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Trincones

miércoles 06 de marzo de 2024, 17:25h

Quedaron atrás los tiempos de los pícaros y buscavidas, que eran seres espabilados, tramposos y desvergonzados. Eran personajes de baja condición, astutos, ingeniosos y de mal vivir: protagonistas de un género literario en España en el siglo XVI.

En el Lazarillo de Tormes vemos la vida del pícaro español, personaje que sigue existiendo en el Madrid del siglo XXI. Se mueve por todos los saraos con consumición y bebida gratis (presentaciones de libros o de cualquier tipo), se cuela con mucho arte en todo tipo de actuaciones culturales (teatro, flamenco,...) y van de gorra a todos los lugares, diciendo ser amigos de algún desconocido que nadie conoce para acceder a sitios con papeo y priva por el morro.

Estos son minoría y han perdido el protagonismo por el avance fulgurante, en estos últimos tiempos, de la corrupción política, consistente en un soborno u ofrecimiento a otra persona que ostenta cargos públicos, con el fin de obtener ventajas o beneficios contrarios a la legalidad o que sean de naturaleza defraudatoria. Delinquir es una cosa y si te pillan lo pagas. Es el juego de la vida.

Pero estamos viviendo tiempos en los que todos son inocentes y lo que hicieron lo hicieron sin mala fe, solo querían ayudar. Como esa banda de desalmados que, aprovechando el desconcierto y la angustia de ver como fallecían miles y miles de personas en toda España durante la pandemia de coronavirus, buscaron hacerse ricos. Entonces, cuando los hospitales estaban colapsados (los sanitarios dejándose su vida para salvar la de otras muchas personas, sin respiradores ni equipos de protección para médicos, enfermeros y demás personal), salieron de debajo de la tierra indeseables en forma de persona destacada y respetuosa que ofrecían traer mascarillas y demás material hospitalario desde países lejanos como China.

Solo querían ayudar a salvar vidas y, de paso, según estamos viendo día a día, forrarse gracias a sus contactos con altos cargos de las distintas administraciones. Son sencillamente unos trincones que han hecho del trinque su forma de vida.

Dice la RAE que trincar es apoderarse de alguien o algo con dificultad, pero estos nuevos trincones desvergonzados por enriquecerse en los peores momentos de la COVID parece que no lo tuvieron difícil por sus contactos con gente con cargo y mando en las administraciones que buscaban desesperados materia sanitario para salvar vidas.

Cenando con un buen amigo, hace unos días, mientras comentábamos estos nuevos casos de trinque, me dijo que yo podría haberme hecho de oro si fuera un sinvergüenza y tuviera algún familiar presidiendo una comunidad autónoma o de alcalde en una gran ciudad y/o alguien cercano de ministro o de machaca de alguien del Gobierno central, aunque antes se dedicase a abrir la puerta de entrada en un lupanar. Después de tomar las últimas copas y fumar los últimos pitillos, decidimos ponernos unas mascarillas recién compradas y, al mirarnos al espejo: nos habían engañado. Eran dos antifaces del zorro. Mejor zorro que trincón.

Nino Olmeda

Periodista. Empezó su carrera profesional en El Socialista, colaboró con medios como Diario 16 e Interviú y durante casi una década intervino en tertulias de la Cadena Ser. Fue presidente de Tele K (televisión de Vallekas). Durante más de 30 años se dedicó a la información autonómica en Servimedia, Ha recibido numerosos premios de la Asamblea de Madrid, el Gobierno regional, la ONCE, Canal 33 y premio APM, entre otros. También ha recibido, tras su jubilación que no retirada, un homenaje de los todos los presidentes de la Comunidad de Madrid y de la Asamblea autonómica. En la actualidad, colabora con Madridiario y Zarabanda.

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