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Pídeme tulipanes

Cuando en una reunión de amigos alguno habla de ahorrar yo no participo. Espero que el asunto se agote pronto y surja otro en el que sí pueda tener chance, pero en ese particular hago mutis por el foro. En la noble práctica de guardar dinero no estoy muy facultado. Nada, a decir verdad. Siempre procuré regirme por la economía más ortodoxa y elemental, no gastar mucho más de lo que gano. Han leído bien, no “mucho más”. Porque la mayoría de los aquí presentes vivimos por encima de nuestras posibilidades, es decir, nuestros gastos superan a nuestros ingresos. Así, no pocas veces nos tiramos a la piscina del gasto irracional cobijados en el “carpe diem”, en el “sólo se vive una vez” o el “me lo merezco”, algunos de los muchos báculos en los que se apoya nuestro ‘Yo’ cuando arrecian las pulsiones consumistas. Y lo más probable es que ni tan siquiera sean excesivas, porque hace tiempo que cambiamos el paso, escarmentados.

Aún está fresco el frenesí financiero derivado de la burbuja de principios de siglo, el mismo que al final de la primera década hizo tambalearse a la economía mundial. Fueron años de vino y rosas en los que si un perro aparecía en un banco con una nómina en la boca le concedían un préstamo. Nos pusimos una venda en los ojos y vivimos la ‘dolce vita’ como si no hubiese mañana. Pero lo había, y tocó pagar la factura.

Santiago Niño Becerra es uno de los economistas que acertó en sus previsiones sobre la última crisis, palabra que el Gobierno de la época evitó pronunciar hasta que no pudo más. Dedicó a la ‘innombrable’ su libro ‘El crash del 2010’, uno de los más vendidos sobre esta temática, en el que se anticipó al estallido de una depresión de “proporciones gigantescas”. Dice que desde los años 50 hemos estado viviendo cada vez mejor, con un crecimiento económico mundial y español en meteórico ascenso desde el año 2000 hasta que una década más tarde saltaron todas las alarmas. Vaticinó que sería “una crisis dura, de alrededor de 10 años, pero se superará, como todo, no será el fin del mundo, nunca lo es, pero las cosas, nuestras cosas, nunca volverán a ser como fueron”. Según el experto son ciclos que obligan a cambios en nuestro estilo de vida. En los últimos 2000 años han habido 18 crisis sistémicas, la última en 1929.

Una de las más estudiadas fue ocasionada por los tulipanes. Está considerada como la primera burbuja especulativa de la historia. En paralelo a la Guerra de los Treinta años (1618-1648) Holanda vivió una época de crecimiento y apertura comercial que la convirtieron en una de las potencias del nuevo orden internacional. En ese periodo de riqueza, las clases dirigentes holandesas encontraron en los tulipanes un nuevo objeto de deseo, convirtiéndose incluso en un símbolo de riqueza. Aunque se trataba de un mercado propio del verano, los comerciantes idearon algo muy similar a lo que hoy en día sería un mercado de futuros, de modo que los productores prometían entregar un bulbo determinado en la época en que floreciese y los compradores adquirían un derecho de entrega.

El innovador mercado de futuros y la entrada de pequeños inversores terminó por disparar los precios del bulbo de tulipán. Pero al tratarse de un producto condicionado al devenir de las condiciones climatológicas, cuando en 1637 las cosechas vinieron mal dadas comenzaron las tensiones. Las ventas de primavera no fueron tan bien como se esperaba. En un momento dado el precio se consideró excesivo y las órdenes de venta se sucedieron. La ostentación que había dado pie a la burbuja y que había generado jugosas ganancias comenzó a derrumbarse como un castillo de naipes en medio de una tormenta. Los acuerdos no se respetaron y un incumplimiento siguió a otro ¿Les suena?

Ya sea por tulipanes o por pisos, el hombre se ha sobrepuesto históricamente a los vaivenes de la economía haciendo alarde de su increíble capacidad de adaptación. Cierto, estamos superando la crisis y hemos bajado nuestras pretensiones personales, pero todo cambio precisa de una fase de adaptación. A falta de ahorros, y cuando se presentan gastos imperativos, la mejor opción es recurrir a créditos sin nóminas ni avales. Cantidades que permiten tomar aire y mantener el tipo en tanto llegan tiempos mejores, que llegan.

El tipo de gasto puede ser diverso y la mayor de las veces legítimo. A diario trabajamos duro por alcanzar nuestros objetivos sacrificándonos para procurar el bienestar de familiares y amigos, que no falte de nada a nuestros seres queridos. Por eso, de vez en cuando es necesario, terapéutico incluso, un ‘homenaje’ que dispare las endorfinas. Podemos recurrir entonces a préstamos sin papeleos de prestamosrapidosweb.com y hacer un ‘break’ en nuestra sacrificada rutina. Préstamos de dinero sin papeles que nos ayuden, de forma excepcional, a satisfacer un pequeño sueño o afrontar una imperiosa carencia. Lo contaba y cantaba el Fary, un grande inolvidable fajado en calles y escenarios: “El dinero, el dinero hay que ganarlo, pero luego, luego hay que saber gastarlo”. Hoy no te pondré un piso, mejor pídeme tulipanes.

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