OPINIÓN
histórico
enviar amigo
imprimir
comentar
Compartir
Más frases desafortunadas
27-02-2009

Más frases desafortunadas
Enrique Villalba

Lo he intentado. Les juro que lo he intentado. No quería hacerlo pero no he tenido otra opción. En esta columna de opinión también voy a hablar de la delegada de Medio Ambiente de Madrid, Ana Botella. Había preparado textos sobre la aprobación del Plan de San Francisco el Grande y el centenario de la Gran Vía, pero tendrán que esperar a una ocasión más propicia.

Más allá de las operaciones de ciudad, las conmemoraciones y los vericuetos políticos municipales, considero necesario hacer hincapié en los valores que transmiten los políticos a través de sus palabras, que en su posición suelen precipitar los hechos. Son las palabras de personas que nos representan, les votemos o no, cuyo calado es profundo por su trascendencia. Por eso, deben poner el acento en transmitir valores que simbolicen la sociedad que dirigen, más allá de las ideas políticas. Deben tener cuidado en lo que dicen y cómo lo dicen. No es éste el caso.

Iré al grano. A lo que me refiero es a que Ana Botella volvió a justificar otra ordenanza municipal (esta vez la de gestión de residuos) con una frase desafortunada. Por desgracia, esto ya parece habitual. No iré a lo fácil y recordaré los incidentes dialéctico-frutales de la edil sino que me centraré en el último mes. En el Pleno de enero preguntó si a alguien le gustaría que su hijo fuese hombre anuncio, restándoles la dignidad que ella misma ha manifestado que no tienen. Luego promovió, con el apoyo del vicealcalde, Manuel Cobo, que los ciudadanos se denunciasen entre sí cuando cometiesen una irregularidad como que el perro del vecino se cague en plena calle, un chaval haga un grafiti o un fumador tire una colilla al suelo.

En este último Pleno ha dicho lo siguiente: "Me niego a vivir en una ciudad y en una sociedad en la que tenga que aceptar que hay personas que van a rebuscar en la basura para comer. El Ayuntamiento tiene que velar por las condiciones sanitarias de la ciudad. Desgraciadamente, la destrucción de un millón de puestos de trabajo en un año está produciendo nuevos perfiles sociales en la ciudad", añadiendo que el objetivo del Ejecutivo local es "hacer la convivencia lo más agradable posible porque los madrileños quieren una ciudad limpia". Es decir, ¿que el problema de rebuscar en la basura es sanitario y no social? El público asistente se echaba las manos a la cabeza con la perla dialéctica. En su propio grupo político más de uno ponía cara de póquer con las palabras de la segunda teniente de alcalde y en los pasillos evitaban hacer comentarios sobre el tema.

Como ya comenté en mi anterior columna, no querría que la delegada de Medio Ambiente, y recordemos, ex concejala de Asuntos Sociales, tuviese que realizar tareas menos dignas que las que su cargo le exige. Tampoco deseo que se viese en la necesidad de rebuscar en la basura o ponerse en la cola de una parroquia o un centro de servicios sociales para poder llevarse algo a la boca. Sin embargo, muchas personas sí están teniendo que hacerlo. Cada vez más en estos momentos de crisis. Y si lo hacen no será porque hallen especial placer en ello. Y lo que no quizás no acuden a los servicios de ayuda social por cosas tan simples como que no quieren que les vean sus vecinos, por conservar su estatus, porque lo consideran denigrante, porque no tienen papeles o porque los servicios municipales no tienen recursos suficientes para todos ellos. Y quizás por eso prefieren empeñar hasta las cejas o atacar el cubo del supermercado con nocturnidad y alevosía para poder alimentar a sus familias.

Con la nueva ordenanza, rebuscar entre la basura costará 750 euros. Una multa a la que se arriesgan muchos necesitados por intentar comer cuando no se tiene suficiente para vivir. Una decisión que, aunque no deje limpia la ciudad como la quiere la delegada, a lo mejor es la única a la que son capaces de enfrentarse.

Botella no quiere vivir en una ciudad en la que la gente tenga que buscar en la basura para comer. No sólo eso. Seguro que no quiere una ciudad en la que haya gente que tiene que habitar entre basura, como malviven muchas personas de la Cañada Real. Comprendo que no acepte que eso ocurra en su ciudad. Por eso ella no vive en Madrid.

histórico
enviar amigo
imprimir
comentar
Madridiario no se hace responsable de las opiniones y comentarios
de sus lectores
Comentarios de los lectores
Enviado por: Pepe Viyuela / 02-03-2009 10:51
cállese señora esposa sin formación política alguna de un lider mundial venido a menos
Enviado por: Belén / 27-02-2009 19:22
Seguro que cuando era delegada de Asuntos Sociales se sentía mal porque, en vez de trabajar para que la ciudad esté reluciente, tenía que hacerlo para esa gente tan indigna y desagradecida que, además de ensuciar y revolver en la basura, queda tan fea en las fotos. Esta señora me da vergüenza ajena.
Enviado por: Jordi Gay / 27-02-2009 19:02
Joder, con Botella. Estaría más guapa, es un decir, si estuviera más tiempo calladita. Primero lo gays, luego los hombres-anuncios y ahora los pobres que buscan comida en la basura. Claro. Como en su pueblo no hay cubos de basura en la calle... Que se vaya con el Sr. Aznar ya a dar conferencias en USA y que nos dejen, acá, a los pobres con nuestras basuras diarias.


OPINIÓN
PSM: Gómez tocado
Constantino Mediavilla
PSM: Gómez tocado
Altruismo
Pedro Montoliú
Altruismo
Prevenir el accidente en tiempos de crisis
Javier López
Prevenir el accidente en tiempos de crisis
La “probabilidad” que condena a Alberto Contador
Jesús Sánchez
La “probabilidad” que condena a Alberto Contador
Robos de altos vuelos
Ángel Del Río
Robos de altos vuelos
Críticas larvadas a Aguirre
Nino Olmeda
Críticas larvadas a Aguirre
Sin techo
Sara Medialdea
Sin techo
El voluntariado como fuente de capital social
Álvaro Ballarín
El voluntariado como fuente de capital social
Justicia como noticia
Mara Colás
Justicia como noticia