El día de ayer me dejó en la retina dos imágenes. Una de alegría y otra de tristeza profunda. Hoy, 18 de julio (fecha de celebración para los amantes de la dictadura de Francisco Franco), me desperté indignado por el trato que dan algunos a los diferentes y muy satisfecho de ver en Silvia Intxaurrondo el periodismo inteligente e íntegro que tanto echo de menos. Gracias, Silvia.
Ayer entrevistó al presidente del PP y candidato a la Presidencia del Gobierno de España, Alberto Núñez Feijóo, en la Televisión Española, y con mucho respeto y educación le dejó sentado, ante sus preguntas, sobre la mentira. Feijóo dijo sin cortarse un pelo que el PP en el Gobierno de España siempre había revalorizado las pensiones por encima del IPC. La periodista aclaró al líder de derechas que sus datos no se corresponden con la verdad.
Mi madre, casi centenaria, ratificó que es mentira lo que dijo Feijóo y que, para subida, la de este año. Recordó cuando la subida de su pensión era del 0,25. Como cobra tan poco, eso significaba que lo que recibía de más no daba ni para repartir entre sus biznietos un par de euros para cada uno.
Silvia es una mujer 10 como buena profesional. Representa una ilusión para muchos periodistas que creemos que la profesión está llena de titulares y hay muchos dispuestos a ver las cosas que pasan desde el cristal de la parcialidad partidaria.
Otra mujer 10 es, para mí, sin duda, Elizabeth Duval. Duval defendió con dignidad su ser trans ante los ataques de una diputada de la extrema derecha, María Ruiz, quien la insultó diciendo que la considera una “enferma crónica” por tener que medicarse.
Duval, a la que solo conozco de verla y escucharla en la televisión, siempre me llamó la atención por su cultura e inteligencia. Ahora, que ya sé que es una mujer trans y que se ha unido a Sumar para defender sus derechos, me merece un gran respeto, tanto como cuando desconocía estos datos, que realmente no me importan y sí lo que ella expresa y reivindica.
Estas dos mujeres 10 me alegraron la mañana.
Por el contrario, la actuación de un alto dirigente nacional de Vox, Ignacio Garriga, durante un acto electoral en Badalona, cuando fue increpado por manifestantes que portaban banderas Lgtbi y esteladas, me entristeció. Después de pedir que se fuesen y dar un golpe duro al micrófono, se dirigió hacia ellos con los brazos levantadas y con no buenas intenciones. En mi barrio, Vallekas, cuando era joven al que iba de chulito, faltón y pintamonas se le decía macró. Qué pena que estas actitudes, más cerca del 18 de julio que del 6 de diciembre, sigan presentes en 2023. Gracias, Silvia y Elizabeth, por alegrarme el ánimo y el corazón.