El Zoo de Madrid ya tiene nuevas estrellas. Se trata, como no podía ser de otro modo, de las dos crías de panda que nacieron el pasado 7 de septiembre. Los oseznos -que aún tienen los ojos cerrados- se han convertido este jueves en la principal atracción de los grupos de escolares que visitaban el zoo.
Ellos han tenido el privilegio de ser los primeros en ver -todavía tras un cristal y dentro de la incubadora- cómo duermen o cómo los cuidadores les dan el biberón. La presentación en sociedad de los dos pequeños ha corrido a cargo de dos de sus cuidadores, la conservadora de mamíferos terrestres María Delclaux y el cuidador de la sección de osos panda gigantes Gustavo Fernández. Ellos forman parte de un equipo de 12 personas -reforzado con la llegada de dos veterinarios chinos- que se encarga de su cuidado 24 horas al día.

En apenas un mes, los dos pequeños han pasado de los 150 gramos que pesaron al nacer a alcanzar casi un kilo y medio. Muy poco comparado con los 150 kilos que podrán llegar a pesar cuando sean adultos. Hasta ahora, sus cuidadores sólo han podido certificar el sexo de uno de ellos, aunque están convencidos de que los dos son machos. "Creemos que los dos son machos, pero no estaremos seguros hasta dentro de un mes", explicó ayer María Delclaux.
Los dos coincidieron en calificar el nacimento de las dos crías como "un espectáculo único en Europa". De hecho, es la primera vez que se produce un doble alumbramiento. "Una sola cría ya es un éxito, así que cuando vimos la segunda fue toda una sorpresa", recordó Delclaux.
Ese éxito inusual, sin embargo, complica aún más la tarea de sacar a las crías adelante. "Las hembras de panda gigante sólo se hacen cargo de una cría, así que tenemos que cambiársela cada cuatro o cinco horas para que las alimente a las dos -explicó Delclaux-. No estamos seguros de si la madre se da cuenta del cambio, pero creemos que sí los distingue".
En Madrid "hasta los 3 años"
El único que parece indiferente a este acontecimiento es el padre de las crías. "Él no interviene en la crianza para nada -subrayó Delclaux-. En realidad, se puede decir que pasa bastante de ellos".
Las especiales atenciones que reciben, sin embargo, no garantizan su supervivencia. "Era muy difícil llegar hasta aquí y lo hemos logrado, pero no podremos decir que están fuera de peligro hasta el momento del destete". Eso será dentro de tres o cuatro meses. Mientras, el exhaustivo seguimiento incluye un parte diario al Centro de Cría de Panda Gigante de Chengdu, en China.
Ellos, legalmente, son los propietarios últimos de las crías. En la práctica, esto significa que los dos pequeños -que aún no tienen nombre- sólo estarán en el Zoo de Madrid "hasta que tengan 3 o 4 años". Entonces, el Programa de Cría de Osos Panda del gobierno chino les llevará a otros zoológicos del mundo. "Tener cuatro ejemplares de oso panda gigante en Madrid es todo un lujo", subrayó Gustavo Fernández.

Sobre todo, si tenemos en cuenta que en toda Europa sólo hay ocho ejemplares de una especie que se ha convertido en símbolo de la lucha por la conservación animal. "El Programa cuenta con cerca de 300 animales -prosiguió Fernández-, de los que más de la mitad están en China. Ocho están en Europa y el resto están repartidos en otros zoos".
50 kilos de bambú al día
Uno de los cuidadores llegados desde China, Yuan Bo, también se refirió a este doble nacimiento como "un éxito" y destacó las especiales condiciones que ofrece el Zoo de Madrid a los pequeños. "Madrid es una buena ciudad para criarlos -señaló-. Hay un buen clima, el bambú es bueno y es muy parecido al centro de cría de China".
La alimentación es, precisamente, uno de los aspectos que más dificulta la conservación de esta especie, tanto en cautividad como libres. "Podríamos decir que el panda gigante es uno de los eslabones perdidos de la evolución -explicó Gustavo Fernández-. Es el único animal que, a pesar de estar preparado como un carnívoro, es casi exclusivamente vegetariano".

Y es que la base de su alimentación, el bambú, es otro de los quebraderos de cabeza de sus cuidadores. En primer lugar, por la dificultad para encontrarlo (a Hua Zui Ba y a su familia les llega desde Francia y Portugal). Y, en segundo lugar, por las enormes cantidades de bambú que comen los pandas gigantes. Cada uno de los ejemplares adultos come cerca de 50 kilos de bambú al día, lo que supone que el Zoo de Madrid consume una media de 45 toneladas de este producto cada año. "Si no existiese todo esto -concluyó González-, el panda gigante desaparecería". La llegada de estos dos ejemplares al Zoo de Madrid, sin embargo, supone una nueva batalla ganada al horizonte de su desaparición.