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Diario de una pesadilla 12 de junio

viernes 12 de junio de 2020, 13:05h

Me gusta mucho la gente peleona, la que no se rinde y siempre está dispuesta a ponerse en pie. La vida está llena de pequeñas o grandes batallas que a la vez van forjando nuestra personalidad. Hay alguna herida de guerra siempre y también algunos premios que nos hacen caminar más deprisa. Decía el escritor y poeta británico, Rudyard Kipling, que el éxito y el fracaso son “esos dos grandes impostores”. Paradójicamente a veces se puede morir de éxito y otras, se puede crecer como persona en el fracaso. Lo verdaderamente importante es seguir hacia adelante, no frenarse en esta carrera por la vida. Digo todo esto porque ahora que todos estamos saliendo más y hablamos con las personas de nuestro entorno, nos damos cuenta que el virus nos ha dejado secuelas. Todos hemos perdido y todos estamos ganando en esta batalla. Éxito y fracaso en este Covid-19 que no sabemos cómo gestionar para regresar a nuestras vidas de antes.

Hoy se cumplen noventa y un años del nacimiento de Ana Frank. La niña alemana con ascendencia judía que dejó plasmado en su diario íntimo, el horror de los dos años y medio que pasó escondiéndose con su familia y cuatro personas más, del horror nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Ana, cuando descubrieron su escondite, fue trasladada a diferentes campos de concentración. Finalmente, murió de tifus en Bergen-Belsen, en febrero de 1945. Su padre, único superviviente, dos años después de terminar la guerra, publicó su diario bajo el título:”La Casa de atrás”. Tengo que reconocer que estos días no hago más que ver reportajes de la Segunda Guerra Mundial. No entiendo que alguien pueda llegar hasta ese extremo de odio y crueldad contra otro ser humano. Me resulta chocante y a la vez, me indigna. Ana triunfó, a pesar de perder la vida. Otra vez el éxito y el fracaso que se dan la mano.

Y Madrid que sigue desescalando. Mientras el Ayuntamiento inicia una campaña con el “Vente a Madrid” como lema, ya se está organizando la apertura del Rastro. La corporación municipal y los comerciantes se encuentran en negociaciones para poder abrir en breve. Será cuando lleguemos a la fase 3 y no con todos los puestos abiertos a la vez sino con alternancia y con limitación de aforo. Los empujones, aglomeraciones de cada domingo no se volverán a repetir hasta que el virus se domine. Echo de menos ir por allí y comprarme un “Nicanor tocando el tambor”, mientras descubro alguno de los muchos chollos que se encuentran por allí. El Madrid de gente, bullicio y tascas con aperitivo, tendrán que esperar.

Los que no están esperando son los atracadores. Ayer el exalcalde Álvarez del Manzano tuvo un atraco surrealista. Una joven le pregunta por la iglesia más cercana. Mientras le indica cómo llegar, ésta le coge las manos en actitud de agradecimiento y le roba el reloj. El exalcalde se abalanza sobre ella y no solo lo recupera sino que se queda con la riñonera que llevaba ella. La atracadora sale huyendo y cuando aparece la policía, lo tienen fácil. En la riñonera estaba toda su identificación. Ya se la buscaba por estos delitos fervorosos. ¡Parece de película! Hay que decir que el alcalde tiene mucha suerte. Hace unos años, jugué con él de pareja en el mus. Por cierto, una partida organizada por Constantino Mediavilla, fue todo un “paseo militar”, ganamos. Evidentemente no fue por mí, su maestría en el mus quedó patente. Debería escribir un libro.

Esta historia del frustrado atraco que acaba en un éxito, no deja de esconder un fracaso como sociedad. Todo tiene su cara y su cruz. ¡Buen viernes a todos!

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