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Serpientes de verano

lunes 18 de julio de 2016, 07:37h

Hubo un tiempo en que las redacciones de los periódicos y otros medios sufrían también el silencio que impone el verano. Las noticias escaseaban, eran codiciada materia prima, y si hacía falta medio se inventaban si era preciso con tal de llenar espacio, como en las ácidas y aun así divertidas películas de Wilder y Hawks. Ocurría cuando el verano era verano; un inmenso y árido terreno donde edificar sueños. A esas noticias imberbes, intrascendentes, ascendidas sin remedio de su categoría de rumor y chascarrillo se les llamaba serpientes de verano. A ellas por cierto eran muy asiduos políticos y periodistas unidos por su condición de “Rodriguez” en el largo estío. Ahora los veranos han alcanzado ya desde hace tiempo la intrepidez insaciable de una actualidad que no deja respiro y las redacciones se fortifican los fines de semana ante los grandes titulares que nos acechan para espantarnos las madrugadas.

Ahora las serpientes son de verdad.

Así nos comenzó este verano, recién nacido y sobresaltado por la política, como un cuento infantil oscuro. El triunfo del Brexit en Reino Unido y el triunfo acaso de nuevo de nadie finalmente en España, todo en el mismo bordillo del primer fin de semana del estío. El Brexit, quizá más que un mal augurio del que no nos hemos restablecido, por mucho que después hayan puesto todo su empeño en hacer comedia nombrando a una especie de Benny Hill como ministro de Exteriores mientras aquí seguimos jugando a la comedia de enredo. Puertas que se abren y se cierran como en los sainetes antiguos. Una risa si no fuera porque la cosa va muy en serio y el verano amenaza con ser el último en demasiadas cosas como advirtió Tennessee Williams.

Las serpientes de verano son ahora venenosas y ya no admiten ningún encantamiento. Estamos a mediados de mes y ya no damos abasto. El terror ha querido marcar con sangre en el calendario la fecha que era ya era inolvidable de un 14 de julio en la martirizada Francia. Ante las masacres indiscriminadas de hombres, mujeres y niños cuesta mucho entrar más allá del miedo, la piedad y la indignación y esa fraternidad tan necesaria para sostenernos en estos tiempos. Claro que lo más importante ahora es que todos esos heridos se recuperen, su consuelo y el de los suyos y honrar a los que han perdido la vida. Pero no es menos cierto que de estas barbaries siempre hay que aprender algo para defendernos de otras y resulta inquietante que, en base a esa aceptada y por desgracia conocida cruel impunidad con la que actúan estas los terroristas, no estuvieran más alerta en Niza. Justo en el candor de esos fuegos artificiales, en la indefensión puntual del festejo multitudinario, más alertas ante ese demonio sobre ruedas, blanco, visible, como un monstruo gigantesco que acechaba en alguna esquina con el motor rugiendo de odio. Una bestia desbocada que logró traspasar toda vigilancia y que al parecer incluso ensayó en los días previos su ruta criminal por el mismo paseo marítimo y que no actuó en soledad. Igualmente cuesta entender en otra temible madrugada sucesiva, superpuesta sobre el espanto de la primera, que el presidente turco estuviera de viaje, ausente e ignorante del todo, justo en la noche en que tantos y tantos militares, jefes y subordinados; tantos como ahora están detenidos y cesados, igual que otros muchos infiltrados en la administración, tejían un golpe militar. Tantos miles de implicados sin hacer un solo ruido. Una paradoja, quizá un misterio, como lo fue que Erdogan se confiara a las redes sociales que detesta y controla para dirigirse a la población. De momento, cientos de personas han muerto en este intento de derrocar por la fuerza de las armas un sistema democrático que ha de prevalecer sobre la discutida figura de quien lo dirige. Los turcos no quieren vivir empujados por las culatas y Erdogan debe respeto a su pueblo. Ahora no debe aprovecharse de él para sacar rédito alguno. Si no es así, estaríamos ante la paradoja de que Erdogan cayese en un involucionismo por adjudicarse el mérito de haber parado la asonada.

Puede que la serpiente venenosa se revuelva en los días sucesivos. Pero ojala la buena voluntad de los que sentimos esta época como el esplendor de tantas cosas que resaltan la vida la aleje de nosotros. Como el fuego limpio que siempre ahuyentó a las alimañas. Y así las madrugadas alcancen por fin la paz que les corresponde.

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