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Empresa municipal de servicios funerarios

jueves 17 de marzo de 2016, 18:33h

En 1992, el Gobierno municipal de Madrid -ya entonces gobernado por el PP- decidió convertir su empresa funeraria en un ejemplo de las políticas neoliberales que defendían los populares. La mejor manera para ello fue convertir lo que había sido desde su fundación una empresa pública, en otra mixta, vendiendo a un privado el 49 por ciento del capital. De este modo, el Ayuntamento seguía siendo mayoritario y el socio privado se encargaba de la gestión por la que, por cierto, cobraba una cantidad de dinero y una parte de los beneficios antes de impuestos.

El alcalde era José María Álvarez del Manzano, y vio en la operación una estupenda manera de demostrar que las fórmulas del PP eran mejores para gestionar lo público. La empresa funeraria tenía por entonces el monopolio sobre los enterramientos en la capital, lo que le proporcionaba un importante número de servicios fijos cada año y la convertía, en teoría, en un negocio redondo. Pero en la práctica no era así. De hecho, una mezcla de circunstancias -entre ellas, la nula actuación municipal contra las empresas privadas que presionaban para romper el monopolio y hacerse con una parte del negocio- favorecieron que las cuentas de la funeraria fueran lo suficientemente malas como para justificar su privatización parcial.

Lo demás es historia: el Ayuntamiento encontró un socio privado, Funespaña, que se hizo con el 49 por ciento de la empresa pagando por ello 100 pesetas; la decisión municipal fue denunciada ante el Fiscal Anticorrupción y varios cargos políticos resultaron imputados, juzgados y, en algunos casos, condenados por una operación con muchas sombras. La empresa, una vez semiprivatizada, comenzó "milagrosamente" a tener los beneficios que antes -contra toda lógica- no alcanzaba.

Ahora, se cumple el plazo fijado para que aquella operación se consolide o se revierta, y el Ayuntamiento ha decidido recuperar lo que era suyo: ese 49 por ciento de la funeraria, que volverá a ser cien por cien municipal. Hace apenas unos años, aún con el PP en el gobierno local, se estuvo muy cerca de cerrar un acuerdo que habría hecho justo lo contrario: desprenderse del 51 por ciento de la empresa que aún era pública en beneficio de una gran aseguradora que habría pagado por ella decenas de millones de euros, que irían a parar a unas exiguas arcas municipales. Cuál de las dos decisiones, vender o comprar, es mejor para los intereses de los madrileños es algo opinable y a lo que difícilmente se puede dar respuesta. Pero esta humilde cronista tiene una deuda con esta historia, que comenzó a contar cuando apenas tenía 28 años y que ahora ve cerrarse como un círculo perfecto.

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