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En la memoria de Jota Mayúscula

jueves 17 de septiembre de 2020, 15:45h

“Estamos en el aire, ¿cómo están mis locos?”

La terrible noticia de la muerte de Jesús Bibang González (Jota Mayúscula) nos pilla por sorpresa y nos araña el alma: un hombre joven y lleno de vida se marcha, y al irse nos vemos obligados a mirar hacia esa huella que deja: el espacio cultural que defendió. Un espacio vivo, palpitante, en constante crecimiento y mutación, incómodo, comprometido, pegado al asfalto: la cultura urbana.

La ciudad de Madrid no es ajena a esta corriente que alimenta el patrimonio cultural y que hunde sus raíces en las señas de identidad de un importante sector de la población más joven, quizá el más necesitado de un referente, de un espejo en donde verse reflejado sin intermediarios ni filtros que distorsionen la realidad (a veces demasiado cruda). Esta expresión cultural urbana muestra una cara de la ciudad tan real y legítima como muchas otras a las que otorgamos visibilidad sin hacernos demasiadas preguntas.

Jota Mayúscula era una de las muchas voces de este movimiento cultural, de esta expresión única, desgarrada, que encuentra su vehículo de expresión sobre todo en la música, pero también en la poesía, en el universo plástico de los grafitis o en la danza. La cultura urbana, nos recuerda el rap, acostumbra a ser prolífica, heterodoxa, incorrecta, reveladora, descarada pero, sobre todo, necesaria.

Reflexionemos sobre todos los “Jota Mayúscula” que pueblan nuestros barrios. Aquellas personas que siguen siendo “marginales” para las administraciones y para un buen número de ciudadanos pero que traen su cultura pegada a la piel, que vienen literalmente cargados de cultura, con la que impregnan su entorno inmediato. Sus procesos creativos son menos visibles que otras manifestaciones artísticas, pero son parte del rico tejido de nuestra ciudad y por tanto son necesarios porque fertilizan ese patrimonio común que necesita mezclarse para seguir estando vivo.

La cultura urbana es el refugio y a la vez la expresión artística que vocea desde ese entramado de experiencias sociales incomprendidas. La cultura urbana es el lenguaje que pone nombre a las vidas de muchas personas e incluso reconoce el propio sentido de esas vidas.

Mucho trabajo, mucho empeño y muchas carambolas del azar son necesarias para que esas voces sean escuchadas en un océano donde otras consiguen fácil atención.

Jota Mayúscula consiguió alzar su voz, su arte, hasta lograr que se escuchara más allá de esos escenarios marginados, dándole un lugar, su lugar, afinado y oportuno, a la cultura urbana, a la cultura de calle, en todas sus manifestaciones. Un divulgador que desde la radio pública apostó por lenguajes musicales innovadores, acercándolos a la sociedad, entendiendo la importancia de los medios públicos como escaparate de todas esas expresiones artísticas que, con frecuencia, apenas tienen visibilidad.

En la despedida de Jota Mayúscula el mejor homenaje que se nos ocurre es volver a sumarnos, una vez más, a esa reivindicación de la cultura urbana que desborda los límites convencionales y colorea nuestras calles convirtiéndolas en el lienzo donde todas y todos, con independencia de nuestro origen, nos podemos reconocer.

La cultura es la trama que nos une y nos dibuja como sociedad. La cultura reposa en muchos escenarios, museos y lecturas, pero también vibra y palpita en la plaza de un barrio donde otros “Jota Mayúscula” le ponen música, danza y poesía a lo cotidiano hasta convertirlo en arte.

Pilar Perea

Concejala del grupo Municipal Más Madrid en el Ayuntamiento de Madrid

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