El 23 de julio se celebrarán las elecciones generales en las que se decidirá la composición de próximo Congreso de los Diputados. La Cámara Baja decidirá después, con los resultados en la mano, quién será el próximo presidente del Gobierno de España.
Parece ser que ningún partido alcanzará la mayoría absoluta para dirigir los destinos del país. Por lo tanto, será necesario que se alcance la mayoría a través de los votos de varias formaciones políticas. Visto lo visto después de los acuerdos entre la derecha y la extrema derecha en varias comunidades autónomas y ayuntamientos, tras la celebración de las pasadas elecciones de mayo, parece claro que una de las posibilidades es que el PP pacte con Vox, quien pide entrar en el Gobierno si eso se produce. El tándem Feijóo-Abascal sería una solución. Lo que les une es ‘derogar el sanchismo’.
Aparte de esta muletilla, ya sabemos lo que quiere Vox: derogar leyes como la del aborto, la eutanasia y eliminar el Ministerio de Igualdad. Y acabar con las autonomías para alcanzar la centralización y llegar a la unidad nacional. El PP dice que no apoya algunas barbaridades de la extrema derecha, aunque les da entrada en las instituciones, que son utilizadas como altavoz de unas políticas que recuerdan el túnel del tiempo en el que estuvo España durante la larga dictadura de Francisco Franco, quien se rodeó de personajes curiosos de la extrema derecha mundial.
Estoy leyendo un esclarecedor libro de Pablo del Hierro, Madrid metrópolis (neo) fascista, con datos de vidas secretas, rutas de escape, negocios oscuros y violencia política (1939-1982). Todo sobre la extrema derecha. Yo, que nací durante la dictadura criminal de Franco y sufrí la represión de la policía política, aprendí durante la transición que el camino recorrido por la democracia excluía retrocesos en derechos civiles conseguidos. Prohibir obras de Virginia Wolf, negar la violencia de género o el cambio climático es una manera clara de ir hacia atrás. Yo no soy sanchista y sí de izquierdas desde mi primera juventud. Todavía no he decidido mi voto pero tengo claro que sé lo que no voy a votar.