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Riada de gastos y naufragio en impuestos

Por Joaquín Galván Vallina
domingo 03 de diciembre de 2023, 17:48h
Actualizado: 04/12/2023 15:37h

El presidente Pedro Sánchez, en su discurso de investidura, esbozó las líneas económicas que dice tener establecidas para la legislatura que acaba de comenzar. El planteamiento general de estas medidas se corresponde más con un programa de política social con regalías a ciertos sectores de la población -del tipo Evita Perón-, que con un programa de política económica.

El muestrario de medidas presentado, con pequeñas excepciones -como lo referente al tratamiento del IVA-, tiene poco perfil económico y es básicamente social y populista. Esto hace prever una legislatura -como ya ha adelantado abiertamente el presidente del Gobierno- centrada principalmente en la confrontación política-. El objetivo declarado es construir un muro para que no pueda gobernar la derecha (y así eliminar la alternancia política que hemos vivido desde 1978). Es especialmente significativo el tiempo dedicado por Sánchez para atacar ferozmente a la oposición.

Sánchez parte, como nos tiene acostumbrados, de una emergencia climática a la que se supedita todo: “Solo les daré un dato: alcanzar la neutralidad climática en este siglo costará un 2.6% del PIB mundial. No alcanzarla, podría suponer una contracción del 30 por ciento de ese PIB mundial”. Lo que el presidente nos facilita no es un dato fehaciente, es una previsión cuya fuente no identifica: increíble. Aunque da lo mismo, es obligatorio creérselo; máxime cuando ni él ni nosotros vamos a estar a finales de siglo para ver si el acierto del modelo en cuestión es superior al de una escopeta de feria.

Cuenta también todas las bonanzas de la economía durante su gobierno pero, sorprendentemente, hay “hogares a los que les cuesta cada vez más llegar a fin de mes”. Y su solución es “reforzar el Estado del bienestar, ensanchando la red de protección social”. Cosa que encantaría a todo el mundo (si fuera gratis, claro). A continuación, comienza su exposición para darse publicidad, que se concreta en una avalancha de gastos públicos y privados (costeados por los obligados a pagar el festín de Sánchez). Algunas de las medidas más relevantes se exponen a continuación:

Medidas

La bajada del IVA de los alimentos hasta junio de 2024 es la única medida de mitigación de la fiscalidad sobre los contribuyentes. También se aumenta el umbral de la renta media (de 30.000 a 38.000 euros) para acogerse al alivio hipotecario de congelar la cuota mensual durante un año y la ampliación del plazo de amortización hasta los siete años.

Garantizar por ley que el SMI siga aumentando cada año para mantenerse en el 60 por ciento del salario medio y reducir la jornada laboral a las 37,5 horas semanales. Esta propuesta de aumento del salario mínimo -con sus costes sociales incluidos-, sumado a las recientes alzas, conduce a una disminución de la demanda de trabajo por parte de las empresas y a una marginación de los trabajadores jóvenes o menos productivos; el recorte de la jornada laboral sin disminuir el salario, por su parte, reduce la productividad de las empresas y merma su competitividad. Todo esto aumenta las tasas de paro y obstaculiza la creación de empleo (que ya se estaba frenando, incluso con el desempleo encubierto de los fijos discontinuos en paro). Todas estas medidas, evidentemente, recaen sobre las espaldas de las empresas.

A continuación, una batería de actuaciones que tienen como denominador común el aumento del gasto público en sectores variados. Sin ánimo de exhaustividad, encontramos las siguientes:

- Transporte público gratuito para todos los menores y jóvenes, y también para las personas desempleadas, y hacer que “…esta política de transporte público gratuito sea permanente...”

- Ampliar la cartera de servicios públicos para incluir tratamientos bucodentales y oftalmológicos para los jóvenes. Aumentar el número de psicólogos y psiquiatras de los centros públicos.

- Mejorar las condiciones de formación del profesorado de la educación pública, ampliando las ayudas de comedor y la disponibilidad de actividades educativas extraescolares, incrementando la dotación de las becas y reduciendo el precio de las tasas universitarias.

- Dar más ayudas a los creadores, y mantener el Bono Cultural Joven (400 euros, en principio). Seguir revalorizando las pensiones conforme al IPC, y destinar al Fondo de reserva 5.000 millones de euros cada año. Reforzar el Ingreso Mínimo Vital.

- Crear una línea que permita cubrir hasta el 20% de la hipoteca, habilitar las 183.000 viviendas públicas para alquiler asequible que prometieron hace unos meses.

- Incentivos fiscales para quienes pongan viviendas en alquiler.

- Ampliar el permiso por nacimiento a las 20 semanas y universalizar la educación pública desde los dos años.

- También se da una visión general de la orientación de los fondos europeos: dedicar una parte sustancial de los fondos europeos a modernizar el sector agrícola, e impulsar la agricultura ecológica y regenerativa. Por otro lado, dedicar el grueso de los Fondos Europeos a crear nuevas industrias y oportunidades fuera de las grandes capitales.

En este sentido, hay que tener en cuenta que ya en febrero de 2023, la presidenta de la comisión de presupuestos de la Unión Europea, Monika Hohlmeier, tras pasar por España para averiguar cómo se gastaba el dinero procedente de Europa, se despidió con la frase lapidaria de "Es imposible seguir el rastro de los fondos hasta el beneficiario final. No sabemos ni qué región lo ha recibido, ni cómo, ni el destino". No se hace otra cosa que despertar dudas y sospechas. Recordemos que sobrevivimos cogidos con alfileres a los fondos europeos y a la compra de deuda española por parte del Banco Central Europeo.

