Madrid, 12 de octubre de 1912. Ese día, la ciudad inauguró el Hotel Palace, el más grande de Europa en su tiempo. Con 500 habitaciones, mármol, cúpulas de cristal y un recepcionista capaz de hablar 17 idiomas, el Palace se convirtió en símbolo de modernidad y lujo. Por sus pasillos desfilaron artistas, espías, diplomáticos y hasta la guerra. De hospital de sangre a hotel de cinco estrellas, este edificio es mucho más que un alojamiento: es un espejo donde Madrid se ha mirado durante más de un siglo.
El Palace se levantó sobre el solar del antiguo palacio de los duques de Medinaceli, impulsado por el empresario belga Georges Marquet y sugerido por Alfonso XIII. En solo 18 meses y con 15 millones de pesetas, Madrid estrenó un hotel con teléfono, baño privado, calefacción y una cúpula de 1.875 cristales que dejaba pasar la luz como un vitral. Entre sus empleados destacó un recepcionista legendario, apodado “el políglota del Palace”, capaz de atender en diecisiete idiomas y distinguir acentos con precisión. Su fama llegó a tal punto que un embajador japonés lo felicitó por explicarle el menú en perfecto japonés y recomendarle un vino español para acompañar sashimi.
Por el Palace pasaron figuras como Dalí, Buñuel, Lorca, Ava Gardner, Hemingway, Mata Hari, Cary Grant y Rita Hayworth. Fue escenario de tertulias, bailes y conspiraciones, pero también de dolor: durante la Guerra Civil se convirtió en hospital de sangre, con quirófanos en la planta baja y ochocientas camas bajo la cúpula que antes brillaba con champán. En 1981, durante el intento de golpe de Estado, fue refugio de periodistas y políticos. Hoy, tras una restauración minuciosa, luce como The Palace, a Luxury Collection Hotel, recuperando su color original y su esplendor Belle Époque.
Más de un siglo después, el Palace sigue siendo lo que fue: un testigo de lujo, guerra, arte y memoria. Un escenario donde Madrid se reconoce y se reinventa. Porque en esta ciudad, hasta los hoteles tienen alma.
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