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‘Miguel de Molina’ en el Teatro Rialto
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‘Miguel de Molina’ en el Teatro Rialto (Foto: Antonio Castro)

‘Miguel de Molina’: el fantasma de un gran artista

martes 11 de octubre de 2016, 10:16h

Ángel Ruiz es un animal del escenario. Enorme. Desde hace tiempo lleva cosido a su piel al cantante Miguel de Molina y, de vez en cuando, lo pasea por los teatros, ahora en el Rialto. Cada vez que lo hace Miguel resucita, vuelve de su exilio Argentino y triunfa como lo hacía hasta la victoria franquista.

‘Miguel de Molina’ en el Teatro Rialto
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‘Miguel de Molina’ en el Teatro Rialto (Foto: Antonio Castro)

Ruiz viene de hacer, hasta hace una semana, el don Mendo, con el que también ha logrado un gran éxito. Solo un artista como éste puede transitar hacia la figura del coplero que cantó por primera vez ‘Ojos verdes’. Esta vez ‘Miguel de Molina’ es un espectáculo más dramático, con los tintes de la España en blanco y negro –o en gris- que surgió en 1939 y que tardo casi cuarenta años en recobrar el color. El intérprete se ha puesto en manos del director Félix Estaire, que ha sacado las aristas más amargas del personaje. No deja de provocar las carcajadas en muchos momentos porque Molina era excesivo en todo. Pero siempre acaba apareciendo la tremenda amargura que sufrió por verse alejado de su patria, de sus escenarios. La nueva dirección logra un montaje hondo, conmovedor en muchos momentos, emocionante siempre.

Contribuye Juanjo Llorens con una iluminación que es ejemplo perfecto de cómo la luz puede ser un elemento dramático de primera orden. Luces y sombras –más de las segundas- que al terminar las canciones se convierten en una extraordinaria fotografía en blanco y negro. ¡Qué talento hace falta para, con solo un cable y una bombilla, sobrecoger al público en la escena de la muerte del adolescente combatiente! Claro que el actor también tiene lo suyo en este momento…

Ángel Ruiz es inclasificable como artista. No es un actor que canta ni un cantante que actúa. Es un intérprete completo capaz de sacar todos los registros y meterse al público en el bolsillo. Su composición de Miguel de Molina, con un acento entre malagueño y argentino, es brillante. Domina la verborrea y el gesto, el ademán. Traspasa la cuarta pared y lograr repetidamente el aplauso. Además, cantando es extraordinario. Posee una afinación perfecta y entiende, como los artistas de antaño, que cada copla es una obra de teatro completa. Una historia que empieza y acaba en tres minutos. Jocosa o dramática, pero una historia. No tuve oportunidad de ver los espectáculos, despectivamente llamados ‘folclóricos’, de los y las grandes de los años cuarenta. Pero, con toda seguridad, aquellos protagonistas también contaban todo en el corto tiempo de una canción.

En este montaje sobre Miguel de Molina, Ruiz canta varias de las canciones que hizo famosas. Hay tres momentos de quitarse el sombrero. Cuando canta ‘Ojos verdes’ con una emoción e intimismo insuperables; cuando se desmadra en ‘Soltera pa’toa la vida’ y cuando, en inglés, lleva al swing ‘La bien pagá’. No es que en los otros temas desmerezca: es que en estos, como se dice popularmente, se sale. Y en este momento tenemos que citar al pianista César Belda, que es el acompañante impecable en lo musical y en lo escénico. Tanto en las breves ilustraciones que salpican el texto, como en la canciones completas, Belda y Ruiz se complementan a la perfección.

Miguel de Molina solo regresó a España en 1957 para el entierro de su madre. Y reafirmó entonces su postura de quedarse para siempre en Argentina. En este espectáculo protagoniza un retorno fantasmal para enfrentarse a la prensa y contar la verdad, su verdad, de todo lo que le sucedió. De su infancia en Málaga y Sevilla, de sus fugaces encuentros con Lorca, de la tortura que le aplicaron en los altos de la Castellana cuando, terminada la Guerra, actuaba en el Pavón de Embajadores. Pero, al final queda clara la historia, cuando nos invita, si viajamos a Buenos Aires, a visitarlo en su morada.

‘Miguel de Molina’ se representa en el teatro Rialto los sábados a las 20.30h y algunos días festivos. Me permito sugerirles que vayan a verlo. Si tienen noticias del personaje lo verán resucitar; si no conocen la historia de Molina, descubrirán a un personaje fascinante a través de un artista extraordinario.

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