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TAL DÍA COMO HOY EN MADRID

Nochebuena en llamas: el final del Real Alcázar
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(Foto: Chema Barroso)

Nochebuena en llamas: el final del Real Alcázar

miércoles 24 de diciembre de 2025, 07:37h

La madrugada del 24 de diciembre de 1734 dejó una de las estampas más sobrecogedoras de la historia de Madrid. Mientras la ciudad se preparaba para la Misa del Gallo y las campanas repicaban con normalidad, un resplandor anómalo comenzó a brotar desde el Real Alcázar, la residencia real que dominaba el paisaje urbano desde la Edad Media. La confusión inicial retrasó la reacción: muchos madrileños interpretaron el repique urgente como una llamada litúrgica más de la noche navideña.

El fuego, según las crónicas, pudo haber comenzado en los aposentos del pintor de corte Jean Ranc, donde unos mozos habrían descuidado una chimenea durante la celebración de la Nochebuena. Las llamas se propagaron con rapidez por un edificio que acumulaba siglos de ampliaciones, pasillos estrechos y techumbres de madera. La estructura, tan venerada como vulnerable, se convirtió en presa fácil.

La respuesta fue caótica. Por temor al saqueo, las puertas no se abrieron al pueblo, lo que obligó a los soldados y frailes del cercano convento de San Gil a improvisar una operación de rescate desde dentro. En una escena inédita, las obras de arte fueron arrancadas de las paredes y arrojadas por las ventanas para salvarlas del fuego. Gracias a esa acción desesperada sobrevivieron piezas fundamentales, entre ellas Las Meninas. Los cuadros situados en las partes altas no tuvieron la misma suerte: sin escaleras y sin tiempo, ardieron sin remedio.

La temperatura alcanzada fue tan extrema que muchos objetos de plata, piedras preciosas y metales diversos quedaron fundidos y mezclados en el suelo, formando masas compactas difíciles de identificar. Entre las pérdidas irreparables se encontraban también documentos del Archivo de Indias, colecciones americanas, tapices y frescos de maestros italianos.

La familia real no se encontraba en el palacio. Felipe V celebraba la Nochebuena en el Palacio del Pardo, circunstancia que alimentó rumores persistentes. El monarca, que nunca había apreciado el alcázar de los Austrias y ya había trasladado parte de su colección artística al Palacio del Buen Retiro, se convirtió en objeto de sospechas nunca probadas. Lo cierto es que el edificio ardió durante cuatro días, hasta quedar reducido a un armazón incapaz de sostener la memoria de siglos.

Cuatro años después, sobre las ruinas se levantaron los cimientos del Palacio Real, proyectado para ser monumental, resistente y completamente distinto al edificio desaparecido. En 1764, Carlos III lo habitó por primera vez, inaugurando una nueva etapa para la monarquía y para la imagen arquitectónica de Madrid.

Aquella Nochebuena en llamas no solo consumió un palacio: cambió la fisonomía de la ciudad y marcó el final de una era. En el vacío que dejó el Alcázar comenzó a construirse el Madrid que hoy conocemos.

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