La violencia de género no existe, según repiten “estos” (negacionistas, populistas y de extrema derecha). Olvidan que más de 1.000 mujeres han sido asesinadas por sus machistas de turno desde 2003, fecha en la que se empezó a contabilizar este dato.
“Estos” quieren borrar esta realidad que amenaza a las mujeres y proteger el machismo de siempre. Hasta la fecha, sólo Vox había hecho publicidad negativa de algo que había sido aprobado por todas las fuerzas democráticas de España, la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Durante estos últimos días, con ocasión de la constitución de ayuntamientos y parlamentos regionales, tras las pasadas elecciones de mayo, varios líderes de la extrema derecha vocearon sus consignas de otros tiempos y exigieron al PP que repita estas necedades si quiere sus votos en localidades y autonomías para gobernar.
Una o uno de “estos” ha aseverado que "la violencia de género no existe” y ha defendido el concepto de "violencia intrafamiliar". Para aclararnos, la violencia intrafamiliar se refiere a cualquier tipo de violencia que ocurre entro del hogar, incluyendo la violencia física, psicológica y sexual. Por otro lado, la violencia de género se refiere a la violencia que se ejerce contra una persona por su género, ya sea hombre o mujer. Cuando un hombre queda con una mujer a la que conoció hace unos días y, pensando que su forma de vestir o su aceptación de la cita es un signo claro de que quiere sexo, agrede su voluntad y deseo y la fuerza a hacer algo sin tener en cuenta que el consentimiento es necesario (ley del «solo sí es sí»), esta violencia, al ser fuera de la familia, ¿qué es? Sencillamente es violencia machista y debe ser castigada.
Vox dice estas cosas y, además, niega el cambio climático y la necesidad de cerrar heridas abiertas todavía con respecto a la memoria histórica localizando las fosas de seres queridos asesinados o desaparecidos durante la dictadura del asesino Francisco Franco para poder recuperar los huesos masacrados con el único fin de enterrarlos dignamente por sus familiares y amigos. No es nada nuevo. Lo sorprendente es que se dé entrada a estas políticas de retroceso y vuelta al pasado de la ignominia.
El PP, si pasa por el aro y da pábulo a estos negacionismos, será cómplice de que la violencia de género se normalice y de que los derechos civiles se entierren en las mismas fosas comunes de la historia. Muchos en el PP no se consideran uno de “estos” (los negacionistas y populistas). Pero sus líderes, unos con más ganas que otros, intentan esconder la cabeza y dicen que sí pero no, aunque no está todo claro.
La más ferviente defensora de acercarse más a Vox donde sea necesario es la mandataria madrileña, Isabel Díaz Ayuso. Como en Extremadura, donde su lideresa, María Guardiola, se negaba en principio a pactar con estos y menos meterlos en su Gobierno. Ayuso coincide con el jefe nacional de Vox, en que “estamos obligados a entendernos y construir una alternativa”. A “estos” tampoco les gusta esta democracia de mierda porque los más seguro es que añoran la democracia orgánica, que fue uno de los nombres que adoptó el régimen franquista, según el cual la representación se ejercía a través de las instituciones sociales que la dictadura franquista consideraba naturales como la familia, el municipio o el sindicato vertical. Para “estos”, la única libertad que tenemos en esta democracia de mierda es la de decidir cuándo y cómo cambiarnos de sexo. Tienen poco seso y creen que negando las realidades, éstas desaparecen.