- “Asumir una parte de la deuda de las CCAA”.

Es decir, que las comunidades autónomas que han sido responsables con el gasto, como la de Madrid, van a tener que asumir también el gasto de las que han derrochado. No se concreta cómo se va a llevar a cabo esta medida, pero todos tenemos en mente esa negociación para comprar los 7 votos que quedaban para la investidura, en la que se introdujo por parte de los independentistas catalanes la exigencia de que el Estado costease 20.000 millones de la deuda de la comunidad autónoma catalana. En cualquier caso, se incurre en ese extraño concepto de la economía llamado “riesgo moral”, que supone que ciertas comunidades se aprovechen de llevar a cabo comportamientos indebidos porque saben que el costo de sus acciones recaerá sobre otras. Que el precio del sillón de Sánchez incluya asimétricamente dinero de todas las demás para la comunidad autónoma de Puigdemont es algo ya casi asumido (como le advirtió a Sánchez la portavoz en el Congreso de Junts, Míriam Nogueras, “Con nosotros, no intente tentar a la suerte”.)

¿Quién paga?

El presidente del Gobierno afirma que va a compaginar los anteriores gastos “al tiempo que seguimos reduciendo el déficit público”. Y, ¿cómo pretende conseguir pagar el aluvión de gasto?: “Mejorando la eficiencia de la administración pública, combatiendo la economía sumergida, ensanchando nuestras bases fiscales, incrementando la progresividad del IRPF, y garantizando un impuesto mínimo efectivo del 15 por ciento en el Impuesto de Sociedades”. ”Hay que acabar de una vez por todas con la evasión fiscal de las grandes fortunas y las grandes multinacionales. Los ricos tienen que pagar más impuestos de los que pagan hasta ahora. Es más, mientras nosotros gobernemos, van a pagar más que el resto. Porque lo justo –lo que mandata nuestra Constitución– es que contribuya más, quien más tiene”.

Hay que puntualizar que lo del tipo mínimo del 15 por ciento en el Impuesto de Sociedades se refiere al resultado contable (no la base imponible). Con base en la falsedad de que las empresas internacionalizadas tributan a tipos muy bajos en el Impuesto de Sociedades -al no contar lo que pagan por el mismo concepto en el extranjero-, se pretende gravar dos veces los beneficios obtenidos en el exterior por parte de las empresas internacionalizadas. Otra tergiversación más; como la de referirse entusiásticamente a la disminución del ratio deuda/PIB, en vez de a la creciente deuda pública acumulada -que supera ya de largo los 1,5 billones de euros-.

Por otro lado, el impuesto sobre la renta siempre ha sido progresivo, con lo que los ricos ya pagan más que el resto. Pero ni hay tantos ricos (que estén disponibles sin marcharse), ni son tan ricos, ni pueden costear la avalancha de gasto ellos solos.

Y esto, entonces, ¿quién lo paga?: el Estado, en general no genera dinero. Tiene el que recauda de los particulares y las empresas -con una mano- y luego lo redistribuye -con la otra- a su gusto, en función de lo que se considera justo y de los deseos electorales de los gobernantes.

Como ya se conoce, aparte de los fondos concedidos graciosamente por la Unión Europea, todo este caudal de gasto lleva a un mayor déficit, que se puede financiar mediante un aumento de los impuestos o un aumento de la deuda (ya que no tenemos posibilidad de emitir euros unilateralmente). Como ya sospechábamos, y como es habitual, toda la riada de gasto que viene, va a recaer principalmente sobre las clases medias y las empresas. Hay que ir preparando otra vez el bolsillo.

En la anterior legislatura, la práctica mayoría de las leyes promulgadas y las medidas tomadas en lo económico fueron de corte comunista. Sánchez, con su ideología de “lo que más me convenga en cada momento”, aparte de gobernar con la guía y leyes comunistas de Podemos, sólo exteriorizó en la solapa ese flotador multicolor que simboliza la agenda 20/30 -que se está concretando en una guía para arruinar países-. Con estos mimbres, el camino al desastre se presenta despejado en una economía que se frena cada vez más.

Definitivamente, nada referente a cómo mejorar la productividad de la economía ni acometer un futuro de crecimiento con reformas eficientes; un gasto público desatado y asignado de forma ineficiente, con mención especial al favoritismo y la falta de equidad entre comunidades autónomas (hay que cumplir los pactos con los que se ha comprado el gobierno); inseguridad jurídica e incertidumbre ante la inminente desaparición de la división de poderes y una asfixiante presión del fisco, que cuenta con la inflación como aliada (máxime cuando ni se deflactan las tablas del IRPF). Pero este panorama en nada preocupa al flamante presidente, porque la mentira sale gratis.

Sánchez afirma que estamos en “una España que hoy es un país más próspero que cuando llegamos al gobierno.” Cualquier ciudadano con un poco de memoria, que vea los movimientos de su cuenta corriente y analice la evolución de sus pautas de consumo, puede valorar cómo vivía cuando el presidente llegó y cómo vive ahora.

Cada cual modifica sus hábitos de consumo en función de su restricción presupuestaria y sus expectativas. El otro día saludé a mi frutero. Devolvió el saludo, aunque me había mirado esquinado; tal vez, porque últimamente no había ido por su tienda, al sustituir sus productos por otros más baratos. Con lo que me gusta la fruta.

Joaquín Galván Vallina

Doctor en CC. Económicas y Empresariales

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