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Jesús López-Terradas, relojero en la Puerta del Sol
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Jesús López-Terradas, relojero en la Puerta del Sol (Foto: Lucía Villanueva)

El reloj de la Puerta del Sol: 155 años sin haber parado nunca

Dos décadas cuidando del reloj más famoso

Por Lidia Núñez Alañón
miércoles 15 de diciembre de 2021, 13:09h

El emblemático reloj de la Puerta de Sol ocupa un lugar privilegiado durante todo el año. Presidiendo la que probablemente sea la plaza más concurrida de Madrid, resulta ajeno para muchos de sus viandantes. Sin embargo, cuando el final de diciembre se acerca, las miradas vuelven a centrarse en él, esperando que marque como cada Nochevieja la llegada de un nuevo año.

Jesús López-Terradas es uno de los relojeros encargados del mantenimiento de la maquinaria de este reloj, que con orgullo asegura que “en los 155 años que tiene de historia, el reloj nunca se ha parado”. Junto a los hermanos Santiago y Pedro Ortiz Rey, lo revisan cada semana: “Subimos las pesas, lo limpiamos, engrasamos y ya está”, cuenta el relojero como si de una labor sencilla se tratase.

Probablemente lo sea para estos tres profesionales de la Casa Losada, que desde 1997 cuidan el reloj. Fue precisamente José Rodríguez Losada quien, en 1863, quiso crear un reloj mucho más preciso que donó a la Villa de Madrid. El presente fue para Isabel II, que lo inauguró el 19 de noviembre de 1866 con motivo de su cumpleaños.

Sin embargo, la tradición que ha hecho famoso a este reloj en todo el país llegó casi un siglo después. No fue hasta la Nochevieja de 1962 cuando se televisaron por primera vez las campanadas desde la Puerta del Sol.

Cada 31 de diciembre, Jesús se encarga de hacer bajar la esfera dorada que marca el inicio de las 12 campanadas. 28 segundos antes de que el reloj marque las 00:00, retira la palanca de retén que la sujeta. Cuando terminan, la bola sube de nuevo también de manera manual con una manivela. A pesar de que la esfera dorada es muy famosa, se trata de un elemento ajeno al reloj que se colocó en 1890.

La plaza de la Puerta del Sol volverá a acoger a aquellos que quieren empezar el año nuevo frente al reloj, un bullicio que Jesús echó de menos el pasado año: “Fue una castaña el silencio que había, parecía un funeral”. Después de más de dos décadas empezando el año junto al reloj, López-Terradas espera que aún “queden muchas más”.

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