Los toldos instalados en la Puerta del Sol han estado en el punto de la polémica este verano. Lo que en principio se concibió como un refugio contra el calor abrasador de Madrid se transformó en toda una controversia con críticas vecinales y reproches de la oposición. Sin embargo, el Ayuntamiento de Madrid ha confirmado su continuidad en próximos años al considerarlos una “solución satisfactoria desde el punto de vista patrimonial, estético y climático”.
Ha sido el propio alcalde, José Luis Martínez-Almeida, quien ha ratificado esta decisión en la rueda de prensa posterior a la Junta de Gobierno municipal. “Los toldos de Sol tienen vocación de continuidad y permanencia. Se quejan de la sombra que dan, pero me gustaría que me explicaran la sombra que daban cuando ellos gobernaban”, ha ironizado, reprochando a la izquierda no haber instalado “ni un geranio” en este espacio durante su etapa de gobierno.
La instalación, sin embargo, no ha estado exenta de polémica. El proyecto costó alrededor de 1,5 millones de euros, repartidos en dos contratos: uno de 475.530 euros para el suministro e instalación de los toldos y otro de 996.171 euros para adaptar los bancos de granito a modo de anclajes. La oposición denunció un gasto desproporcionado y posibles duplicidades en la adjudicación. A ello se sumó la tardanza en su puesta en marcha. Junio, uno de los meses más calurosos de los últimos años, transcurrió sin sombra en la plaza mientras se resolvían los problemas técnicos de los anclajes. Los trabajos concluyeron a finales de ese mes, cuando el termómetro ya superaba con frecuencia los 35 grados.
Su instalación consta de 32 lonas de PVC microperforado en color beige. Unas lonas que no son opacos, lo que ha generado quejas ciudadanas sobre su eficacia. Se desmontarán en octubre y volverán a instalarse en primavera, a partir de mayo, con el objetivo de dar cobertura en los meses más calurosos.
En redes sociales las críticas no han cesado. “1,5 millones de euros se ha gastado el Gobierno de Almeida para unos toldos que, como pueden ver en el vídeo, dan unas pocas sombras en la Puerta del Sol”, lamentaba un usuario en 'X' (antiguo Twitter). Otros comparaban la iniciativa con los mantones que se entrelazan en la Cava Baja durante las fiestas, que dan “una sombra absurda, pero barata y lista en pocos días, no como los toldos de Sol”. Incluso hubo quienes calificaron la plaza de “sartén de asfalto” y la intervención de “atentado estético”.
El Consistorio, en cambio, ha defendido el proyecto recordando que la plantación de árboles es inviable por el complejo subsuelo que alberga túneles de Metro y Cercanías. De ahí que la solución escogida sea desmontable y reversible. Así, pese a la tormenta política y social, los toldos de Sol se mantendrán como una pieza fija del paisaje madrileño durante los veranos venideros. Una solución discutida, pero que el Gobierno municipal considera ya parte de su estrategia contra el calor.