gente de mayor nivel de renta, habida cuenta que está demostrado que uno de los gastos en el que los ciudadanos tienden a invertir un poco más que lo que señala su capacidad económica es en su vehículo privado. Llamémoslo la libertad de cada cuál a elegir en qué se gasta su dinero. O sea, que es un impuesto que, pretendiendo gravar a los ricos, lo único que consigue, en el fondo, es igualar por abajo a todo el mundo.

El segundo paso fiscal se ha dado esta semana. Se polariza la tasa del Servicio de Estacionamiento Regulado para potenciar los vehículos ecológicos, bonificando a los limpios y modernos, y castigando los antiguos y contaminantes. Así lo ha anunciado la concejala de Medio Ambiente y Movilidad, Inés Sabanés. La razón es que Madrid debe cumplir con las exigencias de contaminación que establece la Unión Europea. Bien para el medio ambiente pero mal para el reequilibrio social de la ciudad ¿Por qué? Porque los pobres son los que no se pueden comprar los vehículos más modernos y ecológicos, quedándose con los viejos y de segunda mano. Y, al vivir mayoritariamente en la periferia, son los que cogen el coche para venir a la zona SER y tienen necesariamente que lidiar con los parquímetros ¿Los ricos también? No tanto, porque, habitualmente, o tienen aparcamiento propio junto a sus lugares de trabajo, o tienen coches más ecológicos, o se pueden permitir aparcar en un aparcamiento privado, con lo que, ni pierden el tiempo buscando y contaminando tanto, ni van a aportar al sistema. La demostración del perjuicio que tiene para las capas más populares es que, con un parque de vehículos más envejecido (consecuencia lógica de la bajada del nivel de renta que ha tenido la ciudad durante la crisis), aumenta la recaudación por esta modificación tarifaria en seis millones de euros.

A eso hay que añadir otro aspecto fundamental, y es que no se puede articular la parte punitiva de una estrategia medioambiental sin articular sus alternativas. En otras palabras, el Ayuntamiento no puede subir los parquímetros en tres meses cuando tiene solo una promesa de red de aparcamientos disuasorios que, como poco, estarán para dentro de año y medio; y tiene una red de transporte público que requiere numerosas mejoras. Me gustaría ver el informe técnico que demuestra que toda esa gente que va a trabajar en coche y aparca en zona SER lo hace mayoritariamente por comodidad. Que se lo pregunten, por ejemplo, a una madre que tenga que dejar a sus hijos en el colegio e ir echando las muelas a trabajar, por poner un ejemplo. Desde que Ford y Volkswagen popularizaron el automóvil, el coche no es una cosa solo de ricos.

Quizás el planteamiento municipal debería pasar por introducir un criterio social (¿por nivel de renta, ya que la tecnología lo permite?) a estas medidas, y coger el toro por los cuernos y decir a los que tienen el dinero para contaminar lo que les da la gana que no pueden hacerlo. Punto. Pero para eso habría que tomar medidas de movilidad mucho más expeditivas y no solo estrategias disuasorias, como la del cierre del centro. Y ese no es, fundamentalmente, un problema económico. Es un problema de educación y de asumir el desgaste político que supone.
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