La programación navideña de este año nos ha deparado una bonita sorpresa: la puesta en marcha y exhibición del teatro de autómatas que fue donado al Ayuntamiento hace once años y que permanecía almacenado en el circo Price. Estos días se ha instalado en una carta dentro del Matadero de Legazpi, junto a otras atracciones para los más pequeños. Pero esta exhibición temporal termina el miércoles 3 de enero. El horario de apertura es de 11.30h a 14.30h y de 16 a 19h. Como se trata de un recinto de dimensiones reducidas, hay que hacer cola para entrar a verlo, siendo gratuito el acceso.
En la antigua barraca de feria, una orquesta cubana, con cantante y cuatro músicos, da la bienvenida a los visitantes. En el interior nos encontramos con un prodigio de la mecánica y del humor: un hermoso retablo de costumbres ante el que vamos desfilando. Aunque, dada la gran cantidad de detalles de estos cuadros en movimiento, haría falta más tiempo para admirarlos.

Nos presentan escenas de la vida cotidiana en casas acomodadas. Señora que va a la peluquería y manicura, el delicioso baño de los niños que hace las delicias de los más pequeños, la tertulia familiar… Por otro lado, vemos un tablao flamenco o el descocado escenario de un cabaret, con sus bailarinas. Cada cuadro tiene un gran número de pequeños movimientos, que sorprenden por su precisión. En total son diez escenas con treinta y cinco figuras articuladas, realizadas a mano. En el armazón del teatro, se muestran distintas imágenes de monumentos españoles, desde la basílica del Pilar a las casas colgantes de Cuenca. Seguramente estamos ante una joya única en el mundo, perfectamente conservada y restaurada.
Este teatro de autómatas fue creación de Antonio Plá en los años cuarenta del pasado siglo. Él y su familia lo pasearon a bordo de su furgoneta por todas las ferias de España. El teatrito fue adquirido por Gonzalo Cañas el año 1992, consciente de poseer un objeto único. Se ocupó de restaurarlo y recuperar elementos perdidos. Cañas, que comenzó como actor, acabó siendo uno de los titiriteros más singulares de nuestro país. Falleció el año 2012, habiendo legado su preciado teatro de autómatas al Ayuntamiento de Madrid. Unos meses antes de su muerte, lo había montado por última vez en el Conde Duque.

Montarlo, ponerlo en marcha y desmontarlo son trabajos complicados. Ahora pueden hacerse gracias a que Pepe Luna y Paz González, estrechos colaboradores de Gonzalo Cañas, han creado un manual con más de 700 páginas describiendo las operaciones. Ellos también se encargan estos días de mostrarlo a los madrileños.
Después de esta temporal vuelta a la actividad, cabe preguntarse dónde podría instalarse definitivamente para que, garantizando su conservación, esté siempre visible y se ponga en marcha regularmente. El teatrito lo merece. En estos tiempos de la electrónica, la informática o la inteligencia artificial, esta joya mecánica es un ejemplo del ingenio de los humanos que no necesitaron de esas herramientas para crear una fantasía que hizo volar la imaginación de varias generaciones de españoles. Ahora, los madrileños la tenemos en nuestras manos.