Las calles de Alcorcón bajo vigilancia. El despliegue de agentes distribuidos por el municipio ha impedido la cacerolada pacífica prevista para este sábado. Los policías disolvieron a un grupo de personas pertenecientes a la Asamblea de Alcorcón por la Convivencia Pacífica y Contra el Racismo que desplegaron varias pancartas en la zona. Después, decenas de jóvenes lanzaron piedras a los agentes que disolvieron al grupo de congregados. Además, la policía pidió la documentación a varios jóvenes y detuvo a cuatro de ellos.
Un grupo de entre 50 y 100 manifestantes, de corta edad, lanzaron piedras y otros objetos contundentes contra los agentes antidisturbios del Cuerpo Nacional de Policía desplegados en el barrio de Torres Bellas de Alcorcón. Los jóvenes se desplazaron hasta el Parque de la Paz después de que los agentes disolvieran una concentración frente al Centro Joven de Alcorcón. Vestían ropas oscuras y ocultaban sus rostros con bragas militares y las capuchas de sus sudaderas y cazadoras, lanzaron piedras y otros objetos a los agentes, que procedieron a disolver a los congregados sin el uso de la fuerza.
Después de varias carreras por las calles aledañas al parque, los grupos de jóvenes se dispersaron sin que la policía tuviera que intervenir. Uno de los concentrados declaró que el objetivo de su protesta es denunciar la "manipulación" que han llevado a cabo los medios de comunicación. Así, el joven, con el rostro cubierto por una capucha y una braga, explicó que Alcorcón no es racista y que los incidentes del pasado fin de semana han sido "exagerado" por los medios que han cubierto la información.
Las calles de Alcorcón permanencían bajo la mira de 300 agentes del Cuerpo Nacional de Policía y de la Policía Municipal de Alcorcón que se distribuyeron por el municipio madrileño para evitar concentraciones e incidentes violentos como los que ya tuvieron lugar el fin de semana pasado. Las bocas de metro, las estaciones de Cercanías o las paradas de autobuses eran vigiladas para evitar que llegasen grupos de jóvenes a manifestarse. En total, más de 15 efectivos policiales y seis furgonetas controlaron la calle Maestro Victoria y las vías aledañas.
Media hora antes de la cita, el Centro Joven de Alcorcón de la calle Maestro Victoria y sus alrededores permanecían tranquilos. Poco después de las 18.00 horas, un grupo de jóvenes acudieron a la zona. Los manifestantes portaban una gran pancarta con el lema 'Alcorcón contra el racismo y por la convivencia', que los efectivos policiales les dejaron desplegar en un primer momento, así como pequeños carteles con frases como 'Racismo no', 'Ni mafias ni nazis', 'Libertad, igualdad y solidaridad' y 'Racismo no, convivencia si'. Sin embargo, los agentes de los cuerpos de seguridad de inmediato se acercaron a ellos y les comunicaron que la Delegación del Gobierno ha prohibido cualquier tipo de manifestación.
Tras unos minutos con la pancarta desplegada, y mientras los reporteros gráficos tomaban imágenes de la protesta, la policía ordenó que la concentración terminase, algo que sucedió sin que se produjeran incidentes. Además, los efectivos del Cuerpo Nacional de Policía procedieron a identificar a dos de los organizadores de la concentración con cacerolada pacífica, convocada para denunciar "el trato mediático abusivo, alarmista y manipulador" que han realizado los medios de comunicación sobre la realidad de Alcorcón, y hacer hincapié en que las "organizaciones ultraderechistas y racistas no tengan hueco ahora ni nunca" en este municipio.
Tras disolver esta concentración, un grupo de jóvenes se desplazó hasta el Parque de la Paz y lanzó piedras a los policías, los cuales disolvieron al colectivo sin el uso de la fuerza.
Comercios cerrados
La mayoría de los comercios y bares de los alrededores de las canchas deportivas de Alcorcón han cerrado a mediodía ante la posibilidad de que, tal y como ocurrió el pasado domingo, se puedan producir altercados. Muchos comerciantes señalaron que es "indignante" que tengan que cerrar bares, tiendas de ropa, zapatos y complementos, o establecimientos de alimentación ante una convocatoria de colectivos que, a su juicio, "sólo pretenden liarla". "El pasado domingo pasé miedo y esta vez prefiero cerrar a pesar de que eso suponga unas importantes pérdidas para mí ya que el fin de semana es cuando más vendo", señaló la dueña de una pastelería, que, añadió que "sólo queremos que este barrio vuelva a la normalidad que siempre hemos tenido".