Viendo cómo estaban los alrededores de la iglesia de San Cayetano, en Embajadores, podría deducirse que pocos madrileños han salido de la ciudad. De los que nos hemos quedado, varios miles acudieron a la llamada de San Cayetano, que volvió a procesionar por Embajadores, Ribera de Curtidores y Cascorro. Para cuando el santo llegó a esta plaza, los clientes de los feriantes ya se habían adueñado de ella. Las altas temperaturas, bastante habituales en estos días, nos han disuadido a nadie para acudir a la primera de las tres verbenas del barrio. Ya la primera noche, tras el pregón, los vecinos pudieron comprobar la atracción que provoca su antaño familiar verbena. Decenas de barras de bar en las aceras, decenas de urinarios portátiles -que muchos no parecen encontrar…- lateros, también por decenas, y bastante policía municipal. Bajar Embajadores desde Cascorro hasta la calle del Oso, requiere un arduo esfuerzo. Cada año el espacio dedicado a la verbena se expande. Ya baja por la Ribera de Curtidores y en la plaza de Vara del Rey, además de escenario, hay también varias casetas de feriantes.
Los devotos del santo, que comparte parroquia con San Millán, también necesitaron paciencia porque la procesión salió con más de media hora de retraso. Pero se olvidó la espera cuando apareció San Cayetano, con la versión reducida del Himno Nacional como saludo. Después, la banda transitaría del chotis al pasodoble en su acompañamiento. Delante de ellos, las agrupaciones castizas de chotis, majos y manolas.
La tradición más destacada de esta fiesta consiste en hacerse con alguna de las flores que adornan la carroza del santo. Cada año se produce antes el asalto y expolio de los adornos. Este año no le dio tiempo ni a llegar a Cascorro, cuando un joven se encaramó a las andas y comenzó a tirar las flores en todas las direcciones. Los más cercanos al trono, intentan llevarse algunos claveles que, inmediatamente, exhiben como trofeo. No estaría mal que se marcara un punto para esta tradición en el que la carroza y los que la llevan, pudieran estar en terreno plano. La imagen de San Cayetano porta la que se conoce como vara de San José, una hermosa flor, por lo que los fieles se lanzan a por las que lleva la peana. Esperan que su posesión y conservación les proporcione pan y trabajo.
Pasada la fiesta religiosa, el programa profano de la verbena continuará hasta el día 9. El sábado día 10 todo se trasladará a la calle Argumosa y plaza de Lavapiés para la verbena de San Lorenzo, cuya festividad se celebra el mismo día 10 de agosto.