Hace ya unas cuantas décadas que los coches fueron expulsados de la Plaza Mayor, prohibiéndoles atravesarla o aparcar en ella. El tráfico en ese punto, se enterró.
Pero este sábado, unos coches muy particulares reconquistaron el espacio peatonal durante unas horas. Cuarenta vehículos de la marca SEAT celebraron así el 50 aniversario del lanzamiento de la gama 124. Hay un club nacional que agrupa a los poseedores de las series 1430, 124 y Sport de la fábrica española. Todos los coches están en perfecto funcionamiento. Estaba previsto que llegaran cien coches, pero solo se autorizó que entraran los cuarenta que provocaron la curiosidad de los paseantes. Hasta la policía municipal de Madrid sacó de sus depósitos un modelo de esta serie que actuaba como policía de tráfico. Tras permanecer unas horas estacionados en la plaza, marcharon en caravana a cubrir primero la distancia hasta El Pardo y, finalmente, hasta Aranjuez. En el mes de septiembre tienen previstas nuevas concentraciones y salidas en Logroño y Pamplona.
El club está dado de alta por la DGT como entidad relacionada con vehículos Históricos, apto para emitir certificados para vehículos Históricos. La Sociedad Española de Automóviles Turismo (SEAT) fue una empresa pública fundada por el Instituto Nacional de Industria hace setenta y cinco años. En 1986 fue privatizada, cayendo en manos del grupo Volkswagen. En una España que comenzaba a dejar atrás las secuelas de la Guerra Civil, el SEAT se convirtió en un símbolo de prosperidad para la clase media, que comenzaba a poder adquirir algunos bienes caros. El más popular fue el Seiscientos, puesto a la venta el 1957 y que se comercializó hasta 1973. Fabricado con licencia Fiat, fue un coche capaz de enfrentarse a cualquier reto circulatorio o familiar. Pensado para cuatro ocupantes (y bien apretados) transportó a familias numerosas de punta a punta de España. Quienes éramos niños entonces, recordamos la prodigiosa operación de ingeniería que suponía meter a todos los miembros familiares, sus equipajes y, habitualmente, mascotas. Entonces no se vigilaba el cumplimiento de la ocupación.
En los años en que muchos jóvenes comenzaban a huir del campo, trabajar en la SEAT era una gran aspiración laboral. El primer coche que tuve tras sacarme el carnet de conducir fue un Seiscientos de penúltima mano que aguantó todas las perrerías que puede cometer un conductor novato. Ya no se vendían nuevos. Ahí nos metíamos mis padres, mis dos hermanas y yo. Recorrí varias veces los 400 kilómetros que separan Navarra de Madrid. La subida al puerto soriano del Madero era el momento más peliagudo de la ruta. Jamás me dejó tirado. El Seiscientos fue tan popular que hasta Moncho Alpuente le compuso una canción: Adelante hombre de seiscientos..
Cuando lo vendí -mi estatus social ya me permitía un 127…- me dieron más dinero del que yo había pagado. Durante muchos años permanecí fiel, primero a SEAT y después a Volkswagen. Finalizando el siglo pasado, ya las traicioné.
Independientemente del mimo con el que cuidan estos propietarios a sus vehículos históricos, parece claro que los SEAT de las primeras décadas fueron unos coches extraordinarios, capaces de llegar a nuestros días.