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La primera pregunta que se me ocurre es: si Aladro quería montar una comedia ¿Por qué no busco en el rico catálogo de nuestros clásicos? Pero no, elige un dramón pseudo teológico sobre el libre albedrío y lo convierte en comedia, con tintes de falla levantina. Es verdad que este texto, puesto en escena seriamente, resulta un poco peñazo. Los vaivenes de Paulo, obsesionado por la salvación eterna, agotan un poco y, ya en el siglo XXI, resultan bastante infantiles. Siempre se puede hacer una lectura a fondo, considerando la época en que fue escrita, pero, por la tremenda, creo que resultaría profundamente aburrida.
Distorsionar el espíritu





































