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Próxima parada: Bolivia

lunes 25 de mayo de 2020, 13:45h

Van a hacer diecinueve años, cuando me embarque rumbo a Buenos Aires… con billete sólo de ida. Motivo; “honor y gloria”. Sí, sí, honor y gloria… algo que con veinticinco años eran, en aquel entonces, un estandarte en mi vida. La Embajada de Buenos Aires necesitaba de un relevo y un refuerzo en su personal consular. La situación del país lo requería y las previsiones de siguientes acontecimientos los demandaban. Todo apuntaba que algo estallaría en la Argentina del 2001. De pasaporte; un pasaporte consular expedido de un día a otro, de equipaje; una pequeña maleta -rollo trolley para no pagar extra en Ryanair-, una valija diplomática de color verde y una clara misiva.

Junio del 2001 y el invierno bonaerense me recibían con los brazos abiertos. Me esperaba una ciudad con tintes parisinos, olor a pasta italiana y color a “gallego” entrañable. Una ciudad competitiva en el convivir, pero amable en el mate sin previa cita, una urbe que meses después cantaría su tango más triste, estrofas que hablaban de crisis, de caceroladas, bancos cerrados, interminables colas, de manifestaciones nocturnas y de muertos, sí muertos cuyo último exhalo, en las calles, era el grito de recuperar lo que era suyo, lo que pertenecía a sus padres, a sus madres. Un clamor contra la clase política con ruido metálico que deprimía más y más económicamente a un país.

En Argentina la situación no saltó de un día para otro, era algo pronosticado, algo previsto y donde el día 20 de diciembre del 2001 llegó a su punto de eclosión. Un día antes, yendo a clases de boxeo y sin aún percibir (un tonto europeo) el germen que ya latía en cada vivienda, fui consciente que todo había cambiado. Me di cuenta que no me cruzaba con nadie por la calle, que todos los comercios a las siete de la tarde estaban cerrados y aquel bullicioso tráfico acelerado, de las avenidas, era inexistente. El cierre metálico de malla del gimnasio, me arrastro a una vuelta precipitada a casa con el ruido de las cacerolas desde los balcones.

A partir de ahí caos, caos y más caos. Como colofón una clase política sin estar a la altura, mejor dicho, que empeoraban por segundos la situación, generando más descontrol. Decisiones negligentes, cambiantes, improvisadas, medidas dictatoriales, represivas y aislamientos de éstos politicuchos para que el pueblo no pudiera escracharlos. La única realidad golpeando; cientos, miles de familias sin ingresos. Cientos de familias recogiendo cartones por las calles. Miles de familias esperando en comedores sociales. ¿Os suena todo esto?

Hoy tristemente, mi ciudad, Madrid, me ha retrotraído a ese Buenos Aires, 2001. Fila de una manzana, unas veinte personas, esperando con un metro de distancia a ser atendidos en el interior de una sucursal bancaria. Abuelos con mascarilla, calor, agotamiento, hastío… y quejas sin tapujos. Nos podrán tapar la boca, pero no nos callarán el alma. Los noticieros esta mañana narraban revueltas en las calles. Esta noche, miro a mis hijas y siento pena, cabreo, indignación. ¡Esto es una mierda!

La peor crisis de nuestra historia mas reciente, engalanada con el peor gobierno posible. Sois unos auténticos sinvergüenzas. Unos incapaces. ¡Basta ya!

Muchos de vosotros me diréis que la misma situación e impactos similares, la están viviendo en otros países y … es verdad. La diferencia es que a nosotros nos ha pillado con el paso cambiado, nos ha cogido tras décadas de políticos anti-sistemas, pisando moqueta y las instituciones. Años de populismos cuyo único afán era secuestrar lo sillones de esa casta que tanto decían odiar. Muchos años de sembrar vergüenza en la defensa de nuestros valores nacionales e institucionales. De medidas populistas carentes de rigor o gestión rigurosa. Históricas situaciones de permisividad gubernamental ante nacionalistas e independentistas. Adoctrinamientos escolares con atalayas morales de que sólo mola lo progre, lo comunista, lo rebelde, la “maría” y el buen “rollismo”. Años y años donde nuestros políticos cada vez son más “instagramers” pero menos pensadores, donde la pose ha cautivado en detrimento a las ideas. Donde todo vale y la manipulación y la mentira son su bandera.

Dicen que todo pueblo tiene la clase política que se merece, mi triste reflexión, hoy, dice que es así. Estimados y estimadas lectores/as…, tenemos lo que nos merecemos. No hay más.

Todos los países, con esta pandemia de salud, están sumidos en un triste pozo. Tan sólo que, a diferencia nuestra, en la mayoría de los países europeos, las paredes de su pozo están apuntaladas y los metros de profundidad son escasos por como han reaccionado ante un mismo problema y por cómo vienen años antes gestionando sus países… una simple escalera, apoyada en esas paredes, harán que salgan con menor coste. Nuestro dique es aún más hondo, las décadas y años de cultivo contra el sistema y esta clase política que nos gobierna llena de contradicciones, falta de previsión, improvisación, falta de ayudas económicas reales, desabastecimientos en farmacias, desdichos, restricciones en la libertad de expresión y muchísimas medidas dictatoriales (sin contar con las últimas amenazas por la televisión de todo un Vicepresidente de Gobierno), han ocasionado que hoy nuestro pozo carezca de puntales, las paredes de este hueco no tienen parapeto y la escalera que hemos de apoyar para salir de él, podría caer al carecer de base suficiente. Lo peor, que las paredes puedan terminar derribándose y pueden atraparnos a todos. Ya, ya me dirán si tristemente caemos en un repunte…

El “deja vu” con aquel Buenos Aires vivido o, incluso, con imágenes más reciente -que todos tendréis- del régimen cubano, bolivariano o venezolano, sus “alos” presidentes, sus colas en bancos de alimentos, la tensión en las calles entre detractores y quienes apoyan a Chávez, etc. me han mostrado una triste realidad… no somos europeos amigos, amigas. Nuestra foto, nuestra realidad no se diferencia en nada de dichos países. Cada vez somos más “venezolanos”, cada vez más “bolivarianos”… Nuestra próxima parada es La Paz, capital de Bolivia. Al tiempo…

Francisco Gallardo López

Concejal del Partido Popular de Rivas Vaciamadrid

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